martes, 7 de junio de 2011

Entrevista a José Alberto Álvarez Bravo

Primera Velada Ciudadana, 9 de mayo de 2011, G y 9, Vedado. Foto: Cortesía de José Alberto Álvarez Bravo.


Roberto de Jesús Guerra Pérez: ¿José Alberto cómo y cuándo fueron tus inicios en la disidencia?



En 1990, un amigo común ya fallecido –Amable Álvarez Hernández- me presentó a María Elena Cruz Varela, con quien establecí una relación humana basada en mi admiración por su trabajo al frente del Grupo Opositor Liberal Criterio Alternativo, grupo del que no me sentí ser parte como consecuencia de ciertas tendencias totalitarias por parte de otros miembros de su dirección. Me limité a tratar de formar lo que denominé, medio en serio y medio en broma, el CAME, que significaba Comité de Apoyo a María Elena, cuya razón de ser era la recogida de ayuda material para que no careciera de lo más elemental para su vida.

RJGP: ¿Cuál fue el desenlace de esta relación?

El 21 de noviembre de 1991 fue el primero de tres días de virulentos actos de repudio contra María Elena y Criterio Alternativo. Cierto alejamiento previo de mi parte, como consecuencia de algunas actividades del grupo que para mí carecían de sentido, y hasta de seriedad, más las manipulaciones habituales de la inteligencia castrista en cuanto a diferenciar el trato a personas de condición semejante, pueden haber sido algunas de las razones para que el régimen decidiera no incluirme entre los arrestados en esa ocasión. Así cargué con una elevada dosis de suspicacia sobre la autenticidad de mis sentimientos anticastristas, situación que no ha gravitado sobre mí por el aquello de que quien no la debe, no la teme. Salvo Pascual Cruz Varela y yo, el resto de los miembros del grupo fue encarcelado, y sabes que esto supone ciertas conclusiones simplistas.

RJGP: ¿Qué sucedió después?

Durante años, convencido de no haber nacido para opositor, me dediqué a seguir criando a mis hijos con mi trabajo, en labores que pocos se interesaban en realizar, como Servicios Comunales, o en panaderías, cuyas adversas condiciones hacen que sea una labor poco atractiva. Al ser expulsado de los centros de trabajo por mi negativa a abonar el día de haber para las Milicias de Tropas Territoriales, el CDR, más la sección sindical que solo defiende los intereses del patrón, tuve que librar el sustento en trabajos ocasionales, situación que perduró hasta el 2007.

RJGP: ¿Cómo se produce el reintegro al mundo contestatario?

El primer paso tiene que ver con la persecución policial a un joven que crié, desde uno hasta once años, y que terminó en un juicio amañado y una vergonzosa condena a cinco años de privación de libertad, a pesar de su palmaria inocencia. Luchando contra esta injusticia, terminé luchando contra la dictadura castrista, fuente de los incontables atropellos que se cometen en Cuba, a lo largo y ancho de la isla.

RJGP: ¿Y no podría suceder que te apartaras de nuevo de este camino?

No creo, porque en esto he encontrado mi felicidad.

RJGP: ¿Cómo se explica que secuestros, persecución, exclusiones y peligros ciertos para la propia vida, puedan ser fuentes de felicidad?

La explicación la da el propio Fidel, en un párrafo que escribió cuando era un joven que desafiaba al poder establecido, lejos aún de convertirse en el tirano más cruel y despiadado que ha conocido la historia de Cuba: “no sé cuál será el placer vesánico de los opresores, en el látigo que como caínes dejan caer sobre la espalda humana, pero si sé que hay una felicidad infinita en combatirlos, en levantar la mano firme y decir: “¡No quiero ser esclavo!”. Cito de memoria, si no es así, es algo parecido.

RJGP: ¿Cómo fue el reinicio en estas lides contestatarias?

Más bien el verdadero inicio, pues lo de aquella vez fue como un ensayo, una tentativa que no fraguó. Como todo el mundo, recurrí ingenuamente a las instancias oficiales –Consejo de Estado, Ministerio del Interior, Fiscalía General, Asamblea Nacional del Poder Popular- hasta que la realidad me demostró que éstas son la causa de los problemas del pueblo cubano, no su solución. Me acerqué al Movimiento de Integración Racial Juan Gualberto Gómez, y luego traté –en vano- de contactar a Martha Beatriz Roque, en busca de ayuda. Mi vecino Manuel Cuesta Morúa me conectó con Wilfredo Vallín, y Vladimiro Roca con Juan González Febles, pero mi hijastro no pudo evadir el cumplimiento de su criminal sanción. Leonel Pérez Belette me inició en el acceso a los Centros de Recursos Informativos de la SINA, y así comencé a denunciar este y otros abusos de poder de la dictadura castrista.

RJGP: ¿Te dedicas solo al periodismo independiente?

Durante un tiempo sí, pero después comencé a simultanearlo con actividades diversas, como recogida de firmas, redacción de notas de apoyo a personalidades amigas o miembros de la causa anticastrista, notas de condena a los desmanes del régimen, y lo que fuera necesario o útil, como la Academia Nueva Esperanza.

RJGP: ¿Qué pasó con la Academia?

Cuando la fundamos mi amigo y hermano de lucha Eriberto Liranza y un servidor, el régimen simuló no darle importancia, pero en la medida que el proyecto ganaba en seriedad y crecía en número de participantes, la policía política se quitó la máscara de aparente indiferencia y comenzó a reprimirnos. El 26 de noviembre de 2010, Fernando Tamayo Gómez ordenó secuestrarme, y personalmente me sometió a un interrogatorio por casi tres horas, comunicándome la determinación de impedirnos la continuación de nuestra pacifica labor docente. Como hicimos caso omiso, el 1 de diciembre desplegaron un moderado operativo en los alrededores de mi domicilio. En respuesta a este atropello, inicié una huelga de hambre para exigir el cese del asedio a mi domicilio, protesta que se prolongó por espacio de dieciséis días, al cabo de los cuales desistí no solo por la petición de amigos del exilio, sino por el arribo al número cien en la lista de visitantes, hecho que le habría permitido al régimen castrista alegar que el asedio era un invento para justificar mi postura, encaminada a llamar la atención sobre mi persona, algo totalmente falso. Quisimos continuar este empeño, pero era muy vulnerable, pues con impedir el acceso de los profesores ya condenaban su funcionamiento, por lo que busqué otras vías para encausar mi voluntad de luchar pacíficamente por la libertad de mi pueblo.

RJGP: ¿Cuáles han sido esas vías?

Utilizar a favor de la causa la circunstancia de vivir en una posición estratégica, en J entre Calzada y 9, Vedado. En la vivienda de mi esposa, Lilia Castañer, nos reunimos personas de la sociedad civil para ver videos, recepcionar denuncias y debatir temas de interés común.

RJGP: ¿Qué temas de interés común?

La urgente necesidad de alcanzar la Unidad Posible, por ejemplo, es un tema recurrente en nuestras tertulias domésticas, tema que llevamos también a las Veladas Ciudadanas.

RJGP: ¿Y qué son las Veladas Ciudadanas?

Por llamarle de alguna manera, decidimos usar esta expresión para denominar los encuentros que iniciamos en la intersección de las calles G y 9, en El Vedado, de ocho a diez de la noche. Estos encuentros no eran actividades opositoras, pues no éramos un grupo de ciudadanos en función de opositores, sino un grupo de opositores en función de ciudadanos. Quisimos cambiar la dinámica de los encuentros entre opositores, que siempre terminan en gritos contra la dictadura, y la respuesta inmediata del aparato represivo. Nos limitamos a comportarnos de la manera en que lo hará el pueblo cuando termine esta larga pesadilla, iniciada el 10 de marzo de 1952, y agravada por la conversión de Cuba en la Gran Birán bajo la diabólica opresión de los hermanos Castro.

RJGP: ¿Qué sucedió con estas Veladas?

El régimen reaccionó como si se tratara de un comando especial de infiltración armada. El primer día nos reunimos once personas, y consideramos que la actividad cubrió holgadamente las expectativas. El martes 10 de mayo nos reunimos solo cinco personas, y al terminar fui secuestrado, junto a Aramís Sáez, por un grupo de segurosos, encabezado por el afamado Tamayo, individuo que parece dedicar a su labor represiva casi todas las horas de su vida.

Doce miembros de la sociedad civil nos reuniríamos el día 11, pero varias decenas de segurosos, apoyados por patrullas de la Policía Nacional Revolucionaria, me arrestaron junto a otros ocho hermanos.

RJGP: ¿Decidiste dar por terminada esta actividad?

De ninguna manera. La represión parece haber ahuyentado a los menos decididos, pero mantendremos con firmeza nuestro derecho al usufructo de los espacios públicos. Estamos dispuestos a pagar el precio que sea necesario por la defensa de este derecho.

RJGP: ¿Qué importancia le atribuyes, cuando hablas de pagar el precio que sea necesario?

Evito circunscribirme a mi opinión personal para desarrollar alguna iniciativa. Sobre esta idea conversé con mi amigo Reinaldo Escobar, con Cuesta Morúa y con casi todos los disidentes que visitan mi casa, y reaccionaron muy positivamente. Cuando leí el texto de Laura García Freyre (El poder de la plaza pública, Diario De Cuba, 24-05-2011) sentí que otras personas también creen en la importancia de lo que tratamos de hacer en esta Habana, plagada de represores y delatores dispuestos a aplastar todo lo que le huela a peligro a la dictadura castrista.

RJGP: ¿Has recibido apoyo en esta actividad?

A pesar de que las Veladas Ciudadanas, (leí en alguna parte que alguien –creo que mi amiga Angélica Mora- le llama “la sentada”), le causan al régimen quizás más pavor que la propia Academia Nueva Esperanza, el exilio no se ha hecho eco, al menos que yo sepa, de estas reprimidas actividades. Supongo que se deba a que no hago nada para buscar el aplauso de los funcionarios de la SINA, el reconocimiento de los diplomáticos europeos, ni el apoyo mediático y financiero de mis hermanos del exilio. Mi único afán es contribuir, en silencio y sin alardes, a lograr el cambio en mi país de una dictadura totalitaria hacia un Estado de Derecho moderno y funcional.

RJGP: ¿Hasta cuándo lucharás por este objetivo?

Hasta alcanzar el triunfo, o hasta que los verdugos del pueblo cubano me priven del aliento vital.

RJGP: Gracias por tu contribución.

Gracias a ti por darme esta oportunidad, y me despido con un clamor: “Gloria eterna a todos los mártires de la resistencia anticastrista”.

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