martes, 8 de julio de 2014

Prohibida la venta de animales vivos en la capital cubana

Un vendedor exhibe Majá de Santamaría en una calle de La Habana. Foto del autor.

Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.

LA HABANA, 8 de Julio.- El pasado domingo, inspectores del Poder Popular y la Policía nacional realizaron un operativo en los agromercados de la Habana Vieja, para detener a  los vendedores de animales vivos, muchos de los cuales tenían licencia de venta desde hace  una década.

Los comerciantes fueron llevados hasta la Unidad de la Policía de la calle Picota,  donde fueron   multados, confiscándoles la totalidad de su mercancía; es decir, gallos y gallinas, con la expresa prohibición de continuar ejerciendo una actividad por la cual pagaban impuestos al Estado.

Actualmente la actividad quedó limitada a ciertos espacios dentro de los llamados mercados libres agropecuarios -pocos en La Habana-; en tanto, anteriormente funcionaban numerosos establecimientos menores a nivel de barrio, sin mayores problemas, con gran aceptación popular.

Otra cosa es la tragedia de los animales. Unos son de crianza, universalmente aceptados en cuanto a su comercialización, como el Carnero, las aves de corral, el Chivo y las palomas. Otros, son especies silvestres de la fauna nacional, protegidos internacionalmente por tratados de los cuales nuestro país es firmante.

De estos últimos, sobresalen -por su demanda-, el Majá de Santamaría, la boa cubana y la Jicotea, pequeña tortuga de nuestros ríos, ambas especies muy solicitadas en la religión Yoruba (Santería); aunque el Majá es igualmente apreciado por las propiedades medicinales de su grasa (Manteca), en tanto la Jicotea puede ser una mascota para los niños de la casa, al estilo de los pajarillos.

El auge de la comercialización de animales vivos llegó con el levante de la Santería, religión ahora en boga, cuya liturgia exige numerosos sacrificios de las más disímiles especies, tanto silvestre como de crianza. Tampoco es desdeñable el porciento de familias que prefieren un pollo vivo como alimento, ante su similar congelado tal vez hace muchos meses, importado de otro país.

Lo cierto es que, de los unos y de los otros, todos los animales mencionados y muchos más, eran vendidos libremente, tradición popular de larga data en Cuba, pagando los comerciantes los impuestos establecidos. De momento, sin previo aviso, los llevan detenidos a una estación de la Policía, perdiendo en pocas horas el pequeño negocio del cual vivieron durante mucho tiempo.

Traigo a colación la amenaza que hoy pende sobre los cuentapropistas. Los vendedores de ropa y zapatos importados y los dueños de las salas de videos; estos, deberán poner fin a sus negocios al concluir el presente año, luego de realizar notables inversiones, pensando que esta vez las cosas iban en serio de acuerdo a las promesas y los decretos del gobierno.

Luego vendrán otras prohibiciones y otras más, la película se repite. Aquí nada es seguro, el Estado  quita y pone, y el pueblo sufre.

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