lunes, 7 de marzo de 2016

Información oficial sobre baja natalidad en La Habana (I Parte)

Granma no informó sobre natalidad y envejecimiento en el resto del País.

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- El periódico Granma, órgano oficial del Comité Central Partido Comunista de Cuba, en su número del viernes 26 de febrero, publicó cifras oficiales que confirman lo divulgado por diversos medios no gubernamentales, y luego por estatales, sobre el problema demográfico de la baja natalidad en Cuba.
En artículo titulado: “La Habana con la natalidad más baja del País”, cita una investigación del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana.
Según el Granma, basado en informes de la subdirectora del Cedem, la Dra. Grisell Rodríguez: “…evaluaron la composición y dinámica de la población habanera, a partir de la caracterización de la mortalidad infantil, la fecundidad, las migraciones, los recursos laborales y el proceso de envejecimiento (…) La provincia de La Habana presenta la tasa de fecundidad más baja del país con un número medio de hijos por mujer de 1.39 en 2014 y de 0.67 en el caso especifico de los hombres, es decir, que cada madre no llega a tener una hija como reemplazo…”
Otros datos que ofrece son: La mayoría de las mujeres de La Habana tienen a sus hijos entre los 20 y los 29 años.
“…alrededor del 60% de los nacimientos son de madres en unión, y el 7% de solteras”.
“Con relación al embarazo en la adolescencia, el trabajo demostró que predominan los no planificados ni deseados y que en buena medida estos obedecen al uso irregular e inadecuado de los métodos anticonceptivos”.
Comentario:
No aclara el término “madres en unión”: Si se refiere a uniones consensuales, a matrimonios o engloba a ambas formas de pareja; pues predomina la baja nupcialidad*: no casarse.
Si  computaron ambos tipos de uniones, parece muy bajo el número de madres solteras; legalmente, también son solteras quienes conciben en concubinato.
Las cifras pueden ser inexactas si dependen de la declaración de encuestados; pues muchas madres que concibieron fuera de uniones podrían declarar falsamente lo opuesto, por el estigma que aún conserva la condición de madre soltera.
E igualmente, la baja tasa de nacimientos por hombres: 0.67; menor que la tasa calculada por madres: 1.39, podría enmascarar el número de quienes niegan ser padres; porque incumplen sus responsabilidades paternas.
La Habana, incluye áreas urbanas ―la Capital―, pueblos y áreas rurales. Es regla general una mayor natalidad en el campo que en las ciudades y computar juntas a ambas poblaciones puede dar idea inexacta.
Por ejemplo: “HABLEMOS PRESS”, publicó el pasado febrero “Baja natalidad cubana, en cifras locales”, con información sobre la población de un consultorio habanero urbano, donde de un total de 227 mujeres fértiles, solamente 2 desean hijos (0.88 %) y no lo desean 225 (99.1%).
Esta población local manifiesta una natalidad muy por debajo de la media de 1.39 del informe oficial sobre La Habana; pues tiene 151 menores, que corresponden a 0.66 por madre fértil; en una población total de 1602 personas, para la que estos niños significa el 0.009.
Granma no informó sobre natalidad y envejecimiento en el resto del País, que sería importante comparar con La Habana. Las capitales, tienden a menor natalidad, por su alto costo de la vida y mentalidad de sociedad de consumo, particularmente en países desarrollados.
Las capitales de las naciones se dedican, fundamentalmente, a servicios, instituciones centrales y oficinas: Esto último ocurre con La Habana; pero no con las causas de su baja natalidad, debidas a la pobreza general y al abortismo.
El campo, tradicional  abastecedor de alimentos, se despuebla internacionalmente, pero surgen en él empresas maquinizadas con fuerte inversión de capital, que garantizan con pocos trabajadores una explotación agrícola productiva.
No ocurre así en Cuba, cuyo campo pierde producciones tradicionales, abandonadas por el Gobierno que las confiscó, y se despuebla por ese abandono; como, según explicó el mismo Raúl Castro, ocurre con zonas montañosas de cafetales y cacaotales, de Oriente.
Carecemos de capitales y de clima legal para lograr la agricultura eficiente del despoblado campo de otros países.
Un fenómeno detectado en zonas empobrecidas del campo cubano es una emigración predominantemente femenina hacia las ciudades, particularmente a La Habana, contrario a la migración masculina de la etapa republicana (1901-1959).
En lugar de los braceros que tradicionalmente abandonaban su localidad y familia, para seguir las zafras (cosechas) son mujeres las que marchan a las ciudades para emplearse en servicios, economía subterránea, conseguir concubino que le brinde techo y conductas prostitutivas o prostitución.
También muchos hombres siguen ese rumbo y no el de las cosechas temporales. La emigración interna está desvinculada de la producción.
Suecos, dinamarqueses, con envejecimiento de la población, importan inmigrantes jóvenes de Portugal y Turquía para que laboren sus industrias y atiendan a los ancianos. Cuba carece de desarrollo para esa solución y para atraer inmigrantes, como hacía antes de Castro.
Ahora, sus jóvenes emigran en masa, lo cual no ocurría. El Estado, sin nada que ofrecerles, está pasando de entorpecer esa tendencia a alentarla, para beneficiarse de las remesas familiares desde el extranjero.
En 1989, quien escribe cursaba un curso de posgrado de Demografía y cuando los alumnos vimos en el pizarrón la fórmula matemática para calcular la población futura, bromeamos con el profesor: “Ya ustedes calcularon, teóricamente, en qué año se extinguirá el ultimo cubano, díganos, díganos”. El profesor, reía, enrojecía turbado y nada dijo.
Hoy, apenas empezamos a imaginar que no es causa de risa el que la población joven pronto no alcanzará ni para reemplazar a los que hoy producen ni para asistir a millones de ancianos.
Este análisis, requiere una segunda parte sobre las afirmaciones incompletas de Granma y sobre la causa importantísima que no menciona: El abortismo como política estatal.

Nota: *Tasa de nupcialidad: La proporción de matrimonios, respecto al total de la población. (Consultado de: Colectivo de autores, “Breve diccionario de demografía”, Edit. Progreso, Moscú, 1988).

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