jueves, 19 de noviembre de 2015

Estado de Bienestar y clientelismo

Zona Euro. Foto/ Roberto J Guerra.
Por Armando Soler Hernández/ HABLEMOS PRESS.
LA HABANA.- Aunque la situación de desajuste económico europeo parece arrumbada en lento ascenso hacia la normalidad, este proceso se manifiesta de una manera más inestable en los países mediterráneos de la denominada “Zona Euro”.
A pesar de ello, un índice muy importante de reequilibrio, la relativa poca emigración inter-europea de la masa laboral altamente especializada, indica que la tendencia hacia la estabilidad no le resulta tan ajena, incluso en un país tan convulso como Grecia. Tras varios años de notorios problemas económicos y exaltadas manifestaciones de inconformidad clientelista, y que en la actualidad manifiesta abismales índices en desequilibrios entre la deuda interna y externa, el rango de emigración se mantiene en bajas cifras.
 Probablemente se halle alguna pista que explique la paradoja  en lo que la necesidad perentoria va revelando de lo que otrora parecía  un ejemplo modelo de Sociedad de Bienestar y de beneficencia pública europeas.  De hecho, la vieja fórmula de justicia social socialdemócrata, a fuerza de brindar  redistribución cada vez más exagerada a troche y moche, se puso a gastar más de lo que se produce, y llegó a un callejón sin salida.
Sin embargo, dentro y fuera de la “Zona Euro”, no ocurrió igual en todos los países del área. Como aislados oasis de su generalizada práctica del Estado de Bienestar, aun encontramos ejemplos que permanecieron  sólidamente asentados en medio de los embates más violentos de la crisis que se iniciara en 2008.
Por ejemplo, Austria. El ingreso promedio de una persona es de $50,700 dólares, y el mayor impuesto sobre la renta equivale al 50%. O expresando la misma relación, pero con cifras aun más elevadas, está Dinamarca: $64, 000- 55.4%. (1)
Pese a la poca población (8,5 – 5, 6 millones respectivamente), ambas naciones son capaces de mantener un  eficiente servicio de redistribución de la renta a través de la seguridad social, logrando sostener el Estado de Bienestar. La fuente de tamaño volumen de riqueza en movimiento son unos pocos millones de trabajadores, los que sin embargo producen un gran volumen, tanto en bienes como en servicios, con alto valor agregado.
Pero por encima de las cifras, y dándoles su máximo valor,  es en las mismas personas donde se encuentra la fórmula de garantía de la redistribución sin mayores quebrantos. Es el resultado de una desarrollada conciencia social que los aleja lo suficiente de volverse adictos a un enfermizo clientelismo populista, a una dependencia extrema a la subvención sin a cambio dar la respuesta económica correspondiente. A la vez,  es de pleno acuerdo  en toda la sociedad, y que goce del amparo y peso de la ley, que estén establecidos mecanismos de transparencia informativa que permitan la celosa vigilancia del empleo en los recursos recaudados por el Estado para su re-distribución.
Este sano equilibrio no  está a prueba de futuras crisis. El equilibrio logrado  para que funcione de manera sostenida es intangible, y por tanto muy frágil. Está basado  en la mayoritaria honradez y responsabilidad de todos los integrantes de la sociedad, educados en esa cultura para beneficio de todos.  Sin embargo, factores externos como la reciente emigración masiva de refugiados hacia Europa, no sólo integrada por individuos ajenos a esa cultura de la responsabilidad, sino que por experiencia ancestral consideran al Estado y al orden social como enemigos de los que desconfiar y medrar, podrían socavar seriamente el modelo de elevado desarrollo.
 En general, el Estado de Bienestar como modelo sustentable sufre de otras variantes en Occidente que, a la luz de los acontecimientos cercanos, resultaron ser menos responsables y mucho más deformadoras. Son los casos como Grecia, España, Italia, Portugal, y otros de menor gravedad, donde todas las fuerzas vivas de la sociedad, desde partidos y maquinarias políticas, pasando por grupos empresariales, sindicatos y la misma sociedad, participaron de un fraude a largo plazo. La sociedad se acomodó a recibir más mientras producía cada vez menos, y los estamentos dirigentes a favorecer esta tendencia  para llevar cada vez más agua a sus respectivos molinos. Y el resultado fue la quiebra y la insensatez, asentada en la mayoría de los más perjudicados, de no aceptar la dura realidad cosechada por años e insistir en que las cosas  mágicamente vuelvan a ser como eran. 
Por otra parte, esta modalidad de sistema deformador, pero muy utilizable con fines políticos calculados, también es aprovechada en nuevas reediciones del tradicional populismo latinoamericano.  Con esta variante moderna, los partidos y maquinarias políticas movilizadas por la izquierda encontraron un sistema casi perfecto para intentar mantenerse en el poder.
En su configuración los ayudó mucho el precedente continental e injerencia directa del totalitarismo cubano, la versión más burda del clientelismo y miseria institucionalizados. Puesto en práctica en Cuba hace más de medio siglo, y siguiendo con macabra fidelidad el modelo totalitario soviético, la nación quedó en ruinas pero garantizando un control inamovible para una cúpula militarista envejecida.
La rutina de subvención de la población a cambio de la pérdida de la capacidad de decisión ciudadana siempre tiene el mismo resultado: la pobreza y anulación de las libertades públicas y personales.
De esta lamentable tendencia, uno de los ejemplos más destacados de precipitación al abismo lo está dando Venezuela. Con una inflación de más del 50% en septiembre del 2013, en el presente es la más alta del mundo, calculada entre un 200 y 300% (1)
Notas:
1)   KPMG’s Individual Income Tax and Social Security Rate Survey 2012.


2)   Economista Alexander Guerrero, presidente de la firma TecnoEconómica en Atlanta. Y según los cálculos elaborados por Steve Hanke, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Johns Hopkins, la inflación anualizada supera el 600 por ciento.

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