sábado, 24 de octubre de 2015

El Papa debe pedir la excarcelación de los tres activistas cubanos presos

Por Jaime Leygonier/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- El 15 de octubre pasado, los católicos cubanos supieron, a través de Tele Sur, que el Papa Francisco pidió perdón, “a nombre de la Iglesia, por los recientes escándalos de Roma y el Vaticano”.

No informados sobre esos escándalos, ni por los pastores cubanos ni por la prensa gubernamental, y siendo bastante lacónica la petición de perdón,valdría preguntarse si Su Santidad incluyó en ella los escándalos de Cuba.

Su visita a nuestro país dejó una estela de arrestos y tresactivistas por los derechos humanos que permanecen encerrados por el solo hecho de llegar hasta su persona, confiados en él. Si algo hay de coherente entre su mensaje y su imagen de hombre franco, se impone que hable para auxiliarlos, o de lo contrario declarar que cometieron culpa contra  él.

¿Cuáles son las obras y omisiones de la Iglesia en Cuba por las que debería pedir perdón el Santo Padre? La autocrítica puede salvarlo de ser acusado; si no es pose, lo cual resultaría peor.

El clero de Cuba elogiala conducta del Papa. ¿Seguirá su ejemplode pedir perdón y cambiar o se negará a hacerlo?Que los demás no señalemos los males impuestos por abuso de autoridad, también es pecado.

Cuando el papa Juan Pablo II abrió “la puerta del milenio”, pidió perdón por los pecados históricos de la Iglesia, y en Cuba,el cardenal Jaime Ortega,ceremonialmente, pidió perdón por la esclavización de aborígenes y africanos.

Ahora que el mismo Papa pidió perdón por faltas colectivas que él no cometió,sería sanador ver hacerlo a los pastores de Cuba, por las que cometen a diario y que se enmienden.Que no reconozcan sus errores nos obliga a acusarlos.

Pedir perdón por la esclavitud de siglos pasados los obligamoralmente a actuar contrala esclavitud actual y a no sentarse a la mesa de los amos; a pedir perdón por no ser perseguidos en Cubasello distintivo de sus seguidores, segúnJesucristo.

Perdón por no tener un solo cura preso o asesinado por denunciar abusos, como ocurre en otros países. Pero no exijamos “la locura de la Cruz”. Bastaría con que cumplieran deberes elementales de su sacerdocio. Sin ello,¿con qué autoridad se atreven a hablarnos del tema nacional?

Abandono del catecismo, robos, malversación, violación del secreto de confesión,cobro de sacramentos, obstáculos arquitectónicos y descontrol económico, son razones suficientes no solo para pedir perdón, sino para responder ante la justicia.

Silencio, comunión con lo ilegal, política “del gato” conque hacen caja de arena de la Iglesia.

En misa oran por los presos, marginados y perseguidos;pero cuando se trata de apoyar causas concretas, nos discriminan dentro de nuestra misma Iglesiapor miedo al Estado y por no tener poder para perjudicarlos o beneficiarlos.

Trátennos como al resto de los fieles que no contradicen al poder y votan por el socialismo. Arrepiéntanse de tanto jubileo y bendiciones populistas, sin llamado a penitencia, a pedirperdón por los pecados colectivos y cambiar de vida. Dios las rechazó con epidemias y sequía.

Debe cesarel Arzobispo Jaime Ortega sus declaraciones falsas sobre la realidad nacional;dañinas a los presos políticos de quienes niega su existencia, cesar de desdecirse en su hablar confuso, común al Consejo de Obispos Católicos de Cuba.

Porque donde no existen libertades públicas, nadie puede promover actos públicos sin poner en peligro a muchas personas y sin ser usado. Problema del que el Papa estaba prevenido, por carta y porque había ocurrido ya aJuan Pablo II y a Benedicto XVI.

Como pide perdón por males que no hizo y trabaja por remediarlos, tal vez considere que su visita a Cuba no fue como deseaba; misericordiosa para muchos arrestados,“víctimas colaterales”.

Su visita a Cuba fue un halago a tiranosperseguidores de cristianos, y sirvió para propaganda lesiva a su prestigio, al proclamarse medio “hermano espiritual” de Raúl Castro: “Se veía una fraternidad, una complicidad entre el Papa y Raúl”, dijo textualmente un periodista en La Mesa Redonda.

Sin embargo, por acercarse con peticiones a Su Santidad —quien los escuchó amablemente—tres cubanos sufren prisión: Ana Marta Ancón, Saqueo Báez e Ismael Boris Reñí.

Como jefe de la Iglesia, jefe de Estado, político, diplomático, comocreyente o como buen hombre, no debe ni puede aceptar estas consecuencias de su visita y tiene los medios paraconseguir la inmediata excarcelación de esas víctimas.

Atañe a su honor y al de la Iglesia. 

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