lunes, 21 de diciembre de 2015

El año que viviremos peligrosamente en Cuba

Trabajadores por cuenta propia empujan triciclos con productos del agro. Foto/ Elio Delgado.

Por Armando Soler Hernández/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Nuestro país permanece al pairo en un estado de catatonia social. Desde el Período Especial, las cotas de producción estatal se mantienen en perenne abulia en cantidad, calidad y variedad. Son ejemplos de penuria reglamentada. El pan diario de menos de 80 gramos, el pollo de población, las cinco almohadillas sanitarias al mes para cubrir la menstruación femenina, el problema del transporte. Todo en una larga lista de escaseces.

Lo único que prospera es el mercado negro. Ocupa el espacio de crecimiento que queda yermo por el Estado, patrón mayoritario del trabajo y la producción. Este estadio de cosas está demasiado acomodado a una reducida norma de consumo. Pasan los años y no se hace evidente el interés por incrementarla. A la par, con apenas superficiales cambios, permanecen las acostumbradas restricciones a la libertad de producción de bienes y servicios, de importación y exportación privadas. Apenas mencionada en los análisis económicos oficiales, la inflación es lo único que aumenta. Más, sigue siendo un peligro desconocido en cifras exactas.

Los beneficios incontables y directos del mercado norteamericano, del que los cubanos se ven privados por más de medio siglo, cumple ya un año de intentos de aproximación por la parte norteña. Sin embargo, es desoladora la respuesta oficial del poder en Cuba. El lema toral de “sin pausa pero sin prisa” ignora olímpicamente una situación de vida menesterosa y generalizada. Se va extendiendo por todo el país cada vez más, provocando un proceso de des-civilización, desgobierno y corrupción. 

Al no legislar ni dar pasos de realismo que dinamicen el beneficio de una economía gigantesca, la frustración de la población se generaliza, agotando las acumuladas esperanzas sin solución de los nacionales. La respuesta al proceso de una lenta y creciente conectividad con el mundo ha sido inmediata. Y ya provoca otra renovada estampida de fuga hacia el extranjero. Abundando en los más jóvenes y capaces, ahora crean hasta situaciones de crisis humanitaria en Centroamérica.

El campanazo de alerta a la crisis incontrolable que se avecinará, acaba de sonar el 6 de diciembre en Venezuela. Es muy probable que la nueva Asamblea Nacional de ese país dé pasos inmediatos para revisar,  mantenerse con nuevas condiciones o anular todos los planes de subvenciones internacionales que el chavismo montara en 17 años de gobierno. En especial, reducirán los niveles de influencia del gobierno cubano. El vital suministro de combustible a la Isla probablemente  sufrirá  una reducción drástica por dos razones fundamentales. La primera, como resultado de la tan polémica política entre dos bandos con preponderancia en los instrumentos de gobierno y que parecen irreconciliables. Y la segunda, porque con la tendencia a la baja en los precios internacionales, para Venezuela se vuelve ya onerosa la extracción y comercialización del petróleo, dados los elevados costos de la producción nacional, dejando mucha pérdida.

En una reciente entrevista al diario El País (12-10-2015), el académico cubano residente en Estados Unidos, Carmelo Mesa Lago, asegura que una reducción o corte drástico de esta subvención petrolera afectaría mucho menos a Cuba (35% del comercio exterior) que el corte que sufriera cuando ocurrió el fin de la URSS (69% ídem). Sin embargo, sus vaticinios pecan de demasiado optimistas. Pese a las elevadas cifras de ingreso por el alquiler del personal médico, uno de las entradas más limpias de polvo y paja que obtiene el régimen militar de la Isla, esto quizá incide en los proyectos del régimen, pero no en la vida de sus ciudadanos.

Desde el año 2000 hasta la fecha, el crecimiento nacional ronda el 1%. Esta cifra, inamovible por quince años, no es un índice tranquilizador. Desde el desmorone del Campo Socialista, Cuba sufre de un deterioro constante en todos los niveles de vida del pueblo y la débil base material que le da amparo. Es algo tan evidente que cualquier visitante que repite su estadía luego de un año de ausencia lo constata con incrédula consternación. En este panorama, ¿qué le espera al país, a un pueblo mayoritario que ya está “en las llantas”?

Pese a la absurda e irresponsable visión que trasmiten los medios de comunicación nacionales y, sobre todo, Telesur, imagen terciada y triunfalista de un chavismo que de hecho fue desechado por una mayoría aplastante del pueblo venezolano, ¿en serio debe tranquilizarnos que el inmovilismo del avestruz con la cabeza enterrada es la mejor de las soluciones para salir de una gran crisis que se aproximará sobre la elemental base energética y de consumo que nos sustenta?

La deriva de la propia existencia y de los acontecimientos da giros radicales que, más que sorprendentes, son dados por el ajuste que la realidad siempre le impone a los sueños más delirantes de los hombres. El odiado Enemigo de años, el vecino americano que ahora tiende su mano y su indudable peso de influencia, resultará el único asidero viable del presente para una economía cubana más que empobrecida, y sin un modelo de sustentación viable por sí misma.


En breve tiempo, el sistema imperante en la Isla se despertará de su letargo catatónico y todos descubriremos las verdaderas proporciones del tiempo que pasó, envejeciendo y deteriorándolo todo a su alrededor. Y la esperanza no estará en otra vez sumirse en la parálisis y la tranquilizadora contemplación del ombligo.

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