miércoles, 7 de octubre de 2015

Violencia juvenil en barrios capitalinos

Un estudiante de Pre Universitario sostiene una caja de “Ron Planchao”. Foto/ Elio Delgado.
Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.
LA HABANA.- Refieren vecinos del barrio Santos Suárez, en la capital cubana, que ya no se preocupan tanto por los asaltos a manos de delincuentes comunes, como por la agresividad que en los últimos tiempos han descrito los adolescentes de la zona.
“Tienen entre 13 y 20 años de edad, portan pequeñas cuchillas o punzones, que llevan incluso a las escuelas, o cuchillos y machetes cortos que esconden en los alrededores de las fiestas o la esquina donde conversan a gritos. Son peligrosos por la irracionalidad de sus ataques”, refiere uno de estos residentes, quien no quiso dar su nombre por temor a represarías.
Recientemente, una turba de entre 30 y 40 adolescentes avanzó por las calles de Santos Suárez, en ella iban menores de catorce años y muchachas, armados con machetes cortos y cuchillos, alardeaban de guapos.
A unos metros, los seguían mujeres mal encaradas, presumiblemente como apoyo.
Venían desde el barrio vecino de El Cerro para un ajuste de cuentas.  Buscaban a un adolescente vecino de la calle Cocos, que en una fiesta había herido con arma blanca a uno de los suyos, el cual, a su vez, lo había golpeado en una fiesta anterior.
Pasaron por casa de otro joven y lo hirieron, pues no hallaron al que buscaban. Recorrieron muchas cuadras sin que ningún policía apareciera para mantener el orden, pese a las llamadas telefónicas de los vecinos.
La semana anterior, de día, en Flores entre Santa Irene y Correa, hubo pelea a cuchilladas entre dos grupos de adolescentes. Otro anterior ajuste de cuentas entre pandillas de El Cerro y de Santos Suárez, a metros de la Escuela Secundaria “José María Heredia”.
En septiembre, los vecinos de Enamorados entre Serrano y Durege despertaron cerca de las dos de la mañana por disparos y gritos, aparentemente un grupo juvenil persiguió a alguien, lo acorraló en la entrada de un garaje entre dos casas y lo hirió a arma blanca.
Pese a que telefonearon a la policía, sus agentes no aparecieron hasta horas después, a las 5:30 de la mañana.
Hace algún tiempo, por una trifulca en el parque de Santos Suárez una vecina, para conseguir que acudieran, usó la astucia de reportar una manifestación de “los de los Derechos Humanos”.
Algunos vecinos opinan: “Casi todos esos jovencitos son mulatos o negros, pobres y sin futuro. Cometen actos de sangre por ganar crédito y les influye la violencia de los videos que ven, el reggaetón y la droga”.
“El tío presidiario de cualquiera de ellos se convierte en el héroe a imitar, y hasta les enseña la manera carcelaria de pelear a cuchillo, acorralar a uno entre varios y ocultar el arma. Menos mal que las armas de fuego son viejas y escasas, pero se las prestan entre sí y hay alguna que otra Makarov robada a la policía. A veces también fabrican inyectores, que son pistolas caseras de un solo disparo y muy inefectivas”.
Una persona mayor: “Me preocupo por el nieto, uno le dice que no vaya a esas fiestas, pero ¿quién se lo impide a un joven? No, no son negros todos esos guapos, también blancos y hasta son peores. Desde los años 90, cuando empezó esta moda de asaltos a golpes, yo no salgo después de las 9 de la noche, la calle está desierta, todo el mundo viendo la telenovela (…). Estos jóvenes están en las esquinas, alardeando de bárbaros y se ríen de uno. Una vez, entrando a una cafetería, uno me chocó con el hombro al cruzarnos, si protestas te pones en peligro. Si te echas encima un cuchillo es delito y si no lo llevas no existe policía que te proteja.”
Comenta una señora: ”Un muchachón vecino mío entró a su casa para buscar un machete, la madre lo vio cuando salía, se lo quitó y le dio dos planazos gritándole y rogándole que se iba a desgraciar, el hijo juraba que era para prestárselo a un amigo para que cortara unas hierbas”.
Otro: ”Algunos tienen la fantasía de que quieren ir presos por delito de sangre para ser respetables, otros quieren acreditarse con una muerte para ser abakuá que se han corrompido y vuelto asociaciones de criminales.”
Los abakuá o ñañigos, deben su origen a una sociedad africana iniciática guerrera que en Cuba se adaptó como asociación fraternal de ayuda mutua entre ex–esclavos y luego de toda la raza.

Las peleas de antaño, que se resolvían a puños, han devenido en cuchilladas y pandillas, como evolución de ese hombre nuevo del que hablara el Ché en sus escritos.

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