viernes, 4 de marzo de 2016

Sufrimientos de la tercera edad en Cuba

Los ancianos quedan cada vez más desvalidos en un país que envejece. Foto/ HP

Por Dr. Eduardo Enrique Herrera Darán/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- El envejecimiento poblacional es un tema de análisis y preocupación para cualquier gobierno interesado en el bienestar de sus ciudadanos. En Cuba,  aunque abordado  oficialmente por las autoridades, ¿acaso se toman las medidas necesarias para dar una vida digna al creciente número de miembros de la denominada Tercera Edad?
A menudo vemos en  la vía pública muchas personas mayores en estado de indefensión. Y también que esa situación no le interese a buena parte de la población que circula por su lado. Además, el abarrote de los transportes públicos, de muchos centros hospitalarios y otros  disímiles sitios no están concebidos para hacerles la vida más placentera.
Uno de estos ejemplos que se pueden observar a diario lo da el trasporte urbano. Al dirigirme al trabajo cada mañana, tomando el autobús observo cómo lo aborda una buena cantidad de adultos mayores. Generalmente van a trabajar o a citas hospitalarias. Y al intentar treparse a los demorados y abarrotados ómnibus del transporte público, se encuentran en desventaja frente a los más jóvenes. A veces son hasta atropellados por ellos.
Una edad avanzada produce cambios en el organismo. Se pierden  reflejos, capacidad óptica, la audición, y también aparecen los problemas motores. El transporte con el cual la mayoría cuenta para trasladarse a sus asuntos y necesidades es con los ómnibus del servicio público. Pero el apiñamiento de personas que generalmente los caracteriza, a veces no permiten a nuestros añejos hermanos no sólo no montarse malamente en ellos, sino a veces ni tan siquiera solicitar una parada a tiempo.
Como caso de ejemplo, expongo el siguiente: una señora de más de 70 años viajaba en el mismo ómnibus que yo, un autobús de tres puertas de los  que transitan por la capital. La señora gritaba con desgarro de voz, luego que se pasara de su parada, pidiendo al chofer que la dejara bajar. Mas aunque las personas  la apoyaban en su suplica, el conductor del vehículo no escuchaba. Así tuvo que seguir la pobre señora, hasta la próxima parada. Quedó muy lejos de su destino, a pesar de presentar un problema motor que le impedía caminar largas distancias.
Eventos como el narrado lo sufren a diario muchos ancianos en nuestro país. ¿Y que menos se podría pedir que hubiera establecido algún método para que los más afectados puedan anunciar su parada a tiempo, y con seguridad ser bajados en ella? Mas la realidad es que no tienen una protección significativa, ni trato especial que les facilite su vida.
Pero además hay otras cargas que sufren, como no subvencionarlos en los pagos de muchos servicios. Con las escasas pensiones que reciben, todos les resultan caros en extremo. Uno de los más onerosos es el de las medicinas. A pesar de que la salud pública es “gratuita”, los  ancianos tienen que pagar medicamentos cuyo costo no se corresponde con lo que reciben de pensiones.

Las condiciones de vida de estas personas, a las cuales muchos debiéramos estar agradecidos, el día tras día se hace más difícil en un país donde cada vez nacen menos y los más jóvenes emigran. 

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