jueves, 17 de diciembre de 2015

Maduro: Un peligroso delirio


Por Armando Soler Hernández/ HABLEMOS PRES.
LA HABANA.- La conmoción que le causó la reciente derrota electoral en las parlamentarias nacionales al otrora mandante chavismo, se está manifestando en un estado de perplejidad iracunda. Ante la cruda realidad de que la inmensa mayoría de la población votó en contra de ellos, los constantes mensajes, discursos y manifestaciones nacionales de la  ideología derrotada vienen cargados de un incremento de militante obcecación ante los hechos, los que rotundamente niegan su supuesta preponderancia en el sentir nacional.
Cada vez escarbando más en sus propios trillados argumentos de campaña para explicar la arrasadora derrota en el balotaje, persisten en afirmar que “no se supo explicar bien el mensaje revolucionario”, que fueron víctimas de encerronas internacionales, de guerras económicas de la “derecha”,  y por ahora (aunque seguro no por último), que la población mayoritaria fue una masa de estúpidos sin cerebro que “votó contra sí misma”.
El poder ejecutivo se revuelve en su propia salsa. Maduro reniega con creciente virulencia la falsa postura de aceptación equilibrada de los recientes resultados electorales. Al parecer ahora parece inspirado para dar batalla obstruccionista a la nueva Asamblea Nacional. Quizá sea producto de un gas mental, inspirado  en la reacción del gobierno cubano ante el Proyecto Varela en 2003,  intentando gobernar a futuro la Constitución antillana. O a lo mejor el impulso  proviene del frenesí legislativo sandinista a continuación de la derrota electoral  que sufrieran en 1990. Como sea, sus pretensiones son muy claras: no quiere dejar legislar a una Asamblea que la mayoría de los venezolanos eligió para que los representara.
Y no deja de ser inquietante esta reacción de intransigencia del representante del poder ejecutivo que repentinamente se quedó al frente de una minoría. Sobre todo porque desde la administración del país intenta mantener una visión agresiva de enfrentamiento social, económico e ideológico, precisamente todo lo que fue derrotado en las urnas el día 6 de diciembre pasado.
Sin embargo, para que la nación marche de una buena vez, es vital que este importante sector del poder acabe de salir del estado de iracundo shock que lo domina y que entienda que ahora el chavismo rabioso es la minoría opositora. Y no sólo por las escasas curules que obtuvieran en el poder legislativo, sino porque la población decidió optar por abandonar el oneroso sostenimiento de una agresiva utopía y apostar por un nuevo proyecto para el país,  el de la reconciliación nacional y el progreso de todos los venezolanos.
El paso aparte que en el momento preciso dio el ejército nacional la noche de las elecciones  frustró los intentos de un rabioso sector minoritario chavista por dar un madrugón al ya  arrollador triunfo del MUD (Mesa de la Unidad Democrática). Esta es una clara señal de que el cuerpo armado, pese a todo su compromiso  con el chavismo oficial, y al subrepticio control que pueda estarlo vigiando internamente para que no se salga del libreto de fuerza represora contra cualquier adversario pacífico del chavismo, no está dispuesto a apuntar sus armas contra una población que claramente se manifestó por un nuevo rumbo nacional.
Esta es una señal que debería ser leída  con toda claridad por el presidente Maduro y sus milites consejeros en La Habana. La situación cambió gracias a esa traicionera trampa que resulta la democracia cuando los totalitarios se ponen a jugar con sus instrumentos, creyendo poder dominarlos a la perfección. Y cambió  pacíficamente, para no volver a la cansona guerra de clases interna,  a las cada vez mayor inflación y escasez, violencia e inseguridad pública, y al enfrentamiento internacional contra el “Imperialismo”.
A base  de un petróleo cada día menos remunerativo, se desgasta la riqueza nacional en una “diplomacia del petróleo” que poco reditúa a los intereses nacionales.  Equivocando los pasos, supuestamente a nombre de una mejor cohesión económica para los países del área, siguieron la consejería cubana para lograr armar una plataforma regional anti norteamericana. De hecho, resultaron aparatos de velada  intensión política, tales como ALBA, Caricom, Petrocaribe o la CELALC, totalmente  distanciados de los verdaderos intereses a largo plazo en la región por estar fundamentados en una trasnochada visión de “Guerra Fría”: el artificial enfrentamiento a los Estados Unidos, la potencia económica regional que más inmediatos beneficios produce en el área.

 Todo este panorama va a cambiar, más no porque la antigua oposición, ahora reinante en el aparato legislativo y sentir mayoritario de los venezolanos, venga con ánimos revanchistas. Como el gobernador y miembro del MUD Henrique Capriles aclarara en una entrevista  publicada el 9 de diciembre en El País: “…hacia donde vamos. Hacia un cambio incluyente, que nos permita unir al país, sacarlo de la crisis, crecer económicamente, generar empleo, bajar la inflación.”  Con ese espíritu, el de restablecer la justicia, deben actuar de consuno todos los poderes de la República hermana. Persistir en el enfrentamiento político y la agresividad no ayudará en nada al camino que el pueblo venezolano, sin equivocación,  acaba de elegir para sí.

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