martes, 3 de noviembre de 2015

Derrumbe por irresponsabilidad del Estado

INSEGURIDAD Y JUVILACION. Se desploma hogar de pareja de ancianos por negarles apuntalamiento.

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Una pareja de la tercera edad estuvo a punto de morir aplastada el domingo 25 de octubre por el derrumbe de su hogar. Era una vieja casa de madera cita en Tres Palacios número 210, entre Reyes y Blanquizal, en el barrio habanero de Luyanó.

Rubén Rodríguez Campos, de 81 años de edad, convive con la septuagenaria  y enferma mental María Aguilera desde hace 51 años. Ambos habitaron esa casa  por 7 años. Según Rodríguez, un hijo de la anciana, Fernando Mederos Aguilera, obtuvo de ella la sesión de la propiedad. Este hijo recibió un crédito estatal para la compra de materiales que se emplearían en la reparación.

Mas todo fue igual que con anteriores solicitudes: nunca hubo material disponible para adquirir. Pocas de estas antiguas casas de madera no tienen un estado ruinoso. Sufrieron el mismo, o mayor abandono oficial que las de mampostería para  facilitar recursos y restaurarlas, por décadas permaneciendo sin pintura ni tratadas contra plagas.


Dos meses previos al inminente el desplome, en vano el anciano Rodríguez solicitó con urgencia maderos para apuntalarla al delegado de la circunscripción  por el Poder Popular.

Rodríguez, moreno, alto, lúcido, orgulloso por haber salvado a su María, explica pausado: “Si yo no hubiera venido a tiempo, ella estaría muerta. Eran pasadas las nueve de la mañana, vi la separación entre la pared y  el techo de la casa y le dije:” ¡Sal, que la casa se va a caer!”. Ella no quería salir. Está mal de los nervios. Al fin salió, la senté en la silla en el patio, le preparé el almuerzo, y, luego, mientras almorzábamos, se derrumbó todo. Le dije al delegado Yasmani, el que no me dio los puntales: “Si ella hubiera muerto, te caía a puñaladas”.

Por quedarse sin vivienda, este mismo delegado les asignó un “albergue” en las afueras, en la antigua Escuela de Electrónica de Boyeros, a un kilómetro del pueblo de Mazorra y lejano de la parada de ómnibus.

Rodríguez se niega a residir allí. Es veterano combatiente de Playa Girón -Bahía de Cochinos (1961)- graduado adolescente de la 1ª Escuela de Artillería, fundador de las Milicias Nacionales Revolucionarias y condecorado. Combatió a las órdenes del  general Pedro Miret y del general Morfi.

Alega que la extrema lejanía de la nueva residencia le vedaría cumplir como custodio en un parqueo cercano al barrio donde vivía. Es un empleo del que depende, porque su pensión de retiro laboral como pintor automotor y de brocha” es de 242 pesos al mes -equivalentes a unos 8.40 dólares.

Rodríguez cobra otra suma similar empleado como sereno, mas tiene que caminar varios kilómetros apoyado en un bastón para acudir a trabajar porque “la 1 -ruta de ómnibus- nunca se sabe cuándo pasará.”

María Aguilera se hospeda en casa de su hijo, Ernesto, en Domínguez numero 329, en El Cerro, pero Rodríguez la quiere con él. Dice que este hijo la trata mal. Quiere habitar “con mi vieja”  en el cobertizo que llama “garaje”, mientras su hijastro, Fernando, reconstruye con el crédito.

Rodríguez pernocta una noche en casa de una nieta, otra en la de una sobrina, otra en el parqueo que cuida. En malas relaciones con los dos hijastros, aspira a reclamar su derecho:
“Esa casa de El Cerro me la dieron a mí, al principio de “la Revolución”. Antes vivía en Atarés, pero se me quemó la casa. No estuve ni 24 horas en el “albergue”. Entonces daban casas rápido. Luego ese “entenado” (hijastro) puso esa casa fraudulentamente a su nombre. Ahora el otro hizo lo mismo con la de María, y se derrumbó. Tengo derecho legal a ella, por vivir allí desde hace 7 años. En cambio, el delegado nos quiere meter en un albergue lejano. Esos pleitos demoran años y años. Necesito ayuda para reparar la casa o que me restituyan la de El Cerro. Pienso escribir al Consejo de Estado y al periódico Granma -órgano del Partido-. No a la Asociación de Combatientes. Ellos no se ocupan de sus miembros.”

Un abogado consultado, quién pidió no publicar su nombre, opinó legalmente sobre este caso:
“Abundan los casos de ancianos en enredos legales por sus viviendas. Éste en particular muestra el clima de precariedad de los jubilados por vejez. Hasta físicamente quedan desvalidos ante abusos judiciales, burocráticos y familiares. Además, dependiendo del salario o menos aun, de una pensión,  se encuentran con la imposibilidad de reparar sus viviendas”.


Adolescentes, los hicieron “heroicos soldados de “la Revolución”. Mas ahora son una carga y los desechan. Una población envejecida se encuentra  con que paga la culpa de no morir antes que sus casas.

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