sábado, 26 de diciembre de 2015

Cubanos preparan (o no) su Navidad

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Los cubanos, fiesteros por idiosincrasia, se preparan para la Navidad y el fin de año en medio de una situación de frustrante carestía, escasez y falta de dinero. Algunos planean una comida familiar acorde a su bolsillo, otros no saben qué podrán comer y, los menos, tendrán abundancia.

La mayoría prefiere festejar el año nuevo y desestiman la Nochebuena. Debido a la pérdida de la tradición, por décadas de prohibición oficial y falta de recursos.
En el campo o entre campesinos radicados en las ciudades y sus descendientes, se conservó más. La madre mayor parece nuclear a la familia para la celebración.

El Estado estableció el día 22 de diciembre como “Día del Educador”, en que los padres se sienten presionados a regalar a los maestros de sus hijos y financiar una fiesta escolar, en lo cual gastan lo que les falta luego para una comida de Nochebuena.

La pérdida cultural de la Navidad, para generaciones, hace raro el caso de Cuba frente a los países del extinto campo socialista: Fidel Castro desechó las tradiciones y estableció celebraciones nuevas; las fechas de su ascenso y las de sus organizaciones.

Muchos, a contracorriente, conservaron la costumbre, otros, que nunca la conocieron, la retomaron desde los años 90, con elementos aprendidos en películas extranjeras.

Aun hoy, el Ministerio de Educación conserva vigente su resolución ministerial que prohíbe decorar las escuelas con el árbol de Navidad “por ser un símbolo religioso”.

No hay, o es paupérrima, decoración navideña en las tiendas; solo y parcialmente en las tiendas dolarizadas, cuyo abastecimiento merma cada día: Carecen o escasean los turrones, y no venden guirnaldas de luces desde 2014.

Tradicionalmente, el 24 de diciembre, la Nochebuena, era fiesta de reunión familiar con una copiosa comida; almuerzo de lo sobrante al día siguiente y el 31, la despedida del año viejo y la celebración del año nuevo.

El puerco asado es el plato principal de nuestra Nochebuena, y la costumbre lo acompañaba con masas de cerdo y pollo frito, arroz blanco, frijoles negros, yuca (mandioca) plátanos verdes fritos (“a puñetazos”, “tachinos”) ensalada de lechuga, tomate y rabanitos, buñuelos en almíbar y, desde España, vinos, turrones, castañas, nueces, avellanas y manzanas; con uvas el último día del año.

Imposible hoy, salvo para aquellos que reciben una remesa cuantiosa desde el extranjero, o la visita de un familiar desde el extranjero, o grandes ingresos por negocios generalmente ilegales, o el robo al Estado y, por supuesto, para los que mandan.

También en diciembre se celebran los “toques de tambor”, religiosos de la Santería, muy extendida desde fines de los 90; no por Navidad, sino por propiciar con sacrificios de animales el nuevo año y vaticinar el futuro.

Al preguntar a una serie de personas sobre sus planes para el 24 de diciembre recibimos las siguientes respuestas:
Empleada de cafetería particular, mediana edad: “Tengo que trabajar. Cuando termine iré a casa de mi abuela a comer. Nada en particular, todos los 24s voy a su casa o ella viene a la mía a comer.”

Una señora, de origen campesino: “No acostumbro a hacer nada el 24. El 31 sí; tenemos la gran comida, con puerco, yuca, en casa de mi abuela”.
Barbarita, madura, católica practicante: “Muy feliz, porque mi hijo vino con su esposa desde… (un país del Cono Sur) y comeremos en casa, juntos”.

Otra señora, mayor, católica practicante, nivel de vida bastante alto por tener familia en EE.UU. y un hijo que “lucha” en empresa estatal: “Siempre hacemos una comida con todos los hijos y nietos; luego mi esposo y yo vamos a la Misa del Gallo. Ellos no quieren ir, tienen un sentido muy materialista de la Navidad y beben más de la cuenta ese día; me culpo, porque de niños no les enseñé la Fe por miedo a que los perjudicaran en la escuela”.

Rolando, anciano, barrendero y jardinero retirado, muy pobre, católico: “No sé si mi hijo preparará algo y vendrá con mi nieta. Iré a misa temprano, comeré con ellos lo que haya y veremos televisión; no importa si uno come nada más que un boniato sancochado; lo importante es comerlo con paz”.

Una bisabuela, ama de casa, en cuyo patio celebraba su numerosa familia; fiestas con puerco asado a la parrilla; parientes en el extranjero, otros en negocios ilegales: “Como siempre, una comida en familia, pero ya no es como antes; unos se fueron del país, el otro murió. No podemos asar un puerco entero, haremos masas de puerco”.

Dos vendedoras del agro particular de Santos Suárez explicaron que harían comidas normales: “Tengo que trabajar estos días. La cosa está mala y ahora en enero y febrero casi no hay ventas, porque todo el mundo se gasta todo en diciembre”.

La cocinera de una casa particular, mayor: “Por el Día del maestro gastamos mucho; le debo adelantos al señor que me emplea; mi hermana “del Norte” no mandó nada; ella se operó. No sé qué pondré, depende de si mi nieto aporta o no. El año pasado puse carnero y unos pescaditos de la carnicería y oímos música; pero éste todavía no sé qué pondré. Por donde vivo, los vecinos ganan como buscavidas, pero en la Nochebuena pasada todo estaba oscuro y por la calle igual, ninguna fiesta, salvo excepciones. El 31 hay mas animación. Los borrachos se emborracharán, cualquier fecha les sirve de pretexto”.

Un anciano, muy pobre, viudo, familia numerosa, Bautista: “No haremos nada, ni el 24 ni el 31; como cualquier otra noche. En la Iglesia festejaron con una comida el día 12, no sé porqué tan temprano”.

Un vecino de La Habana Vieja: “En los trabajos la gente se pone de acuerdo y hace su fiestecita de fin de año. En la calle no veo ningún  entusiasmo. Si ves lucecitas en un balcón es gente con familia fuera que le manda dinero, o que rentan una habitación a turistas”.

Los encuestados, dijeron unánimes: “El 24”, ninguno dijo “Noche Buena” y menos “Pascua”; ni siquiera los cristianos practicantes. Y en varios casos, la fiesta familiar ocurre en torno a la abuela, matriarca con hijos adultos.

Quien escribe, compró una libra de puerco, unos pocos productos del agro, dulces artesanales y una botella de cidra, con un gasto de 259 pesos cubanos, equivalentes a 12.94 dólares estadounidenses. Superior al salario de un mes para la mayoría.


En vísperas de fiestas, enrarecidas “a la cubana”, los preparativos son frustrantes para los más y, como en Belén, Cristo nace pobre y sin que lo reconozca casi nadie.

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