martes, 11 de febrero de 2014

Carta de Ramón Alejandro a la Fiscalía Militar

COMBINADO DEL ESTE, LA HABANA.- Yo, Ramón Alejandro Muñoz González, ciudadano cubano, preso político, recluido en la prisión de máxima seguridad Combinado del Este, edificio número 3, segundo piso sur, compañía 3212, destacamento 29. Vecino de calle 118, número 4525, entre 45 y 47, Marianao, La Habana, Cuba, con número de Carnet de Identidad 62081004525.

En plenitud de derecho como ciudadano cubano, hijo legítimo de esta tierra que me vio nacer, expongo a las autoridades de la Fiscalía Militar mi caso para que tenga el conocimiento de esta gran injusticia de la cual yo he sido víctima, y de todas las violaciones a mis derechos que he sufrido.

El hecho de que yo piense diferente no me priva de mis derechos como ciudadano.

Desde el 18 de Marzo del 2012 me encuentro recluido en prisión y no he tenido un juicio legal y justo, como tampoco he tenido respuesta por las quejas que yo denuncio a diario.

El 13 de Marzo del 2013, en la cárcel de máxima seguridad Combinado del Este, en La Habana, Cuba, inicié una huelga de hambre por períodos de hasta 32 días, y fui brutalmente golpeado y torturado por el Primer Teniente Alcides, Jefe del Área Incrementada.

A pesar de haber denunciado este crimen a las máximas autoridades de la prisión no he recibido ninguna respuesta, y el responsable continúa en el mismo puesto y no ha sido sancionado.

Éste oficial me retiró, en temporada de invierno, el modulo de mi uso personal y estuve los 32 días de castigo en el suelo de la celda. A los pocos días el sujeto torturador me retiró el agua por tres días consecutivos y entré en una fuerte crisis de úlcera. Los médicos, cumpliendo órdenes de las máximas autoridades de la prisión me negaron la atención médica y me dejaron claro que sólo sería atendido si abandonaba la huelga de hambre.

Al mantenerme firme en mi decisión no solo no fui atendido, sino que me arrastraron por uno de los pasillos mientras era golpeado brutalmente por el Primer Teniente Alcides; luego me llevaron al hospital de la prisión, ya que mi estado de salud era deplorable.

En la consulta médica me esposaron a la cama por los pies y una mano, todo en presencia de la doctora, que permitió ese trato inhumano y degradante sin proferir un solo reclamo humanitario, como corresponde a su condición profesional.

A los pocos días fui dado de alta del hospital, y en presencia de tres oficiales y más de 60 reclusos mostré los golpes y hematomas que todavía tenía en mi cuerpo, y al día siguiente le hice entrega de una carta de reclamación al Teniente Coronel Aníbal, Segundo Jefe de la Prisión, donde acusaba al torturador antes mencionado de tentativa de asesinato en primer grado, lecciones graves con peligro para la vida y abuso de cargo y encubrimiento. 

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