martes, 13 de octubre de 2015

MATANZAS: Servicios estatales en aprieto

Hornilla artesanal hecha en Cuba. Foto/ Roberto J. Guerra/HP

Por Oscar Sánchez Madan/ HABLEMOS PRESS.

MATANZAS.- Liduvina desconectó el fogón de la red eléctrica y le  dijo a su hijo Roberto, “parece que el cable no funciona. Hay que mandarlo a reparar. Lo colocó encima de la mesa de la cocina y exclamó: ¡Hace nueve meses que se rompió la olla arrocera y no me la arreglan por falta de piezas de repuesto! Necesito una resistencia y siempre me dicen que no hay”.

Esta misma situación la enfrentan muchos residentes de Matanzas. Los servicios que prestan las instituciones del Estado son ineficientes,  y en buena medida se debe  a la ausencia de un mayor sector privado en los servicios. Los habitantes de esta provincia deben decidir entre aceptar pasar trabajos, sufrir malos tratos y desatención… o protestar inútilmente.

Al gobierno -propietario de casi todo- pagar míseros salarios a sus trabajadores, daña el sentido de pertenencia y dedicación en ellos para con sus empresas. Esto genera indiferencia ante los problemas, más acentuada aun porque los empleados no controlan los resultados económicos, ni se benefician de estos a su antojo, como sí lo hace la mayoría de los dirigentes estatales.

Aunque desde hace más de dos décadas predomina una crisis económico-financiera en el país, múltiple recursos del Estado van a parar a manos de particulares que manejan grandes sumas de capital en efectivo. Sin embargo, los malos tratos que recibe la población, nada tienen que ver con la ausencia de financiamiento.

Mala calidad de los servicios

Hay entidades en la provincia, como las telecomunicaciones, los bancos, correos, Instituto de la Vivienda, notarías o Planificación Física donde los clientes son maltratados y se les imponen múltiples obstáculos. Como señalara la periodista Mayuri Martín García, del semanario oficialista “Girón”, “efectuar un trámite o acceder a un servicio, se convierte en verdadero tormento”.

Otra comunicadora del mencionado semanario, Yeilén Delgado Calvo, agregó que abundan las instituciones en las que se presta un mal servicio, y no sólo los “referidos al transporte público”.  Hay “restaurantes que se inauguran exhibiendo copas, manteles impolutos y eficiente asistencia; y en no pocos años se transforman en locales de mala presencia… donde debe esperarse más de una hora por un arroz frío”.

Lázaro Rodríguez, vecino de la ciudad de Matanzas, declaró que “la gente se queja y tienen razón, porque lo que vende el Estado es de muy mala calidad, ya sea ropa, zapatos, ollas y fogones eléctricos, lámparas portátiles y otros artículos necesarios para el hogar”.

Respecto a la atención en clínicas y hospitales, el también residente en la ciudad cabecera, Nelson Rodríguez, dijo que “existen problemas por falta de (médicos) especialistas”.

La prensa oficial culpa a los trabajadores

“Es inconcebible que a un bodeguero no le irrite que su unidad esté sucia o desprotegida; que no haya centavos para devolver en los centros que comercializan mercancías; que en tiendas farmacias o entidades de servicio los usuarios no reciban la mejor imagen y trato”, recientemente escribió en un medio de prensa estatal Miriam Velázquez, periodista oficialista.

A esta informadora le faltó agregar que si existen problemas en un establecimiento, quien más debería indignarse es el administrador, máximo representante del Estado en dicho lugar.

Los servicios estatales en Matanzas no mejorarán mientras se culpe a los trabajadores de los problemas, y no se revelen las faltas de los funcionarios. Por su incompetencia resulta casi imposible encontrar establecimientos donde no se roben recursos materiales y el servicio mantenga una calidad apenas tolerable.

Es cierto que en muchas unidades existen maltratos e impuntualidad de los trabajadores, retraso en las diligencias, evasivas; pero las causas se conocen: condiciones de trabajo lamentables, bajos salarios, apatía y jefes corruptos que por no ser disciplinados, no pueden exigir a los empleados el cumplimiento del orden.

Reacción del gobierno ante quejas

Apremiada por los reclamos de la ciudadanía, el pasado mes de junio la Asamblea Provincial del Poder Popular llamó a transformar el mal estado de las redes hidráulicas, del alcantarillado, de los carros cisternas y de los locales de atención a la población. Asimismo, exigió la urgente reposición de  turbinas quemadas y la eliminación de las fuentes contaminantes.

Hace pocos días, en la XV sesión ordinaria de ese órgano de gobierno, se confirmó que al pueblo le irrita la ausencia de respuestas convincentes ante la petición de solares, viviendas, subsidios, eliminación de salideros de agua; reclamaciones por excesivos cobros de electricidad; vertimiento de fosas; tupiciones; solicitudes de servicio eléctrico y telefónico.

Sin embargo, con un inmovilismo por respuesta, la realidad cotidiana parece indicar que esta situación no cambiará en un futuro cercano.

Las dificultades podrían tener solución

Todos estos problemas se solucionarían si se preparara mejor a quienes integran organismos y dirigen entidades, se mejorara la atención a los trabajadores y se ejerciera un mayor control de los recursos. Y además si se acelerara la instauración de cooperativas y se promoviera la creación de negocios privados que no afronten las trabas que hoy impone el Estado a los cuentapropistas.


Con voluntad política, destinada a estimular una profunda renovación de los servicios, y el respaldo consciente de unos trabajadores disciplinados y remunerados de acuerdo con la calidad de su trabajo, se reducirían las dificultades. Si quienes dirigen se convierten en modelos dignos de imitar, disminuirían los malos tratos y la desatención.

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