miércoles, 16 de diciembre de 2015

Oxígeno solamente para enfermos en fase terminal

Hospitales y policlínicos para cubanos de a pie carecen de instrumental y equipos para dar atención primaria. Foto/ Roberto J. Guerra.
Por Juan Carlos Linares Balmaseda/ HABLEMOS PRESS.
LA HABANA.- Cuando alguien padece de insuficiencia respiratoria, la prioridad número uno es tener en casa un botellón (o cilindro) con oxígeno. Pero tal exigencia se vuelve cada vez más compleja de solucionar, al menos en La Habana, debido al gradual déficit de los cilindros. Tanto, que en los últimos meses el servicio de alquiler a domicilio (de cilindro con oxígeno), que oferta el sistema de Salud Pública, está siendo limitado solo para los enfermos en fase terminal.
Alquilar uno por la vía formal, requiere de un certificado emitido por el doctor (a) del consultorio médico, presentar el certificado al policlínico del área al que el referido consultorio debe estar adscrito, para que allí un neumólogo o el mismísimo director lo avalen. Luego, debe acudirse, certificado en mano, ante un asistente social y que éste asiente en un libro la solicitud y se lo comunique a la farmacia principal (farmacia que en todos los municipios existe solo una). Por último, presentarse en la farmacia con el certificado, apuntarse en un listado y esperar en la casa a que le lleven el cilindro.
Los que poseen solvencia económica, compran el cilindro y evitan el burocratismo. Que dicho sea de paso, no abundan las ofertas de venta.
Wilfredo, un jubilado que cuida a una tía de 96 años de edad, señala otro inconveniente: “No todos tenemos 20 dólares para pagar por un cilindro”
Señala que “Con mis 290 pesos mensuales (unos 14 dólares) ni soñar con ese beneficio para mi tía”. Aunque él tuvo suerte. Un amigo le prestó uno desde que la anciana debutó con falta de aire y antes de caer en fase terminal, estado en que se encuentra ahora.
Las farmacias principales, hipotéticamente, tienen la responsabilidad de arrendar camas Fowler, sillas de ruedas, vender patos y cuñas evacuatorias, bastones, aseo personal y otros utensilios vitales para los pacientes postrados. No obstante, la realidad resulta adversa: Casi siempre dichos utensilios no llegan nunca o desaparecen por meses.
En la farmacia principal del municipio 10 de Octubre, sita en la barriada La Víbora, una de las empleadas aconseja llamar por teléfono continuamente, cuando se precise alguno de éstos utensilios. En caso del oxígeno, argumentó la farmacéutica, “llamar un tiempo antes de vaciarse el cilindro”, para dar tiempo a salir de los envíos atrasados. 
Los chapistas automotrices establecen competencia con los enfermos de trastornos respiratorios. Pues el oxígeno junto al acetileno son elementos esenciales en el oficio de la chapistería. Conversando con un chapista privado, este reconoció que “durante un mes intenso de trabajo yo consumo hasta cinco cilindros de oxígeno”.
Además, confesó sin resentimientos parte de los secretos en su gestión adquisitiva: “El cilindro de oxígeno es una herramienta de trabajo para mi subsistencia, el cual unas veces me lo sirven los carreros que transportan oxigeno desde la fábrica hacia los hospitales, farmacias y los domicilios (…). Ellos llegan y me cambian un cilindro vacío por otro lleno, yo les pago 10 dólares y se marchan (…). En otras oportunidades los consigo con socios en empresas estatales donde los almacenan (para uso industrial)”.
Los cilindros de oxígeno, destinados al sector clínico, se diferencian de los de uso industrial fundamentalmente en el color, los primeros los pintan de un color verde claro, mientras que los segundos son de color intenso, y generalmente verdes también.
En el Hospital Miguel Enríquez, un empleado corrobora que la parte débil de los cilindros son las llaves, que “cuando se rompen, el cilindro se vuelve inservible”. Así que se van acumulando y el descontrol permite que se los roben para venderlos en el mercado informal.

Más, no son los carreros, ni los chapistas, los responsables de la crisis. Ellos, como casi todos los cubanos, están atados al mandato de la corrupción. El pecado está en que ni se reparan, ni se construyen, ni se compran suficientes cilindros de oxígeno para una colectividad creciente de ancianos, frutos del envejecimiento poblacional. Y ese pecado corresponde a los que administran el país. 

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