jueves, 15 de octubre de 2015

La utopía de Castro

Fidel Castro. Fotografía tomada de la web.

Por Rafael Molina Rodríguez/ HABLEMOS PRESS.

SANTIAGO DE CUBA.- Leyendo el libro “Un encuentro con Fidel Castro”, de Gianni Mina, entre las páginas 226  y  227 leí algo que me llamó poderosamente la atención, haciéndome evocar la frase martiana “El apego al pasado cierra las puertas al anhelo apostólico del porvenir”.

Transcribo de manera textual la cita de Fidel Castro que me llamó la atención: “Si uno un día creyera que la causa por la que está luchando es un sueño, nuestro sueño es tan justo que, si un día creyéramos incluso que es simplemente una utopía, yo estaría junto a esa utopía hasta el final, por ser la más hermosa y justa de las utopías. No me paso al enemigo, a ese enemigo que nos atacó, que envió a los mercenarios, que mató a tantos compañeros, que costó la vida a tantos hermanos en Girón. Que mató a los pilotos que fueron compañeros del traidor y que nos amenazó por tantos años. Eso no tendría jamás justificación”.

Si la analizamos bien,  se deduce que por el capricho, egocentrismo y arrogancia de un hombre utópico, nuestro pueblo ha  pasado grandes dificultades sociales, políticas, culturales y económicas.

Fidel Castro sabe muy bien que el socialismo es una malsana utopía. Insensible ante el dolor y el sufrimiento que la utopía provoca en el pueblo, no se  digna a reconocer su error y desmantelar el sistema socialista implantado por su expresa voluntad, como el mismo lo reconociera en muchas ocasiones.

Utopía es quimera, fantasía, suposición. No se puede jugar con la felicidad y la prosperidad de un pueblo por una utopía. Eso no tiene otros calificativos que aberración, demencia y maligna perversidad.

Es lo que Fidel Castro demostró poseer cuando afirmó  “junto a esa utopía hasta el final”. Y ahí está, llegando el final de sus diabólicos días sin ver el derrumbamiento de su socialismo.

En el texto citado, también se refirió a un Enemigo que identifica como el Imperialismo Yanqui, y asegura que él no se pasa a los enemigos.

Si analizamos el actual contexto histórico de nuestra política hacia los EE.UU. y en virtud de lo asegurado por Fidel Castro, podemos entonces constatar que su hermano Raúl Castro sí se pasó al Enemigo, y que por supuesto lo hizo con su consentimiento, pues Raúl no hace nada sin contar con su hermano.


Sin embargo, en su arrogancia antes que Satanás se lo lleve al infierno, Fidel Castro no es capaz de reconocer abiertamente el fracaso de su revolución. 

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