lunes, 2 de noviembre de 2015

Cuba: Donde el miedo impide publicar casi todo lo que ocurre

DENUNCIA Y APOYO. En la foto una calle del municipio Centro Habana/HP

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Quienes leen noticias de Cuba, solamente ven la punta del iceberg; casi todo queda oculto, sumergido en el miedo a las represalias, e incluso, en la autocensura de los periodistas no gubernamentales y oficialistas amordazados.

Los que son reprimidos se ocultan por miedo a ser aun más perjudicados, o a que les hagan daño a sus familias. Los pocos que hablan, no quieren que publiquen sus nombres, y cuando el periodista pregunta, nadie sabe nada.

Sin acceso a información oficial de ningún tipo –excepto la que publica el Estado–, los periodistas tenemos que caminar las calles preguntando, atando fragmentos de información local, siguiendo rumores y fracasando si nadie se atreve a confirmarlos.

La falta de credibilidad en los periodistas independientes se debe a:
Amistades que no quieren saber sobre lo que escribimos, pero que atienden gustosos informaciones de medios extranjeros sobre Cuba.

“Noticias”, hechos insólitos, curiosidades, abusos que las personas viven y conocen, y aunque tentados a publicarlos… callan, por temor a perder el empleo o ganarse la cárcel.

Malabarismos para encubrir la identidad de quienes nos informan; lo cual nos demerita ante el público que lee que nuestras fuentes son “vecinos” o “funcionarios”, sin nombres ni apellidos.

En este mes recorrí una calle, indagando por la familia de un vecino muerto a puñaladas, pero todo lo que recibí fue recelo por parte de los interrogados.

Otros, militantes, se encargan de convencer a las personas para que no testifiquen ante la prensa no oficial, aunque es cierto que algunos van perdiendo el miedo a ayudar al perjudicado.

Hoy, algunos no creen las realidades que publicamos. Absurdas, aunque verdaderas.

Fidel Castro copió de Hitler la organización nazi de vecinos. Aquí se llaman Comités de Defensa de la Revolución (CDR), con los vecinos que espían a los vecinos. Tienen anotados nombres y direcciones.


“Yo no vivo aquí”, “no lo conozco, no sé donde trabaja, no sé de ningún derrumbe, no sé nada”. Son algunas de las respuestas más usuales.

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