miércoles, 16 de diciembre de 2015

El transporte urbano de La Habana: Discotecas rodantes

Cada vez son más las críticas a la música alta en los diferentes medios de información; sin embargo, lejos de reducirse, el fenómeno se intensifica.
Por Yamilé Naranjo Figueredo/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Una de las formas más dañinas de contaminación que hoy afectan a la principal urbe de Cuba es la contaminación sonora; manifiesta en el ruido que producen los autos y las fábricas, el bullicio de la gente y la música alta, que desde las viviendas, los centros recreativos y, sobre todo, desde los ómnibus, atormenta a las personas. 

El estado de opinión de la población capitalina se refiere a una falta de conciencia, de civilidad, por parte de los conductores, quienes imponen no solo sus gustos musicales al viajero, sino que abusan también de su maltratada paciencia, elevando la música a decibeles inaceptables.

“Ojalá el P-4 no venga hoy con música, porque me atormenta. No se entiende lo que dicen. No es que no me guste la música de estos tiempos, ¡pero hay cada temas que dan de qué hablar!”, expresó Esther Montoya, una señora mayor que depende del transporte urbano para su movimiento cotidiano.

El fenómeno, además, tiene otras consecuencias; pues los menores de edad cada día se ven expuestos a la influencia de las letras grotescas del reggaetón.
“Hace unos días le pregunté a un chofer que si podía bajar un poquito la música y me dijo: `Tía, hubieses cogido un taxi´. ¿Y para qué quejarte si al final [los choferes] siguen haciendo lo que les da la gana? No tienen respeto ninguno hacia el pueblo”, agregó Montoya.

“Tengo un reproductor de música, pero la pongo bajita. Nada de esa música chabacana. Yo la escucho en casa, pero aquí se está trabajando con público, así que pongo salsa o temas románticos”, expresó un chofer de la ruta P-11, que cubre el recorrido entre el Vedado y Alamar.

Sin embargo, entre la población que utiliza a diario este medio de transporte, los hay que gozan con la lírica del reggaetón y demandan los altos decibeles que molestan a ancianos y personas trabajadoras.


“Se me acercó un muchacho y me dijo que si no tenía otra música, refiriéndose obviamente al reggaetón. No tengo esa música´, le dije, y me respondió que yo era un cheo, que no es lo mismo escuchar un buen tema y que se entienda a la música que estaba poniendo”, expresó el chofer de la ruta P-11.

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