miércoles, 13 de enero de 2016

La migración de peloteros desde y hacia el interior de Cuba

Por Osmel Almaguer/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Hace algunos días apreciaba un juego entre los equipos de Matanzas e Industriales donde, por cierto, los de la capital dominaban fácilmente a los Cocodrilos, a pesar de que el mentor matancero utilizara los servicios de más de un pitcher de origen habanero.
Amén de la curiosidad, los mencionados lanzadores no son los únicos que en calidad de importados presenta este equipo, a primera vista toda una legión de mercenarios; utilizando el término en la más sana de sus acepciones.
Si bien todo pelotero que juegue en la capital de un país gozará de determinadas ventajas, que en Cuba, por lo paupérrimo del actual sistema salarial, se reducen tal vez a ciertas visibilidad y relaciones interpersonales, aun así, Adrián Sosa y Ernesto Iglesias, los atletas a los que aludíamos anteriormente, han preferido militar bajo las órdenes de Víctor Mesa. ¿Por qué?
Hasta donde conocemos, la principal motivación para estos y otros, que cada año llegan a Matanzas desde diferentes regiones del país, son los premios con que el otrora center field ayuda a sus jugadores; suerte de sistema de estimulación con el apoyo de las autoridades de la provincia; apoyo que, por cierto, no logró siquiera en su natal Villa Clara.
A mi parecer, lo logrado por Mesa ha llevado al límite la libertad de movimientos que podría tener un manager en este país, al menos mientras sus gobernantes no cambien de opinión o sean sustituidos.
Según información que corre de boca en boca, aquellos pupilos de Víctor Mesa que cumplen con sus exigencias, obtienen a cambio fines de semanas en hoteles, casas, autos y otras prebendas*.
Si bien esta información no es ahora mismo comprobable, sí es evidente la garra con que el equipo de Matanzas ha sabido jugar en los últimos años y el éxodo de peloteros hacia la llamada Atenas de Cuba, donde destacan el campo corto guantanamero Moreira (se fue del país) y el inicialista espirituano Santoya, además de los capitalinos.
Sin embargo, ni aún la inventiva del inquieto Víctor ha conseguido evitar que el éxodo descomunal de peloteros cubanos hacia los Estados Unidos afecte a los Cocodrilos, pues en los últimos años han perdido a importantes figuras como Yadiel Hernández, Jorge Martínez, José Miguel Fernández y Lázaro Herrera.
Siendo pareja la afectación para la gran mayoría de los equipos de la Serie Nacional, aun así Matanzas se las arregla para obtener algo de lo que queda disponible en un no-mercado que se encuentra en crisis, en algo que los más tradicionalistas y afectados denominan “robo de peloteros”.
Los jugadores que aún no se deciden a emigrar hacia el exterior, rejuegan con la posibilidad de obtener las prebendas que se otorgan en el equipo de Matanzas o, como en el caso de los hermanos Gourriel, de militar en Industriales, sin dudas el más visible de los equipos cubanos.
Lo que este panorama arroja al deporte es una liga de béisbol sumamente debilitada, a la que también afectan no solo el éxodo de entrenadores y estrategas, sino las huellas que la extrema politización ha dejado en ella, como la desactualización de managers y peloteros en tácticas y técnicas de última generación, la desmotivación, la corrupción y una acentuada indisciplina tanto dentro como fuera del terreno.
¿Perspectivas? El gobierno cubano, entre apurado y vigilante, tratará de vender a equipos profesionales de otras ligas las pocas figuras competentes que quedan en el país.
Los jóvenes jugadores tratarán de llegar en edades cada vez más tempranas al país del norte, con el objetivo de optimizar ganancias y resultados, por lo que la Serie Nacional, aun reduciendo al mínimo los equipos participantes, como se prevé suceda el próximo año, será cada vez menos competitiva, al no contar con sus mejores piezas.
Entonces, ni la inventiva de Mesa, ni la flexibilización de las autoridades del Partido en cada provincia, quienes hasta el momento han negado a los atletas cubanos el derecho a una vida decente, conseguirían evitar esa debacle que, desde ya, se vaticina.
*El salario de los peloteros cubanos en Grandes Ligas oscila entre los 3 y los 14 millones de dólares anuales. Estos atletas acceden a un 40% del mismo, luego de los descuentos por conceptos de impuestos y pago a agentes y abogados.

El toletero cienfueguero José Abreu, que actualmente milita con los Medias Blancas de Chicago, percibe unos 12 millones de dólares anuales, lo que equivale a 1 millón al mes. El 40% de un millón son 400 mil, que es la suma real que percibe el destacado inicialista por su desempeño. De no haber emigrado ilegalmente del país, su salario en Cienfuegos sería de mil pesos cubanos al mes, unos cuarenta dólares americanos. Estos 40 dólares americanos representan el 0,01% del salario actual pagado por los White Sox, o sea, unas 10 mil veces inferior.

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