lunes, 7 de diciembre de 2015

Quienes llegan a La Habana desde otras provincias sufren discriminación

Hoy son muchos los cubanos que dejan sus provincias en busca de  prosperidad. Son disímiles los trabajos que hacen los inmigrantes. Algunos honrosos, otros no.

Por Elio Delgado Valdés/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Los cubanos que llegan a la capital desde otras provincias, sienten de inmediato que la vida agitada de esta ciudad los aplasta. Generalmente desgastados por un viaje que puede durar entre dos, catorce o 30 horas, en un recorrido de 900 kilómetros, y que se realiza con las mínimas condiciones de confort, recibiendo el impacto de una ciudad grande pero sucia y desorganizada.

Se nota que están en La Habana por el raudal de ofertas que reciben, no más ponen un pie en la estación. Ofertas de carretillas para transportar el equipaje, ofertas de un lugar para descansar, ofertas gastronómicas de los merolicos, bicitaxis para llegar a sus destinos, en fin, nada que no exista en las demás provincias de Cuba, solo que en proporción inmensamente mayor.

Hoy son muchos los que dejan sus provincias en busca de  prosperidad, nuevos aires, para establecerse en la capital, donde la vida es más cara, pero si se trabaja duro se vive mejor que en el campo.

Son disímiles los trabajos que hacen los inmigrantes. Algunos honrosos, otros no. Por el ejemplo, está el de los “jineteros”, que pueden ser de ambos sexos. El Parque de la Fraternidad o los portales de la calle Monte, son algunos de los sitios donde se reúnen. Allí sufren el asedio de los policías.

Otros vienen con aspiraciones menos sórdidas, como los jóvenes que matriculan en la Universidad; generalmente en carreras de turismo, economía, etc., donde hay alguna “búsqueda”.

También abundan las brigadas de “construcción por cuenta propia”. Son una opción muy cotizada por los inmigrantes. Los puedes ver con sus herramientas y las fajas en la cintura, ganándose la buena remuneración de este oficio.

Para los que no son bellos, ni jóvenes, ni fuertes o inteligentes, quedan los trabajos menores. Por eso vemos tantos ancianos vendiendo periódicos, maní, siempre haciendo algo para garantizar el día a día; en labores honestas, aunque entre estas últimas también está la del “buzo”, que no obstante es poco decorosa, pues consiste en rebuscar en la basura.


Para los que no han visitado Cuba, les cuento que en este país la basura no es como en el mundo desarrollado, o simplemente como en la mayoría de los países. En Cuba la basura está regada por las calles, desborda de los contenedores y mezcla materia en putrefacción con escombros y envases; lo que la vuelve altamente infecciosa.

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