lunes, 22 de febrero de 2016

Porqué no compré pan

La ausencia de higiene pública alcanza dimensiones peligrosas.

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Uno de los factores del deterioro de la salud pública en Cuba lo constituye la contaminación de los alimentos por mala manipulación. Más no sólo según los médicos, sino hasta volverse algo bien visible a diario. Y todo ocurre pese a regulaciones que ni los jefes exigen, ni los empleados cumplen, ni la ingente red de inspectores supervisa o  el público protesta.

La norma en la manipulación de los alimentos es la ausencia de guantes, protectores bucales y cucharas para servir; o que aunque  existiendo alguno de estos elementos, el empleado toque los alimentos con manos desnudas. Y a veces, hasta fumando.

La  ausencia de guantes no ocurre sólo en cafeterías y dulcerías; también sucede en los servicios estomatológicos. No los hay o escasean, por lo que los enjuagan solamente con agua y utilizan los mismos, con  restos de múltiples salivas de otros pacientes anteriores. Y así hasta que se rompen.

Y ni hablar de los vasos de las cafeterías. Pese a ser plásticos en su mayoría, los friegan como en los tiempos coloniales: sumergiéndolos en una vasija  repleta de agua con detergente, ya gris de utilizada y con abundante detritus, y los enjuagan en otra, también con agua estancada. Y finalmente, como un lujo extraordinario, son colocados durante un segundo bajo el chorro del grifo… si hay agua circulando.

Pero me aparto de la razón de porqué no compre pan.

Al mediodía del 15 de febrero, quien escribe entró a comprar  a la vieja panadería de Diez de Octubre, entre Zapotes y Santa Irene, en el municipio d 10 de Octubre, La Habana.

No había cola, y la dependienta daba la espalda al mostrador.”Buenos días”, dije. La empleada me respondió sonándose por buen tiempo las narices con un pañuelo visiblemente húmedo. Sin más,  giré sobre los talones y me fui sin el pan. Pero me temo que la realidad se nos impone inexorablemente. Y alguna vez, acuciado por el hambre o distraído, estaré condenado a caer en una trampa similar de la  escasa higiene y desidia  imperantes.


VIDEOS