sábado, 12 de marzo de 2016

El Estado tendrá que seguirse equivocando

El Estado cubano exige al presidente norteamericano que deje de construir una oposición.
Por Leonel Rodríguez Lima/ HABLEMOS PRESS.
LA HABANA.- El editorial publicado por el periódico Granma titulado: “La visita a Cuba del Presidente Barack Obama”, se ha repetido hasta el cansancio a través de los medios de comunicación oficiales.



Evidentemente, dicho escrito pretende tener el efecto contrario a una bienvenida. Sus constantes remembranzas a las hazañas de la presunta Revolución, “en su batallar constante contra el más grande imperio de la historia”, parecen querer afianzar la idea de que el camino hacia la normalización de las relaciones entre nuestro país y los Estados Unidos de Norteamérica está más lejos de lo que muchos pueden imaginar.
Entre sus líneas, se deja ver una afirmación que merece un comentario. El Estado cubano exige al presidente norteamericano que deje de construir una oposición con dinero del contribuyente estadounidense. Con ello, el oficialismo pretende restarle simpatías, solidaridad internacional y poder de convocatoria a la oposición para luego lograr su liquidación; algo que en realidad constituye una equivocación.
La oposición en Cuba no tiene marcha atrás, porque su desaparición constituiría un retroceso histórico para la totalidad de la sociedad cubana, y eso es perfectamente demostrable con solo reflexionar un poco. En principio, la oposición cubana ha dejado paulatinamente de ser financiada con recursos directos de gobiernos extranjeros.
Por otra parte, la llama opositora está cobrando fuerza a partir de los propios errores y de los desmedidos afanes de poder y riqueza de los gobernantes y sus partidarios más cercanos, cuestión que al parecer tiende a enraizarse en nuestra cotidianidad, por lo que el crecimiento futuro en el número de opositores al sistema, está garantizado.
En cualquier democracia, la oposición juega un rol fundamental. Ella constituye la garantía que necesita la sociedad de que el discurso gubernamental será cumplido, y que cualquier ley o iniciativa en su contra será contrarrestada por una fuerza divergente que resguarda los intereses de todos o de un segmento de la sociedad, viéndose representados en este ciclo participativo tanto las mayorías como las minorías sociales.
Pero ya casi constituye una obsesión oficialista lograr la liquidación, aunque sea parcial, del movimiento opositor. Lo ha tildado de antisocial, mercenario y apátrida. Aduciendo que la oposición no existe o que es artificial, tratando de tapar sus ojos ante una realidad que les sorprende.
Cierto es que existen, en mi modesta opinión, cuatro aspectos que conspiran contra la posibilidad de que la oposición hoy no esté preparada para dar un salto cualitativo; la falta de homogeneidad, la falta de un liderazgo, la falta de un verdadero programa político y el exceso de protagonismo, pero son tópicos que quedarán seguramente zanjados con la madurez ideológica, y sobre todo cuando, llevada por la necesidad, la oposición cubana tenga que asumir el papel inédito de guiar a la mayoría en el camino tortuoso de sus reivindicaciones.

Hasta ese momento, al gobierno cubano actual no le quedará otra alternativa que seguirse equivocando, tratando de no mirar y de no escuchar las razones que esgrimen sus propios coterráneos. 

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