sábado, 12 de diciembre de 2015

La endeblez del sistema de bodegas en Bayamo

La Empresa de Comercio y Gastronomía del municipio ha tomado medidas radicales para solucionar su ineficacia.

Por Ricardo Sánchez Tamayo/ HABLEMOS PRESS.

GRANMA.- Las historias que se tejen alrededor de las unidades pertenecientes a la Empresa Municipal de Comercio y Gastronomía en Bayamo, provincia Granma, la convierten en objeto de atención y debate popular, más por lo truculento que por el cumplimiento de la misión para la que fueron creadas.

La función de estas “bodegas”, como se les conoce popularmente en todo el país, consiste en distribuir mensualmente la canasta básica asignada por el gobierno a cada cubano. Así ha sido desde los inicios mismos de la Revolución, aunque la tendencia de los últimos años apunte a una disminución gradual pero constante de los productos, los cuales son vendidos a precio de subsidio.

Amén de esta disminución, la canasta básica continúa siendo la alternativa principal para miles de familias que dependen de ella para su sustento, pues los ingresos económicos no les son suficientes para pagar el precio de los productos en venta liberada.

El sistema de bodegas supone un engranaje que comienza desde que la mercancía es elaborada o descargada en el puerto, hasta que llega a manos del consumidor. En él hay involucradas muchas partes y, en cada una de ellas, trabajan personas que tampoco están a salvo de la crisis, con salarios ínfimos, obligadas a lo que en las últimas décadas se ha convertido en el deporte nacional: el robo.

El Estado, en sus diversas e ineficaces medidas para volverse eficiente, reduce plantillas, realiza inventarios, envía inspectores y expulsa a empleados. Asimismo, impone normas irregulares a los trabajadores y administración de estas unidades, lo que comienza a hacer mella entre los integrantes de este gremio.

Fuentes anónimas confirman que próximamente serán despedidos 42 trabajadores. Y que además quedarán plazas de administradores vacías bajo las justificaciones de “bajo nivel educativo”, “incumplimiento de las responsabilidades asignadas” o “cambio de puesto laboral”.

Para confirmar la información nos comunicamos con Alberto Ramírez Ruiz, director de la Empresa de Comercio y gastronomía en el municipio, quien se negó a ofrecer declaraciones al respecto.

Sin embargo, los hechos hablan por sí solos: esta dinámica institucional ya ha cobrado en lo que va de año, tan solo en la ciudad de Bayamo, la vida de tres administradores por suicidio. 

Algunos afectados se han referido al asunto: “Las exigencias para cumplir el plan mensual, hagas ventas o no, son enormes; pues nos imponen cuotas altísimas. Otro tanto sucede con respecto al mantenimiento de los locales. No te ofrecen ningún recurso, pero deben estar (los locales) impecablemente limpios y pintados”. Por eso hay tantos faltantes. La causa de los suicidios, obviamente, es el dinero, expresó Osnel Jiménez, administrador de “La Rosita”, en el reparto Latinoamericano.

“La desmotivación que hay entre los trabajadores es visible. Nos esforzamos por cumplir un plan que es insostenible. Y aún cuando lo logramos, por decisión superior se desvían las ganancias a otros organismos. Esta acción perjudica el estímulo salarial. Eso sin contar el proceso inacabable de reducción de plantillas. Mes por mes sobra alguien, y para la calle”, explicó Orlan Rodríguez, quien administra la bodega “Victoria de Girón” desde hace más de 18 años.
 

Obviamente, la situación afecta también a los consumidores: quienes son además, en muchos casos, vecinos, amigos y familiares de estos trabajadores: Los comentarios sobre estas muertes y despedidos perviven en la voz colectiva.
Octavia Fonseca, de 69 años, lamenta lo que últimamente está pasando en las bodegas de la ciudad: “A cada rato nos llegan noticias de cambios, despidos o suicidios en las bodegas de la ciudad. Eso jamás había sucedido. Es evidente que el tema dinero acompaña a esta situación y lo entendemos pues entre esa gente hay padres, hijos y hermanos. Las cosas en este país están cada día más duras y sabemos que se les exige mucho, más allá de sus reales posibilidades. Creo que hay que ser más flexibles con los de abajo. Pues los de arriba también roban y no pasa nada”.

Por su parte, Benenciano Rodríguez considera que “lo que está sucediendo no debería asombrar a nadie. En este país se ha institucionalizado el robo. De otra forma no habría modo de vivir, pues lo que se ofrece a bajos precios no alcanza para todo un mes. Es lógico que se apoderen (de los recursos), los que tienen acceso a ellos y que cuando les fiscalicen haya faltantes enormes. Lo que siento es que tomen como salida quitarse la vida. Pero hay que analizar la causa para poder entender el efecto”.

Haydeé Quiñones, jefa de zona del centro de la ciudad, testifica sobre estos pormenores: “No hacemos más que cumplir con lo que está estipulado. No somos nosotros los que creamos las leyes ni los reglamentos. La responsabilidad nuestra es de control. Cierto es que reconocemos las causas de lo que está pasando, pero nos es imposible eliminar eso”.


Con respecto a la disminución de plantilla sentenció: “Es sabido que forma parte de un proceso de cambios que se operan actualmente en el país. No se trata de tirar a la calle porque sí. Ojalá esta situación cambiara. Eso seguramente evitaría los males tan dolorosos con los que nos estamos enfrentando. Principalmente el excesivo robo de los suministros, los elevados faltantes y la muerte de administradores”.   

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