sábado, 26 de diciembre de 2015

Cuba: Curiosidades de Navidad

Un arbolito de navidad en una institución estatal este 2015-2016. Foto/ Weiner A. Martínez.

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Algunas curiosidades de Navidad y fin de año en Cuba, según tradiciones de familia y testimonios de viejos:
Antes de los años 20, no usaban en Cuba el árbol de Navidad (costumbre anglo-sajona) sino que decoraban, según la tradición católica española, con "el nacimiento" (“Belén” en España).

Las figuras de yeso que representan al niño Jesús en el pesebre, van junto a María, José, el ángel, animales, pastores y reyes magos; luego ambos adornos se une y el nacimiento se monta al pie o cerca del árbol.

El árbol navideño llegó en los años 20 desde EE.UU. Eran de alambre y papel pintado. En los años 50 abundaban de ese tipo, pero predominaban los naturales de casuarina a 3, 5 y 10 dolares, según su tamaño. También importaban costosos abetos desde Canadá.

Nadie en Cuba dice: Árbol de Navidad, sino “el arbolito de Navidad”.
Es el único país del campo socialista en que la tradición de la Navidad se perdió para la nueva generación por prohibición estatal. Al igual que otras, como la noche de San Juan.

El ataque a la Iglesia católica comenzó en 1959, se recrudeció en 1960 con turbas que saboteaban las misas dominicales e insultaban a los fieles durante su trayecto al templo; antecedente de los actuales “mítines de repudio”.

“Católico” era sinónimo de “contrarrevolucionario”; el catolicismo de la mayoría era superficial, pero la Navidad tenía arraigo y Fidel Castro se aplicó a despojarla de su carácter religioso.

Entre los años 1961-1966, las denominó “Navidades socialistas” y junto a postales de Pascuas vendieron otras con mensajes de “Felices Pascuas Socialistas” y “Feliz Aniversario de la Revolución”, que mezclaban símbolos navideños con paisajes cubanos y dibujos de milicianos y militares barbudos.

Durante una de estas “Navidades socialistas” (creo que la de 1965-66) Castro, en un discurso, se extendió sobre el carácter extranjero, ajeno a nuestra cultura, del árbol de Navidad y dijo que debería ser la Palma Real, árbol nacional.

Y en las tiendas vendieron palmas reales "navideñas" de papier mache, que por el tronco liso y sin ramas, resultaron feos sustitutos del tradicional árbol navideño y muy pocos compraron.

En 1967, Castro anunció que no celebraríamos las Pascuas, el fin de año y los carnavales, en luto por la muerte de Ernesto Guevara, el Che.

En 1969 anunció que continuaría la suspensión de estas fiestas debido a la necesidad de no tener días feriados para esforzarse durante diciembre y enero, meses de zafra azucarera, para convertir a Cuba en el mayor productor de azúcar del mundo.

Trasladó la fiesta para el 26 de julio, aniversario de su asalto al cuartel Moncada: “Cuando nos hayamos desarrollado, podremos celebrar mejores Navidades”. También creó un “Día de los Niños”, para sustituir al Día de Reyes o Epifanía.

A partir de la prohibición, muchas familias guardaron sus nacimientos y adornos del árbol de Navidad, a veces heredados de sus padres, y volvieron a emplearlos después del 1998 cuando el Papa visitó la Isla. Otros los botaron como basura, por desesperanza.

Hubo familias que, a ventanas cerradas y en silencio, hacían su Nochebuena. Una de ellas, mi vecina Zoraida Roché, fallecida en 2015, vivió orgullosa de su fidelidad a la Navidad. Cierta vez guardó durante meses un paquete de frijoles negros, reservándolos para la fiesta.

En los 80, muchos funcionarios y militares que viajaron a la URSS y otros países de Europa Oriental, trajeron árboles de Navidad plásticos.
A fines de los 90, el Estado empezó a vender por dólares árboles plásticos y adornos navideños, pero sigue en vigor la prohibición de decorar con ellos las escuelas "porque es un símbolo religioso", según una resolución del Ministerio de Educación.

La pérdida de la tradición entre las nuevas generaciones hizo que celebrasen el 31 de diciembre más que el 24 y el 25.

Al hacer feriado el día 25, no aumentó la asistencia a los templos católicos, sino que tendió a disminuir, mientras crecieron en número la religión afrocubana de la Santería o Regla de Ocha y, algo menos, el pentecostalismo, con público que asistía antes a la iglesia católica.

En Nochebuena, antes de Castro, muchos festejaban sin asistir a la Misa del Gallo, excepto católicos practicantes.

Era tradicional comer 12 uvas a las 12 de la noche del 31 de diciembre (hace décadas que nadie las consigue y hoy son raras y costosas). Raúl Castro, que ama los cañonazos, cambió las uvas por los proyectiles al decretar, en 2009, el disparo de 21 cañonazos a las 12 de la noche del 31 de diciembre, en honor a su toma del poder en 1959 desde la fortaleza colonial de La Cabaña.

El 30 de diciembre de 2009 los ensayaron con 6 o 7 zambombazos y el periódico previno a la ciudadanía para que no se alarmara.

También le colgó la ceremonia de los 21 cañonazos al 28 de enero, natalicio del muy civilista y antidictatorial José Martí, apóstol de la independencia de Cuba.


A las 12 de la noche del 31 de diciembre, pocas personas arrojan agua a la calle desde sus balcones, como se usaba antes. Y, desde hace varios años, muchas familias dan la vuelta a la manzana cargando valijas, como magia imitativa para conseguir marcharse del país en el nuevo año.

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