jueves, 19 de noviembre de 2015

“Pepe”: Veterano de la Guerra de Angola, último habitante de La Esquina de Toyo

Algunos vendedores en los bajos de la edificación.
Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.
LA HABANA.- “Pepe, el loco”, como le dices,  es José Drauguet Sarría, el último habitante del edificio “La Esquina de Toyo”, en la Calzada de 10 de Octubre número 401 de la capital,  por derrumbarse en cualquier momento.
Cuando joven, Drauguet fue considerado apto para enviarlo a la guerra de Angola. Y el estrés post-traumático de todo conflicto armado hizo su faena con él. Como miles, regresó con esquizofrenia paranoica, y como decenas de miles de ex-veteranos, se volvió un alcohólico.
Hoy  es desechado por las mismas autoridades que lo enviaron a matar o morir.  Y en la Esquina de Toyo, con 56 años de edad, “Pepe” acumula basuras, recoge animales muertos en la calle –los devora, según rumoran los vecinos- y algunas veces  es arrestado por provocar incendios.
En ese notable edificio de La Habana (allí residió el dictador Batista cuando era sargento taquígrafo), lo crió una tía, la que al morir le dejó el apartamento en propiedad. No era militar, pero veinteañero nacido en 1959, “la Revolución lo necesitó” de 1985 a 1987.
Allá lo destruyó la guerra, y aquí le destruyó la vivienda la incuria estatal – lo que es intrínseco a la “Revolución”. Pese a las reiteradas promesas de las autoridades a los vecinos de restaurarles ese edificio de principios del siglo XX, y que todavía deja la engañosa impresión de parecer indestructible, nada se hizo por salvarlo.
Por su condición de “Combatiente internacionalista”,  al regreso “Pepe”  se le asignó la pensión correspondiente -que nadie sabe si la recibe o quién la cobra-,  y la medalla.
Al igual que los demás vecinos del edificio declarado “inhabitable”, a principios del 2015 “Pepe” recibió un apartamento cercano al paradero de ómnibus de Lawton, lo que constituye una rara buena fortuna para los desalojados por derrumbes.
En este apartamento ahora vive su padrastro o tío político, Ángel López, acerca del cual existe cierta preocupación familiar sobre si  desatiende a Pepe y se intenta adjudicar esa propiedad.
Según confió uno de los entrevistados, quien no quiso que su nombre fuera revelado, “Pepe” tiene un hijo y una hija adultos. Es tranquilo, aunque alguna vez  sufre momentos de agresividad. Su yerno Jesús, vecino de Diez de Octubre número 411, le gestionó un par de ingresos en Mazorra, el Hospital Psiquiátrico de La Habana. Cuando sale de alta se comporta un tiempo tan normal como usted y como yo; pero luego deja de tomar sus medicamentos para beber, y enloquece. Quiere vivir en el apartamento donde se crió y dice tiene la misión de hacer allí un templo religioso; cualquier día morirá aplastado junto con otros borrachitos sin hogar que se refugian allí a dormir. Debería ser atendido por el Gobierno. No basta que le dieran una pensión que ni averiguan si cobra. Le corresponde ser ayudado por la Casa del Combatiente, que está en Rabí y  Correa, pero los “combatientes”- veteranos - se quejan de ser mal atendidos allí. A esa institución le corresponde tramitarle tratamiento en el consultorio del médico de familia número 14 y en el Policlínico de Luyanó. Pero nadie hace nada”.
El miércoles 14 de octubre a la 1:40 de la tarde, ante La Esquina de Toyo los curiosos contemplaban un carro bomba del Comando 8 del Cuerpo de Bomberos y dos autos patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria.
“¿Qué pasa? ¿Hay fuego o es otro derrumbe?”, preguntaban en la multitud. Y alguien respondió: “Nada, es “Pepe”, que volvió a prender fuego. Ahora lo arrestan, pero como siempre, lo sueltan enseguida… hasta que lo vuelva a hacer y se mate. Míralo”. En esos momentos, un policía sacaba del enorme edificio en ruinas al demente, las manos esposadas a la espalda.

Mientras en la T.V. el Estado se auto glorifica reponiendo su serie documental: “La Epopeya de Angola”, miles de “Pepes” y “Pánfilos” arrastran vidas infrahumanas por el alcoholismo que les fomentó el Alto Mando y por heridas psicológicas no tratadas. Son “héroes” desechados, y que oficialmente no existen.

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