lunes, 7 de diciembre de 2015

La esgrima del cuchillo en las cárceles de Cuba

Centro penitenciario de Granma. Foto/HP

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- El cuchillo (o cualquier objeto punzante equivalente) se ha convertido en compañía permanente entre escolares y adolescentes cubanos, interviniendo en las peleas callejeras, principalmente debido a la creciente marginalización, la violencia en la TV y la influencia de los presidiarios.

Otros conceptos y otras épocas en que la hombría se definía con los puños han quedado atrás, sustituidos por peleas a traición, encerronas o sorpresas con armas de ocasión, cuchillas y punzones usualmente pequeños.

En la década de los ochentas, por ejemplo, casi todos los criminales transitaban por algún deporte de combate; lucha, judo, boxeo. Dos de las técnicas clásicas de las peleas callejeras son el “tacle” o  Morote-gari y “el bombero” o Kata-guruma*.

Las peleas con arma blanca se estilan a distancia muy corta, tirando de punta golpes curvos con el movimiento de boxeo llamado gancho o crochet, y repetidos rápidamente para provocar varias punzadas en segundos. El brazo desarmado permanece ante el cuerpo en la guardia de boxeo o procura agarrar al contrario, en abrazo, para herirlo.

Si el objetivo es herir, punzan brazo, hombro, muslo y glúteo. Para daño más grave, el pulmón. Para matar, apuntan al riñón o dan un golpe recto descendente al corazón “como cuando se mata a un puerco”. Contrario a la costumbre histórica, tienden a evitar herir el rostro, por las implicaciones penales de la “Desfiguración”.

La cortedad de las armas, el abrazo a las piernas o torso y los golpes en gancho confunden a los espectadores y al atacado, quienes creen que los contendientes se golpean o luchan, como ocurrió a un policía en el habanero Parque de La Fraternidad:
Provenía de Tropas Especiales y era corpulento. Un hombre se le resistió al arresto y lo abrazó varias veces. El policía, lo derribó exitosamente en varias ocasiones, hasta sentirse sin fuerzas y caer con varias heridas que no notó recibía en cada abrazo.

Refieren que algunos comienzan la pelea sin empuñar el arma y luego de abrazarse y derribar la sacan y hieren, que las técnicas de el abrazo y apuñalamiento de la espalda tienen su origen en la prisión, porque cuando el preso hiere de frente las autoridades lo culpan como iniciador de la pelea, mientras que abrazar y herir en la espalda le permite alegar que respondió en defensa propia.

Rara vez pelean entre dos; lo usual es “encuadrillar”, “caer en pandilla” varios contra uno y en los preliminares, el que discute no es el líder del grupo ni quien atacará primero, sino quien lo distrae para que el líder lo hiera por la espalda.

Un adolescente me refirió su aturdimiento cuando procuraba abrazarse a un atacante y lo hirieron en los hombros quienes le quedaban atrás. Cuenta que se volvió para repelerlos y entonces lo hirió el que dejaba a su espalda.

En fiestas juveniles, en domicilios o en lugares de esparcimiento ocurren estas peleas. El pretexto más común es ganar prestigio en el gremio.

En sitios en que temen ser registrados por la policía o si llevan machetín o cuchillo de cocina, no portan el arma sino que la “clavan”. Oculta en un tiesto de la fiesta o planta en un cantero de la calle, o bajo el guardafangos o en el parachoques de un auto parqueado. Los policías podrían confiscarlas fácilmente; pero jamás están.

Cuando hay bailes en el antiguo Habana Yath Club, en Marianao, hay custodios que sí tienen la iniciativa de registrar esos escondrijos para incautar las armas.
En la prisión ―y hasta en el baño de algunas escuelas― se entrenan y compiten festivamente en la esgrima del cuchillo, con trozos de periódicos enrollados a los que ponen en la punta cal o yeso de la pared, para marcar los golpes.

En próximo trabajo expondré algunos consejos prácticos contra este tipo de ataques; sobreentendida la extrema dificultad de enfrentarlos y porque las películas de acción y demostraciones de artes marciales, mienten.


*El autor es profesor, cinta negra, 1er. dan, de S.A.I.-Do; un sistema cubano de defensa personal.  

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