martes, 8 de septiembre de 2015

La “paz” del dictador Maduro

Maduro. Foto tomada de la web.

Por Oscar Sánchez Madan/ HABLEMOS PRESS.

MATANZAS.- El dictador de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, promueve una “paz” en Latinoamérica y el Caribe: la de la mentira, la agresividad y la intolerancia. Se muestra como un pacifista, mas le hace la guerra a sus conciudadanos y ofende a naciones hermanas.

 Los castristas, sus desacreditados consejeros de La Habana, erróneamente le  enseñaron que sólo con el engaño y la mano dura se logra someter a los pueblos amantes de la libertad, como lo es el venezolano.

Desde el 19 de abril del 2013, fecha en que fue juramentado como presidente de la república por la Asamblea Nacional, este ex líder sindical olvidó su humilde procedencia y violó los derechos básicos de millones de compatriotas al colocar al país en el sendero que conduce a la creación de un estado totalitario.

Su continuo ataque a la prensa independiente, la defenestración de la ex diputada María Corina Machado, los aparatosos operativos policiales que  ordenó para silenciar al pueblo, el encarcelamiento de opositores como el del ex alcalde de Caracas Antonio Ledesma y el líder antichavista Leopoldo López, expresan claramente su vocación autoritaria.

Imágenes difundidas por diversos medios de comunicación mostraron a efectivos de la guardia nacional bolivariana cuando golpeaban y arrestaban a ciudadanos,  en especial jóvenes, que en diferentes momentos  ejercieron su derecho a la libertad de expresión y a la protesta pacífica.

Por tanto, sería ingenuo pasar por alto que el régimen que encabeza Maduro está marcado por la intolerancia. Quienes no comulgan con su fracasada ideología corren el riesgo de ser golpeados, calificados de traidores,  enviados  a prisión o asesinados.

Para garantizar esta indigna tarea, Maduro cuenta con los denominados colectivos, organizaciones parapoliciales que apoyan a los militares y policías corruptos, los que conocen muy bien el arte de allanar domicilios y lanzar gases lacrimógenos contra una población indefensa.

En la Venezuela comandada por este despiadado autócrata hay más de 70 presos políticos. Son personas de bien cuyo anhelo es vivir en un país democrático donde el gobierno trabaje apegado a la ley y represente a todos los venezolanos.

Al igual que otros dictadores, Maduro trata de encubrir sus verdaderas intenciones politiqueras detrás de misiones humanitarias, las que por lo general benefician a sus engañados partidarios.

Cada vez que el dictador habla de paz, se refiere a la obediencia irracional de sus edecanes y a la imposibilidad de que un sector de la ciudadanía se exprese con libertad. Ante la posibilidad de que su partido sea derrotado en las elecciones parlamentarias del próximo mes de diciembre, y con el fin de estimular el nacionalismo interno, Maduro se enemistó con los gobiernos de los Estados Unidos de América, España, Guyana y Colombia.

Con este último sostiene una disputa que derivó en el cierre de la frontera que une los dos países. Y es que este señor procura desviar la atención del pueblo hacia acontecimientos externos, con el propósito de que los venezolanos olviden la crisis económica y los altos índices de criminalidad que enfrenta la nación, motivados por las malas políticas de su régimen.

Esa es una conocida estrategia “Made in Habana”. Nicolás, el terrible, como lo llaman algunos opositores cubanos, sin dudas se transformó en un mal imitador de Castro. Ignora que cuando el ex dictador de Cuba llevo a cabo sus significativos disparates políticos y económicos, tenía el respaldo popular y el apoyo internacional, algo con lo que hoy no cuenta la dictadura chavista.


Las  desmedidas  acciones de Maduro, incluido su reciente insulto contra el presidente colombiano Juan Manuel Santos, al que llamó mentiroso por que éste mostrara preocupación por miles de compatriotas deportados de Venezuela, evidencia que la “paz” del inquilino del palacio de Miraflores es la de la torpeza, el engaño y el salvajismo. 

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