viernes, 4 de septiembre de 2015

La cosecha de Santos

Por Pedro Corzo.
MIAMI.- Los déspotas escogen a sus enemigos. Seleccionan a quienes por la ley o educación se van a comportar con la dignidad y la ecuanimidad que ellos no practican. Saben que las respuestas de su antagonista serán razonadas y balanceadas, ya sea por propias convicciones o porque las normas vigentes en el país que gobiernan les impide reaccionar visceralmente.
Gobernantes como Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez, y Nicolás Maduro, han estado conscientes que los gobiernos que retan siempre intentaran encontrar un punto de conciliación para evitar la confrontación. Ellos procuran la crispación, recurren al ataque y gustan presentarse como caudillos invencibles que además, siempre tienen la razón.
El gobernante venezolano espera paliar la crítica situación interna que enfrenta su gobierno recurriendo a la maniobra de la Patria amenazada, a la vez que insiste que hay un complot internacional para asesinarlo, otro  de los hábitos de victima que su predecesor cultivo con extrema frecuencia.
Chávez  eligió a Colombia como su rival táctico y a Estados Unidos como el enemigo estratégico. Sabía que el país vecino, independiente a quien ejerciera la presidencia,  actuaria con moderación ante sus provocaciones y amenazas.
El militar golpista  propició numerosos conflictos con el presidente Alvaro Uribe. Generó crisis graves y apoyo descaradamente a los grupos terroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, al extremo que cuando Raúl Reyes, el terrorista número 2 de las FARC, resultó muerto durante un bombardeo, movilizó tropas a la frontera y cerró temporalmente su embajada en Bogotá.
Tanto Chávez como Maduro han acusado a los gobiernos de Colombia en infinidad de ocasiones de patrocinar o al menos de estar involucrados, en conspiraciones en contra de la revolución bolivariana. Lo que ahora acontece, es parte de un guion que el régimen venezolano activa cada vez que lo considera oportuno.
La crisis fronteriza entre Venezuela y Colombia es una fabricación de Maduro, al igual que los complots en su contra, de los que afirma presentara pruebas que nunca son mostradas ante un auditorio que pueda evaluarlas debidamente.
Por otra parte el contrabando y el cruce de personas sin documentos que los autorice es un simple pretexto, sin embargo la acusación de que el chavismo ha entregado cédulas venezolanas a colombianos para que voten  a su favor en las elecciones, está más que demostrado.
Algunos podrían calificar al presidente Juan Manuel Santos de ingenuo cuando dijo que Hugo Chávez, “era su mejor nuevo amigo”, y posteriormente declaró en relación a Maduro en una reunión en Puerto Ayacucho, 2013, “Esa relación positiva que tuvimos con el presidente Chávez, la vamos a tener con el presidente Maduro".
También se puede afirmar que las primeras reacciones del presidente Santos ante la crisis fronteriza tenían más de oficio que de demanda seria. Expresó y reiteró "que el camino del dialogo y la diplomacia, especialmente en momentos como este, es el más responsable y recomendable para aliviar la situación de nuestros compatriotas". Tal parecía que Santos y su canciller María Ángela Holguín, querían restarle la mayor temperatura posible al diferendo, en espera de que el voluble Maduro se inventara otro conflicto en el afán de encubrir los serios problemas económicos que enfrenta su país.
Pero Maduro no cambió. Subió su apuesta hasta que la crisis fronteriza golpeó a  la opinión pública colombiana y la internacional. Las imágenes de los deportados abusados y vejados por las autoridades no se podían obviar. Las casas pintadas con una D de demolición hicieron evocar las cacerías nazis contra los judíos.
El mandatario colombiano se vio obligado a actuar, asumió una posición más firme, llamó a consulta a su embajador y pidió una reunión de la Unión de Naciones del Sur, Unasur. La reunión no se efectuó, fue aplazada, por la sencilla razón de que la entidad es otra herramienta más de la política internacional de Venezuela, como lo ha sido su producción petrolera.
Santos también solicitó una reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos. Otro fracaso, porque en ese foro pudo constatar que la entidad hemisférica es un club de gobiernos donde la verdad y la justicia no son determinantes en las decisiones de sus funcionarios. Una experiencia que han sufrido otras víctimas de las autocracias ideológicas del hemisferio y de las que son cómplices todos los presidentes del continente.

Los organismos internacionales son el reflejo de los gobiernos que los integran. No se cosechan buenos frutos cuando la semilla es mala. Los gobernantes del hemisferio deberían dejar de actuar en el marco de lo políticamente correcto y enfrentar los problemas nacionales e internacionales con seriedad y compromiso, de seguir sin ver ni escuchar lo que pasa en el vecindario, se habrán de enterar que construyeron su propia tumba después de haber sido sepultados. 

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