jueves, 1 de octubre de 2015

La doble moneda no es el problema en Cuba

Área de vendedores por cuenta propia en la calle Montes del municipio Centro Habana.

Por Armando Soler Hernández/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- En reciente visita a Perú, el autor de este trabajo pudo constatar que la doble o triple moneda no es un problema.

En la mayor parte de las esquinas de los centros comerciales y bancos de su capital, se pasean individuos con chaquetas azul claro, donde se distingue el signo emblemático del Dólar o el Euro. Son cambistas de divisas legales que hacen su beneficio con el cambio a ambas monedas, a precios de cambio muchas veces más favorables que la tasa oficial de los bancos.

Pero ahí no se detiene este febril intercambio de monedas. A cada paso, el viajero se encuentra agencias de cambio o bancos que acceden a tal gestión. Y por si fuera poco, en todo centro de venta comercial o servicios se puede pagar en cualquiera de estas tres monedas, con un escrupuloso cambio a una tasa que siempre es móvil.

Y esto también es sorprendente para el viajero que procede de un país donde la norma de cambio del dólar se mantiene inamovible desde hace veinticinco años: 1 dólar igual a 0.90 centavos de CUC, e igual a 24-25 pesos.

Como ejemplo de lo diferente que es en Perú, este viajero constató que en un mismo día, en la casa de cambio de José Larco y San Martín, distrito de San Juan de Miraflores, la regulación de cambio del Dólar describió un ascenso de 0.20 Soles (la moneda del país).

Todo esto hace pensar que resulta inquietante la anunciada unificación monetaria por el gobierno cubano hace casi dos años. Avanza tan lentamente como las medidas de liberación económicas que tanta falta hacen para dinamizar la economía. Entonces, ¿la doble moneda es el problema mayor que en realidad incide en los elevados precios en bienes y servicios, no salvándose de la subida ni los cada vez más inestables surtidos en las tiendas en divisas, otro monopolio militar-gubernamental?

Como prueba palpable de lo contrario, libre de estatismos, la economía peruana no muestra signo alguno de pertinaz estancamiento como la cubana. Allí hay una dinámica ágil y emprendedora que constantemente se manifiesta en la realización de bienes y servicios, incluso en el sector financiero. Los cubanos deberíamos preguntarnos, ¿cómo es posible que esto ocurra con tantas diversas monedas pasando libremente, sin objeciones ni prohibiciones, sin injerencia burocrática ni persecución de las autoridades, y con tasas fluctuantes en un mediano rango?

Como resultado, el pujante empleo, fuente de toda la riqueza nacional, crece por días en Perú. Y la economía de la nación sureña da muestras de seguir creciendo, mostrando ya un PIB per cápita de 18 000 dólares. Entonces, se puede deducir que no es el libre flujo y cambio de la triple moneda el pivote fundamental de lo que puede afectar una economía, y por tanto perturbar y reducir el nivel de empleo y de vida de un país.

Para más argumentos a favor, se puede constatar que el moderno Estado que hoy se levanta en las tierras de lo que fuera el imperio inca, no es el dueño monopólico de los bancos y de las casas de cambio. Además, los cambistas callejeros no son empleados estatales ni hacen su labor de manera furtiva, como los que vemos en Cuba, trabajando en la ilegalidad del mercado negro financiero y que el comercio y los servicios en la capital no se inmutan en cobrar su oferta en cualquiera de las tres monedas.

Los administradores del bien público en Cuba deberían tomar seria nota de este fenómeno, simplemente porque es evidentemente funcional y beneficiaría a los habitantes del país. ¿Cuánto empleo no encontraría capital suficiente para sufragarlo en el mismo país? ¿Cuánta moneda convertible real (no el falsario cuc con pulmón mecánico otorgado principalmente por el dólar de las remesas), pierde el Estado cubano en su empeño por monopolizar el cambio de la divisa? ¿Cuántas personas podrían emplearse, al igual que en Perú, como cambistas particulares, pagando impuestos y recaudando un beneficio de manera legal, ayudando al fluir imprescindible de las finanzas nacionales?


¿No sería mejor, más abundante y beneficioso para la población, que esas pocas casas de cambio estatales cubanas con empleados hastiados de calor y sin motivaciones profesionales que no sean la misma avidez menesterosa del resto del país, fueran sustituidos por un comercio y servicios donde esas tres monedas, el peso, el euro y el dólar se movieran libremente como estimulante factor financiero y al alcance de todos? Perú nos dice que es completamente posible.

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