viernes, 21 de septiembre de 2012

Los horrores que el régimen comunista nos ofrece

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.


Camagüey, 21 de septiembre.- El tema Cuba, sigue siendo un fantasma que revolotea, cada vez con más fuerza, ante las instancias de las Naciones Unidas y sus múltiples mecanismos de control y defensa de los derechos humanos.

Cada año se muestran nuevas pruebas y testimonios; filmaciones en vivo que demuestran la brutalidad policial contra la población en las calles, y muy en especial el acoso y la hostilidad contra miembros de la oposición, la prensa independiente y manifestantes pacíficos.

A lo largo del territorio nacional, el movimiento opositor cubano se mantiene asediado por las fuerzas represivas al servicio del régimen y su mafia política.

Muchos de los líderes -y miembros más dignos y destacados- son constantemente arrestados de forma arbitraria. La consagrada acción cívica de las Damas de Blanco y el Movimiento Femenino por los Derechos Civiles Rosa Park, también enfrentan el odio  represivo y criminal que pone al desnudo el abuso de poder, la falta de escrúpulos, el cinismo y la hipocresía vinculada al crimen, la tortura y el terror de la dictadura y sus fuerzas paramilitares.

Periodistas y blogueros, también son citados a comparecer en los cuarteles y centros de detención, para amenazarlos y amonestarlos rigurosamente, violando las garantías del derecho a la libertad de prensa y expresión.

Todo esto, y más, en el país que se jacta de ser el campeón de los derechos humanos y las libertades civiles a nivel mundial.

Existen antecedentes fidedignos: Basta con escarbar bajo la corrompida trayectoria del régimen totalitario, para encontrar la crueldad y el horror.

En estos difíciles momentos que vive la nación, todas las instituciones y organismos internacionales deberían centrar su atención en el caso Cuba, por ser el único país que después de más de medio siglo bajo el yugo comunista continúa negándose a ser inspeccionada por los observadores de la ONU.

Dentro de tantos horrores, llama la atención la deplorable situación en las superpobladas cárceles de la isla, donde hasta nuestros días impera la corrupción, el crimen despiadado, la tortura y los tratos crueles, inhumanos y degradantes.

El problema está latente desde la llegada del comunismo al poder, en  el año 1959, época en la que se instauró la tortura y el abuso por parte de las autoridades militares y policiales, como parte de la política de Estado.

Sobradas pruebas existen; múltiples fueron los llamados del tirano en sus intervenciones, exigiendo “mano dura con el delincuente”.
Las cárceles, se convirtieron en antros donde priman la violencia incontenible, la destrucción y la muerte.

Cruel y despiadada resulta la enorme cadena de lesionados, en el interior de los centros penitenciarios, durante 53 años; por citar ejemplos contundentes y actuales, en lo que va de año, en la prisión provincial kilo 7 -una cárcel de máxima seguridad, ubicada en el centro oriental de la isla- 70 reclusos resultaron lesionados de gravedad, con riesgo inminente de perder la vida; todo ello sin contabilizar los cientos que enfrentan maltrato físico menos graves, y los que son maltratados en las celdas de castigo y mazmorras de seguridad.

Torturar enfermos, discapacitados y reclusos con trastornos mentales, constituye el más sádico disfrute de las autoridades; Referente a este tipo de crimen despiadado, podemos citar las torturas al recluso Ezequiel Viamonte Figueredo, quien sufre paraplejia generalizada, al cual esposan y amarran a la cama para, supuestamente, evitarle auto-lesiones.

En idéntica situación, y con mayor sistematicidad, le aplican este trato cruel al recluso -con trastornos mentales- Abelardo González Samper, quien ha sido sometido al tronco, esposado de pies y manos por espacio de hasta 48 horas, privándolo de alimentos y agua para beber -exactamente como sometían a los esclavos antes de la abolición.

Justificar lo injustificable; encubrir estos delitos y violar el mandato constitucional, que establece el respeto a la dignidad de todas las personas, tiene sus fieles personeros en las filas de los seguidores del régimen.

A la fiscalía, le importa un bledo como viven y son tratados los presos; mucho menos le interesa  los órganos de control interno del ministerio del interior.

De acuerdo con el criterio del oficial de la seguridad del estado, Mayor Samuel Salgado, especialista del Departamento de Enfrentamiento, en la provincia, hay presos que escupen a los guardias o les tiran excremento -indisciplinas estas, tipificadas como muy graves que requieren ser castigadas con sangre, y en muchos casos, hasta con la muerte.

En su opinión, como representante de la policía política, este oficial define -sin lugar a dudas- que los maltratos físicos, las torturas y cualquier otro abuso son política del Estado.

Reconoce, en su cínico criterio, la autoridad y la impunidad de la policía y los militares para golpear y asesinar a seres humanos, dentro y fuera de las cárceles.

Golpear y torturar a un discapacitado, a un ciego, a un enajenado mental o a un anciano es obra de criminales sin ningún tipo de escrúpulos; son actos genocidas, vandálicos; mecanismos de represión y terror que constituyen un bandidaje autorizado; y es que la práctica de la tortura no desapareció con el triunfo revolucionario. Su empleo por parte de las fuerzas militares está vigente, y cada día cobra nuevas víctimas en los centros de detención e instituciones carcelarias.

La brutalidad policial, como se ha podido ver en la represión a los manifestantes pacíficos y las muertes en prisión constituyen, también, una constante.

Los horrores, que nos ofrece el régimen comunista entronizado en el poder, resultan contradictorios; actos como estos, son la viva muestra del falso compromiso con los derechos humanos y el derecho internacional, en un país donde no existe más ley que la voluntad de sus gobernantes y sus incondicionales secuaces: Los militares, personeros y sicarios.

Los ejemplos, harían interminable la lista. Cuba pretende continuar vendiéndole al mundo su modelo social totalitario; cuestiona al capitalismo, y arremete contra su enemigo histórico, los Estados Unidos; se fija en la paja en el ojo ajeno, sin reparar en el tronco clavado en el suyo propio.

Con el tema de los derechos humanos, el régimen cubano se comporta como en la fábula del juez y el verdugo, cada vez que trata de acusar a casi todo el planeta, cuando su criminal expediente lo convierte en el principal acusado.

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