lunes, 16 de noviembre de 2015

Dudas sobre la crisis de refugiados

Imagen tomada de la web.

Por Armando Soler Hernández/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- La crisis de refugiados provenientes del mundo musulmán comienza a tener un cariz incontrolable. Muchos huyen de conflictos regionales, guerras protagonizadas por grupos terroristas del yihadismo como el expandido Estado Islámico, Boko Haram en el África subtropical, o grupos adversarios por el poder en Libia. En resumen, los que se evaden emergen en oleadas interminables del Medio Oriente y el Norte de África.

¿Más por qué muchos de los refugiados de la cruenta guerra en Siria o del turbulento escenario afgano no buscan inmediato refugio en países musulmanes limítrofes, logrando alcanzar un lugar alejado de conflictos bélicos de manera mucho más inmediata y vital que en un azaroso e incierto viaje hasta la lejana Europa?

¿Y por qué países petroleros con incontables reservas de efectivo, como los de la cuenca del Golfo Pérsico o de Arabia Saudita, para colmo de religión musulmana como la inmensa mayoría de los refugiados que hoy inundan el continente europeo, no aportan sustanciosas sumas para aliviar la onerosa situación de sus hermanos de fe?

Por el contrario, cada vez son más elevadas las cifras de los que arriban a Europa Occidental. Y extrañamente, aunque la travesía es arriesgada, llegan en viajes que no  se caracterizan por el natural caos de una fuga precipitada, o sea, caótica diversidad de transportes, improvisación e irregularidad. Son partidas organizadas tanto en la disposición y tipo de medios como por la frecuencia de los viajes.

Esta organizada fuga provoca que  surjan serias sospechas en las cancillerías europeas y en medios de información pública. ¿Hasta que punto estas partidas están siendo alentadas y/o forzadas por los grupos terroristas, como parte de una estrategia de desestabilización de un Occidente todavía cargando con una larga crisis económica y contando con menos recursos para enfrentar una situación de inesperada emergencia?

Aun así, no todo podría atribuirse simplemente a una situación inestable o la presión amenazadora de extremistas islámicos. ¿Una buena parte de los componentes de esta creciente masa que emigra  la integran personas en peligro? ¿Muchos no estarán aprovechando la movida para lograr la categoría de refugiado y los beneficios de asilo en un país desarrollado que, de otro modo más ordenado y regular, sería muy difícil de alcanzar?  En medio de una cobertura informativa favorable a la crisis, ¿hasta qué punto el Estado de Bienestar europeo  se volvió una meta dorada?

Más, al manifestarse estas dudas, ponen el grito en el cielo organizaciones humanitarias de la sociedad civil europea. Sus estados de opinión son muy influenciados por la actividad movilizada de grupos que representan diversas manifestaciones de izquierda política anti-capitalista. Insisten en englobar a toda la masa que arriba como víctimas manifiestas, mas sobre todo, como herederas directas de los males, tanto supuestos como reales, de  antiguas prácticas imperiales europeas, acrecentando el peculiar sentimiento de culpa de parte del Viejo Continente por su largo  historial colonialista.

Sin embargo, ¿hay razones fundadas para dudar de los motivos e intenciones de muchos de los que se van sumando como auténticos refugiados? En especial porque tras su lamentable aspecto desamparado, dejan escapar propósitos manifiestos de destino final que resultan sospechosamente definidos para unas personas supuestamente agotadas y desorientadas.

En pleno comienzo del crudo invierno europeo, como una manifestación de clara ansia de supervivencia elemental, lo lógico sería que pidieran amparo permanente en las naciones limítrofes a las que de inicio arriban, como los países  balcánicos  o que bordean el Mediterráneo.

Sin embargo, las primeras fronteras que fueran cerradas a su paso, las respectivas autoridades alarmadas por un desborde de refugiados, hoy les dan paso porque  quedó bien claro que, al igual que los cubanos pasando por México, los emigrantes no pretenden quedarse allí. Ni siquiera quieren quedarse en Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra o España, antiguas metrópolis coloniales. Abiertamente manifiestan que su intención es continuar viaje hacia el Norte, atravesar trabajosamente toda Europa y asentarse en países como Suecia y Alemania, que apenas tuvieron pasado colonial, pero donde  está bien establecido el Estado de Bienestar  y una seguridad social envidiable a nivel mundial.

Una vez allí, hay posibilidades reales de lograr no sólo  de lograr alojamiento y ayuda de primera mano, sino hasta una residencia en un Estado de Derecho, algo con lo que no podrían ni soñar en sus países de origen.

Y por último, sería conveniente enfocar la mira de la duda en países como Venezuela, Cuba, Ecuador, los que se  proclaman abanderados de la verdadera solidaridad, acusando de hipocresía culpable a las naciones desarrolladas que enfrentan el problema de  fugitivos en masa. De acuerdo  a esa tan envidiable titularidad gritada a los cuatro vientos, sería muy conveniente que Occidente rentara enormes Post Panamax, y que repletados de tantos pobres expatriados, se los enviara por miles a estos campeones humanitarios.


Pero previamente, a los que viajarían habría que advertirles que, aunque marchaban a un “Continente de Paz”, como peculiarmente proclamara recién nada menos que un general de ejército-presidente, no se encontrarían con un acogedor y bien desarrollado Estado de Bienestar a disfrutar. La experiencia y conclusión con chilenos  de izquierda y haitianos desamparados que buscaron refugio en Cuba, pese a la opuesta gradación política y motivos, fue la misma. Como se dice en buen cubano, “salieron echando” en cuanto comenzaron a sentir en directo su pesada mano de sistema “solidario-totalitario”, huyendo hacia el “odioso capitalismo”,  pero desarrollado y con welfare.

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