lunes, 2 de noviembre de 2015

Caravana de la resistencia

CUADRO DENTRO DEL CUADRO. Imagen tomada por HP.

Por Dr. Eduardo Herrera/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Se ha hecho habitual cada domingo, que por la calle Línea, en el barrio capitalino del Vedado, pase una caravana de autobuses escoltados por patrulleros, caballitos (policías de la motorizada) y otros autos, pertenecientes al Ministerio del Interior.

En esas “guaguas” (autobuses), como le llamamos los cubanos, van las “Damas de Blanco”. Luego de ser detenidas y golpeadas, muchas de ellas a la salida de la misa en la iglesia Santa Rita de Casia, situada en la barriada de Miramar. Es allí donde piden libertad para los presos políticos y el cese de la represión en Cuba.

Son trasladadas hacia la Base militar Tarará, lugar ubicado al este de La Habana, a 27 kilómetros del centro de la capital. Junto a ellas, también son detenidos grupos de opositores al gobierno, que se han sumado a las manifestaciones pacíficas, recibiendo el castigo que suelen dar a quienes critiquen la política imperante.

Todas esas personas son conducidas por la fuerzas militares vestidos de civil, Brigadas de Respuesta Rápida (grupos llamados para reprimir a los que se manifiestan contra el gobierno) entre los que se encuentran militantes del Partido Comunista y la Unión de Jóvenes Comunista, deportistas y otros comprometidos con el régimen, que se encargan de infundir miedo a este grupo de valientes cubanos.

Un gran derroche de recursos, que pudieran emplearse en mejoría para el pueblo. Pero, al parecer, es de preferencia gastar en el control y reprimir, que en aliviar el sufrimiento por la falta de transporte, alimentos y vivienda.

“Es un acto de cobardía el que se realiza cada domingo, donde personas, de forma pacífica, son maltratadas y tratan de reducirlas a la obediencia ciega; mal que padecen muchos cubanos”, comentan  algunos vecinos de la calle Línea.

Esta caravana de los domingos debería nombrase “caravana de la resistencia”, comenta Oscar, vecino del Vedado que ha visto muchas veces el paso de esos carros por allí.


A pesar del miedo que tratan de infundir a los manifestantes, semana tras semana las marchas se siguen repitiendo, y los represores actúan sin medir las consecuencias.

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