miércoles, 2 de diciembre de 2015

La cumbre climática: una esperanza de desarrollo limpio

Foto tomada de la wed.

Por Armando Soler Hernández/HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- La recién finalizada cumbre climática en París trajo revelaciones y propuestas importantes de los países desarrollados para los países en vías de desarrollo. Contrario a los argumentos de algunos líderes izquierdistas, sobre todo latinoamericanos, acusando a los países ricos de contaminar cada vez más el planeta, los mandatarios occidentales de ese tan execrado Norte demostraron que la realidad contemporánea es todo lo contrario. Con cifras y datos transparentes hicieron notorio que la tasa de contaminación que se les atribuye  quedó estancada en los mismos niveles de la cita mundial anterior. Y que, para colmo, no por ello el crecimiento económico se detuvo, sino que aumentó, dejando atrás los rezagos de la crisis económica que se iniciara en 2008.

Estados Unidos fue el mayor expositor de esta tendencia renovadora de la concepción de desarrollo posible y cada vez menor contaminación. Y no sólo eso. Propuso extender medios técnicos y fuentes  energéticas no contaminantes a todo país que se interesara por disminuir sus fuentes de contaminación permanente.

Esta oportuna oferta permitiría verdaderos “saltos hacia adelante”, no sólo en el crecimiento económico más dinámico para los pueblos pobres o poco desarrollados, sino que a la vez los ayudaría a disminuir la enorme contaminación en la que también están sumidos y que muchos evitan exponer a la luz pública mundial.

Porque hay un hecho claro. Países de economía creciente, aun en buena parte enmarcados en viejos patrones de la era industrial, como pueden resultar China, la India, Sudáfrica y Rusia, no son señalados como grandes contaminantes mundiales por muchos fanáticos activistas que acuden a estos encuentros. Prefieren obviar esta realidad y enfocarse belicosamente en el mito de que las naciones más desarrolladas de Occidente son los máximos responsables de  la emisión de carbono  a la atmósfera.

Más, lamentablemente, no sólo estos gigantes del denominado Tercer Mundo contribuyen a la polución terráquea. Muchos pequeños países pobres emulan en irresponsabilidad ecológica y miopía sobre las posibilidades que nuevas tecnologías ofrecen para paliar viejos esquemas de desarrollo a los que se aferran, como puede ser por ejemplo el monocultivo,  la extracción de petróleo o el turismo expoliador. La realidad contemporánea demuestra que la fijación a esos trasnochados modelos de desarrollo en realidad estratifica económica y socialmente un mito de evolución que, de hecho, empotra en un escaso nivel de desarrollo a los países.

Para nuestro país, anquilosado en un modelo económico desfalleciente, inmovilista y temeroso de cambios radicales, todo bajo una égida de militares con estrecha visión de lo que consiste el desarrollo nacional, la oferta de los Estados Unidos lanzada en esta cumbre mundial podría ser la tabla de salvación.
Sin embargo, esta posibilidad no resulta facilitada por la parte  insular en las recientes conversaciones bilaterales dirigidas a la normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba. La clase militar que gobierna nuestro país insiste en no abandonar la posición de víctima desde la cual creara toda una estructura de inmovilismo patriotero. Se niega a abandonar ese obtuso esquema con el pretexto de defender una soberanía nacional cada vez más escuálida y debilitada por la fuga creciente de sus ciudadanos, desesperados ante un estancamiento social y económico que desgasta sus vidas tal como desgastó la de sus mayores.

Adoptar pasos responsables que vayan facilitando el despertar económico mediante el aporte que puede traer al país el knowhow y el capital y tecnologías modernas y descontaminantes norteamericanas daría un vuelco positivo a la vida de los ciudadanos de la maltratada república. Sólo con el ejemplo de la masa automotora nacional bastaría para demostrar este aserto en la práctica. La gradual sustitución de los vehículos que circulan por las ciudades y el país, con motores que contaminan a más no poder, por otros  de moderna tecnología no-contaminante y basada en energía renovable, el cambio en la calidad del aire que se respira en nuestro país sería radicalmente distinta.
 
El acceso masivo a la importación de vehículos con estas características sería no sólo un paso realmente favorable a la salud de la población,  mucho más allá de vanos eslóganes y ditirambos ideológicos. También resultaría el primer paso de concreto aporte  cubano a la salud de la Madre Tierra, ayudando a que todos en el planeta respiren un aire un poquitín más limpio.

De esa manera, nuestro país podría ir abandonando poco a poco la escabrosa dependencia que tiene del petróleo de importación, causa y vehículo de más de una  larga metida de pata nacional. Poco a poco se iría adoptando medios de producción de energía renovable nacionales, hasta alcanzar niveles verdaderamente determinantes. Como otros posibles bases prácticas para nuevas y baratas tecnologías en uso creciente, la isla posee una larga y estrecha configuración geográfica, con un enorme  kilometraje en costas que permitiría la explotación cada vez más exhaustiva de la energía limpia de los vientos alisios que la cruzan  y el constante fluir de las mareas que la visitan.


La oferta que esta cumbre ecológica recién concluida ofrece para lograr una arrancada al verdadero desarrollo de nuestro país no debe ser desoída por aferramientos  viejas fórmulas estériles, que hasta el presente sólo han producido estancamiento, miseria y emigración.

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