sábado, 26 de diciembre de 2015

Pesos cubanos: Moneda de pobres

Poseen dudoso respaldo bancario los dos numerarios circulantes en el país. Foto/ HP

Por Leonel Rodríguez Lima/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- El Peso Convertible (CUC) supuestamente cuenta con el apoyo de alrededor de cinco mil millones de dólares de los Estados Unidos de América. La leyenda oficial asegura que serían aquellos mismos que fueron extraídos de las calles a fuerza de una ley ineludible, emitida por el Banco Central de Cuba a mediados de la pasada década. Y según la misma fuente, estos millones respaldarían la emisión y puesta en circulación de esta moneda “convertible” y del peso cubano común (CUP).

En aquellos tiempos, el gobierno sacó de circulación el dólar norteamericano, o sea, nos sacó fuera de una realidad monetaria a escala global. En cambio, nos dejó un espejismo, tras una operación vertiginosa de lo que parecía casi una cuestión de seguridad nacional.

Con el tiempo, la sospecha de que el asunto no era más que otro “capricho” cobró fuerza en el criterio de las personas de a pie. Hoy ese sospechoso capricho vuelve a rondar la vida de los más pobres, con la diferencia de que ahora constituye una amenaza, y no precisamente velada.

Para darnos plena cuenta de lo ominoso que se cierne sobre la ya muy pobre economía del pueblo, debemos empezar por preguntarnos: ¿son reales y palpables los cinco mil millones de dólares que se asegura respaldan a los pesos convertibles en circulación? A falta de informes públicos del Banco Central, sólo se puede especular sobre este y otros tópicos que constituyen interrogantes sin respuesta oficial dentro del tema. Quizás enunciándolas nos aclaremos algo las ideas.

La primera interrogante es precisamente cuál moneda perdurará en el dilatado proceso de “unificación monetaria”. De acuerdo al realce que gubernamentalmente se le da, el peso cubano común parece el escogido para pasar a la posteridad más inminente. Y de ser así, la economía  nacional se regiría por una moneda que carece de las garantías que históricamente se plasman de forma gráfica en los billetes.

Esta es una práctica usual a nivel mundial. La diferencia es que las monedas que hoy forman parte de la canasta cambiaria articulada en el ámbito internacional cuentan con el respaldo de economías globales, con peso preponderante en el mercado y desarrollo del orbe.

A esas monedas realmente convertibles las garantizan el desarrollo de los respectivos países que las emiten, así como el uso de canje y re-canje que de ellas se realizan. A fin de cuentas, no necesitan plasmar lo que resulta tan obvio.

Sin embargo, el peso cubano sí lo necesita, debido a lo endeble e insignificante de nuestro aporte a la economía mundial. Probablemente sea una fracción con múltiples ceros a la izquierda del 1% global.

Resulta apropiado recordar el texto que hasta  hace muy poco tiempo se mantuvo en los billetes de pesos cubanos. Por el anverso expresaban textualmente lo siguiente…”Garantizado íntegramente con oro, cambio extranjero, convertible en oro y en todos los demás activos del Banco Nacional de Cuba…”. Y por el reverso…”Este billete tiene curso legal y fuerza liberatoria en todo el territorio nacional. Constituye una obligación del Estado cubano.”

A pesar de su debilidad, los diseños de los presentes CUP no   exponen ninguna de las garantías antes enunciadas. Si nos basamos en la admitida teoría de que el dinero tiene vida propia, que constituye de por sí un medio de pago por bienes y servicios y que juega un rol fundamental como elemento liberatorio de obligaciones de deudas contraídas, entonces cabría cuestionar si tan siquiera nuestra moneda podría expresar literalmente que tiene una función liberadora de deudas. Pero todo no termina ahí.

El cubano mayoritario, mal informado sobre cuestiones legales, y peor aún sobre temas financieros, bancarios o monetarios, no presta interés sobre si nuestra moneda podrá jugar el rol que se espera en el tan prometido y no cumplido camino del desarrollo de la Cuba que todos soñamos.

Para la masa pobre, la moneda sólo cuenta para lo inmediato y diario. El futuro no es importante porque es una vaporosa incógnita. Como consecuencia de los bajos salarios con que apenas vive, se acostumbró a que su  capacidad monetaria sea bien precaria. Y con el añadido del poco poder adquisitivo que arrastra el peso cubano (CUP), ni siquiera considera en utilizar esta moneda como medio de atesoramiento. Y en las actuales circunstancias, resulta impensable tratar de  guardar dinero, sobre todo en medio de una economía de sobrevivencia que invade a casi todos los humildes hogares de la isla.

La eliminación futura de la circulación del Peso Convertible Cubano (CUC) no será más que la reafirmación de una crisis muy añeja. Brindará al régimen la posibilidad de cerrar aún más el nudo que aprieta la garganta maltratada de Liborio (nombre histórico con el que se denomina al segmento humilde y mayoritario del pueblo cubano).

Y la moneda circulante que quede, el peso cubano común (CUP), podrá ser difícilmente canjeable por monedas extranjeras convertibles, sencillamente porque no tiene valor en el mercado internacional. En ese escenario, las posibilidades futuras de expansión comercial de los pequeños y medianos negocios cubanos, si decidieran obtener insumos o realizar transacciones financieras o mercantiles con el exterior, se limitarían a la mínima expresión.

Incluso los viajes de los ciudadanos cubanos por motivos personales, familiares o turísticos podrían estar muy controlados. Y todo por el simple hecho de no poder adquirir libremente las divisas internacionales necesarias para ello. Daría la terrible impresión de que el Banco Central de Cuba no puede respaldar en su totalidad la propia moneda que emite.

Sería una cuestión que agudizaría la mala imagen de nuestro mercado, de por sí muy deteriorada debido a la permanente cadena de impagos que aún se mantiene. Y desfavorecería en gran medida a compañías extranjeras que en algún momento negociaron o que actualmente negocian con el Gobierno cubano y sus dependencias.

Tal y como sucedió en la década de los años ochenta del siglo pasado cuando se dio rienda suelta a las Casas de Compra o Cambio del Oro,
adquiriendo la plata, joyería y otras piezas valiosas en manos de la población a cambio de una moneda artificial que sólo servía para comprar insumos en determinadas tiendas controladas por el Estado, la puesta en vigor de la circulación en nuestro territorio nacional de una sola moneda sólo en apariencias constituirá el aliciente que los más humildes necesitan.

Y es que tras este paso se esconden amenazas que, de no manejarse el tema con la exactitud que se requiere, incluso irían más allá de una posible escalada inflacionaria.


De cualquier manera, y como bañado en ríos de rumores, el pueblo siempre lo sabe. Veladamente oculta podría estar la siempre oportunista actitud de un Estado delincuencial, dirigido por una casta enriquecida y demagoga. Esa es la que necesita con urgencia esconder los turbios manejos que sus más potentados urden bajo su sombra. 

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