lunes, 21 de diciembre de 2015

Los trucos de la ONAT (II Parte)

Como expliqué en el artículo anterior, la ONAT desvalija sutilmente al cuentapropismo cubano, con tasas imponibles absurdas para un naciente empresariado. La policía también participa en estas acciones. Foto/ HP

Por Yixander Doimeadios/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- La ONAT y su impacto en los bolsillos del pequeño empresariado cubano, me hace una vez más retomar el tema con el fin de traer un poco de luz a este ya oscurísimo departamento.

Como expliqué en el artículo anterior, la ONAT desvalija sutilmente al cuentapropismo cubano, con tasas imponibles absurdas para un naciente empresariado, que necesita garantías para sentar las bases de la creación de riquezas, tan necesarias en el desarrollo de un país que pide a gritos un despertar económico.

Ya probado por décadas que el Estado “protector” es incapaz dar a luz empresas sustentables, que lejos de dar utilidades jugosas, son devoradoras del poco superávit que otras más rentables producen.

Entonces, “si no sabes no te metas”, como reza en la pared de un edificio en un barrio marginal habanero, el Estado debe permitir que los particulares tomen aquellas áreas que a la garra gubernamental le sea más difícil aferrar.

Pues, apartándose y dejando que los que quieran y puedan lo hagan, además de cobrar impuestos más aterrizados, sería más provechoso para la sociedad que el entorpecimiento del mercado por su mano invisible.

Como explicaba antes, un impuesto de un 10% sobre las ventas diarias, más la cuota mensual por ejercer la actividad equis, la seguridad social: el impuesto sobre la fuerza de trabajo para los que tienen empleados, la extorción de los inspectores y luego el impuesto sobre ingresos personales de fin de año, sin contar los gastos privados y el pago de alquiler del local para aquellos que no son dueños del inmueble donde opera el negocio, harían quebrar hasta a la Nike o la Coca-Cola.

Qué decir de los pequeños empresarios que no tienen una licencia de exportación-importación para surtirse y prestar servicios. Ni siquiera se han habilitado almacenes de mayoreo para suplir esa necesidad, de ahí que el mercado negro haga de “benefactor” y tome una función que debería brindar el mismo que cobra los impuestos.

Solo por esta vía, muchos productos, como el refresco y la cerveza, se han encarecido, pues los dueños de estos negocios deben comprarlos al precio que expende el Estado en sus propios establecimientos, y luego subir el precio para obtener utilidad, afectando esto directamente al cubano de a pie, que tiene que pagar por una cerveza 30 pesos y por un refresco 15, cuando antes era el pago de 25 y 10 pesos, respectivamente.

Un anciano cuenta dinero mientras vende golosinas. Foto/ Elio Delgado.

Volviendo la mula al trigo, con la declaración jurada de fin de año y los draconianos impuestos que llegan hasta el 50% para los que ingresen más de 50 mil pesos (unos 2 200 USD), es una locura para alguien que esté dando sus primeros pasos en el mundo empresarial, pagar un impuesto tan elevado por los ingresos personales.

Es como si esta entidad se olvidara a quien se debe, y para qué fue creada, tomando el vergonzoso camino de quitar a los pobres para dar a los ricos, una versión criolla de antihéroe, como el alguacil del príncipe Juan, en la historia de Robin Hood.


Para bien de las relaciones entre los cuentapropistas y la ONAT (Oficina Nacional Tributaria), esta última como entidad que regula el sistema tributario de la República de Cuba, necesita urgentemente un cambio en su política forajida, y dejar de levantar tantos diques, para que las aguas de la abundancia corran libremente en los hogares cubanos.

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