martes, 24 de noviembre de 2015

Los trucos de la ONAT para explotar al sector privado en Cuba

Mientras el impuesto fijado por el Sistema Tributario en Cuba establece una tasa del 10 % para Trabajadores por Cuenta Propia, el pago real que realizan estos contribuyentes alcanza el 30% de sus ganancias.
Por Yixander Doimeadiós/ HABLEMOS PRESS.
LA HABANA.- Hace ya algún tiempo escribí un artículo que aborda la manera en que la Unión Eléctrica de Cuba malversa dinero a sus usuarios. Al parecer, se trata de una práctica extendida a otros sectores y empresas estatales donde, más que cumplir su verdadera función social, saquean los ya famélicos bolsillos del pueblo.
La ONAT (Oficina Nacional de Administración Tributaria), entidad gubernamental encargada de recaudar los impuestos a nivel nacional, no escapa a esta práctica. La legislación fundamental por la que rige su funcionamiento es la Ley 73 del 4 de agosto de 1994.
Esta tiene como objetivo establecer los tributos y principios generales sobre los cuales se sustenta el Sistema Tributario de la República de Cuba, que define como Sistema Tributario al conjunto de Impuestos, Tasas y Contribuciones que aplica el Estado a los Contribuyentes.
Sobre esto, me gustaría apuntar algunas irregularidades; tácticas que empañan la buena imagen de la ONAT, o específicamente de sus funcionarios, a la hora de establecer las tasas impositivas a personas naturales o jurídicas, y de implantar los montos a pagar mensualmente por las licencias de actividades por cuenta propia.
Un empresario equis, con una licencia equis, no solo abona una cantidad de dinero mensual por el permiso de ejercer esa actividad, sino que también tiene que pagar la seguridad social, quiera o no, de lo contrario no le entregan el permiso.
Además, debe ingresar el 10% diario de todas sus ventas; no el 10% de las utilidades diarias, que sería lo más lógico. Todos sabemos que dentro de la venta de un producto equis, están el costo de este, los gastos de transporte, almacenaje, salarios, etc., más el margen de utilidad.
Luego, por un producto equis cuyo precio de costo son 10 pesos y se vende por 15 pesos, en vez de pagarse el 10% de los 5 pesos de utilidad, siendo el pago de solo 50 centavos, hay que pagar el 10% de los 15 pesos obtenidos, equivalente a $1.50, o sea tres veces superior a lo debido.
A esto debemos sumar, tal vez como valor simbólico agregado, que realizar negocios en Cuba entraña un esfuerzo superior, por la escasez de materia prima, insumos y por la burocracia, además de tener que “caminar por una cuerda floja” para no infringir ninguna de las mil leyes reguladoras, o al menos que no descubran la violación.
De este modo, la ONAT se embolsilla $1.50 de cada $5.00 que produce el particular, siendo en realidad un 30% de su utilidad, y no el anunciado 10%.
Si a eso le sumamos lo que debe pagarse mensualmente por la licencia, la nómina diaria (si se tienen empleados), la seguridad social, el impuesto sobre utilidades de fin de año, más la extorción mensual de los inspectores a cambio de “protección”, el cuentapropista ve esfumarse aproximadamente 4 de cada 5 pesos que produce.
Tomando como ejemplo a Chile, país también latinoamericano, las tasas impositivas a las empresas son inferiores al 20%, siendo una de las más bajas, mientras que Argentina, con una tasa de más del 30%, está a la cabeza de los que más pagan.
Este sería un indicador negativo para posibles inversores en Cuba, que lógicamente buscarán maximizar utilidades y para ello escogerán a aquellos países que, además de otros aspectos, tengan bajas tasas de interés sobre los ingresos.
Nuestro país es atípico en este aspecto, y el naciente pequeño empresariado sufre de un sistema draconiano de impuestos, que lejos de permitir la creación de riquezas, los despoja de gran parte de ellas, siendo esto un catalizador de las quiebras anticipadas.

Así, valiéndose de la ONAT, el gobierno cubano también ha vuelto a emplear a muchos de los que, probando suerte en los negocios, decidieron abandonar sus antiguos puestos estatales de trabajo, sin percibir, en la mayoría de los casos, que para el Estado son simplemente trabajadores explotados por cuenta propia.

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