miércoles, 11 de noviembre de 2015

Los ejercicios de los presos cubanos

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Pese a las pésimas condiciones de alimentación, ventilación, higiene y salud imperantes en las cárceles cubanas, muchos reclusos muestran el torso y los brazos musculados. Lo logran con ejercicios gimnásticos y una dieta a base de carbohidratos.

Según información brindada por varias personas, entre ellos un ex-empleado del penal Combinado del Este, así como de Roberto de Jesús Guerra Pérez director y periodista del Centro de Información Hablemos Press, y Oscar Sánchez Madan, corresponsal, ambos sufrieron prisión, los reos practican sus ejercicios sin equipos, con escaso tiempo de patio, hacinados en “las galeras” y con alimentación escasa en proteínas y abundante en carbohidratos: pan, panqué, arroz, etc.

Muchos obtienen desarrollo con dos ejercicios solamente, las “planchas” (lagartijas), y el “torito” (parecido, pero con los brazos extendidos en línea recta con el cuerpo y las piernas; apoyadas las manos en un muro o cama y con los pies en el suelo).

El torito, en el Combinado del Este, lo hacen agarrándose de rejas o de esas piezas de hormigón de las ventanas que impiden la vista al exterior y semejan persianas.

El principiante se inclina respecto a la pared con las manos más altas y, con el tiempo, según gana en fuerza, baja más las manos, aumentando paulatinamente el peso del cuerpo a levantar hasta elevarse desde una posición casi horizontal.

Según, Sánchez Madan, además de los ejercicio referidos, en el año 2007, cuando cumplió prisión en el Combinado, tenían en el patio unas barras paralelas medio rotas y jugaban baloncesto; pero dan solamente una hora de patio de lunes a viernes y la quitan cuando quieren.

Adentro, algunos llenan una bolsa con pomos plásticos de agua y hacen “curl”, para bíceps, con esa “pesa” improvisada, pero los guardias lo prohíben y les confiscan pomos y bolsas cuando los sorprenden. También los guardias son aficionados a los ejercicios.

Las condiciones de vida en encierro hacen que para muchos el ejercicio sea medicina, escape de la realidad y hasta obsesión, por la misma necesidad fisiológica de movimiento que lleva al hámster a correr en su rueda.

Como experimentó quien escribe, en 41 días de celda tapiada en Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado: Unos nos ejercitábamos mucho y otros, los más, dormían. No ejercitarse en cautiverio acarrea mayor ansiedad, depresión, mala circulación, pérdida muscular y obesidad.


Otro entrenamiento, entre los presos comunes, es la esgrima del cuchillo; la cual llegó a la calle y a los escolares debido a la influencia social de la gran población penal, calculada entre un 1 y un 1,5 % de la población de Cuba; que se renueva: pues salen unos y entran otros.

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