viernes, 11 de septiembre de 2015

¿Héroes o bandidos?

Sergio Gonzales López (El Curita).

Por Weiner Alexander Martínez/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Al cumplirse más de 45 años del final de la guerra entre el régimen de Fidel Castro y los guerrilleros anticomunistas, llevada a cabo en las regiones montañosas de todo el país en los años 60. Disimiles polémicas aún perduran por el desenlace de la contienda que hasta hoy no ha sido posible cuantificar sus muertos ni los daños materiales.

Luego del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959 no pocos integrantes de sus filas cayeron en contradicciones con sus más altos dirigentes por el destino que llevaba el recién llegado gobierno.

Las sospechas de la inclinación comunista de Fidel Castro el líder máximo del actual gobierno provocaron que no pocos seguidores retomaran la lucha armada en la manigua para despojar a Cuba del yugo comunista.

Fue en las lomas del Escambray, centro- Sur del país donde se materializaron los grupos de guerrilleros más temerarios de la historia de la revolución.

Una encarnizada lucha entre milicianos y guerrilleros que hasta la fecha no se ha podido cuantificar los daños colaterales que dejaron las estrategias impuestas por el gobierno comunista para lograr derrocar a los valientes campesinos renegados.

La literatura histórica de la isla impresa por el gobierno totalitario castrista, impone un estigma de mercenarios y bandidos a las personas que optaron por seguir sus ideas y pelear por ellas.

En su mayoría los alzados en la zona del Escambray eran campesinos humildes y trabajadores convencidos de que el nuevo gobierno vendería su nación al comunismo de la entonces Unión Soviética.

Fueron hombres de la talla de Tomas San Gil,  Osvaldo Ramírez, el legendario Julio Emilio Carretero y muchos otros valientes campesinos comprometidos con su causa, los que lucharon en la zona del Escambray con la valentía de titanes alcanzando grados de comandantes de la guerrilla la cual llamaban, Ejercito de Liberación Nacional.

La campaña del gobierno castrista en los años 60 conocida como La Limpia del Escambray con el fin de dar caza a los grupos guerrilleros, desemboco en una triste y penosa etapa de represión y hostigamiento para los campesinos de la zona.

La estrategia consistía en desalojar a todos habitantes de la sierra para que los alzados perdieran los contactos y suministros de todos los  simpatizantes y colaboradores.

Aunque los resultados fueron provechosos para el gobierno, miles de campesinos fueron desplazados por las milicias, fusilados o desaparecido en esos años de encarnizada batalla.

Los que corrieron con mejor suerte fueron reubicados en la Provincia de Pinar del Río, a más de 500 km de su tierra natal.

El sufrimiento y dolor de los sibiles en esa guerra no solo fue responsabilidad de los grupos guerrilleros. El gobierno castrista destinaba cárceles especiales para hacer hablar a los sospechosos de colaborar con los alzados.

La mirada pérdida en el tiempo de Inés Estepe Gil, anciana de 90 años que reside en Sancti Spiritus, permite imaginar  en el acto los recuerdos horribles del pasado.

“Recuerdo con claridad el día que vinieron a buscar a mi esposo Emilio –dice- los guardias del G2 se lo llevaron a la prisión del Condado, eso fue en Septiembre de 1963. Al otro día vinieron por mi hijo  Manuel Estepe que apenas cumplía los 17 años(…) mi otro hijo Pedro Estepe también fue detenido, con 13 años de edad lo llevaban a la escuela local con un custodio de la G2 armado con una ametralladora. Fueron meses de mucho dolor, y yo casi muerta de miedo”. 
Concluye el relato la anciana comentando los sucesos infrahumanos que le contó su esposo, luego de su liberación tres meses después.

“…Lo dejaban en la celda toda la noche sin ropa. Lo mojaban para que tuviera aun más frio. En tres ocasiones lo pararon en el paredón de fusilamiento y le dispararon con balas salvas y por si fuera poco le dieron electricidad en sus testículos. A mi hijo lo torturaban diciéndole que si no hablaba fusilaban a su papá, y le ponían un hombre por la otra celda gritando su nombre para que pensara, que era Emilio su papá pidiéndole que hablara”.

Tras la excarcelación Emilio, todos sus bienes y propiedades fueron confiscados. Las cifras de torturados y fusilados en las prisiones castristas de la época no han sido nunca enumeradas con exactitud, pero se presume que las víctimas son miles. Son muchos los relatos similares que resaltan el carácter terrorista adoptado por el gobierno con el fin de eliminar a los guerrilleros. 
   
La ley 988 emitida en los años 60, fue decretada por el gobierno castrista con el propósito de justificar los crímenes cometidos contra los alzados y sus colaboradores campesinos en las Villas. Esta ley permitía la confiscación de las propiedades privadas de insurgentes y los fusilamientos de jefes guerrilleros, alzados y campesinos que fueran encontrados culpables de cometer crímenes contra el estado.

Poblados entero reubicados, familias campesinas separadas, hermanos, padres e hijos que nunca volvieron a abrazarse.

En la actualidad la historia escrita por el castrismo hace alusión a un grupo de bandidos crueles y sin piedad para matar a jóvenes alfabetizadores, tirotear inescrupulosamente a ómnibus de trabajadores, incendiar cañaverales y destruir almacenes y fábricas.

Una historia muy parecida a la de un grupo de guerrilleros de la montaña y el llano, que operaban en las carreteras del oriente del país a finales de los años 50, atentaban contra los recursos del estado, detonaban minas, asaltaban cuarteles y hospitales y detonaban más de 100 bombas en un día, en La Habana. Con la diferencia, que esta guerrilla no estaba al mando de Julio Emilio Carretero, Maro Borges, Tomasito San Gil, Cheito León o cualquier otro.

“Bandido” del Escambray, su líder, era Fidel Castro el director indiscutible de aquella orquesta, en la que cuantificar los daños colaterales ha sido imposible.

Uno de los protagonistas de estas campañas explosivas era Sergio Gonzales López (El Curita). Su intachable hoja de servicio bajo las órdenes del movimiento 26 de Julio y de su comandante Fidel Castro le atribuye la hazaña de poner más de 100 petardos en barios puntos de la capital en menos de un día.

Por lo que a pesar de considerarse en la actualidad como un modelo a seguir por los estudiantes más aventajados en el terrorismo. Su nombre reluce en escuelas y parques.  
 
Dados los acontecimientos históricos que devinieron en los años siguientes en realidad los alzados no estaban tan equivocados cuando presumían que su país iba a ser vendido a los comunistas Soviéticos.

Una proclama emitida en el Escambray por el ejército de Liberación Nacional con fecha Enero de 1961 expone varias de las razones que motivo a estos jóvenes a tomar las armas, dejando en claro su visión política a la cual el tiempo les dio la razón.

En uno de sus párrafos explica: “Aquí estamos para luchar y morir si es preciso para evitar que el capricho sustituya a la ley (…) aquí estamos para evitar que un totalitarismo extranjero con una doctrina diabólica basada en la hipocresía y la mentira  destruya nuestra integridad (…) aquí estamos por el derecho inalienable de criar a nuestros hijos y criarlos a nuestro lado, sin que nadie pueda quitárnoslos para llevarlos a un país extranjero, a una escuela y educarlos en el despegue de sus familias en el materialismo ateo en el odio a la dignidad plena del hombre.

Al más alto nivel del gobierno castrista tras el triunfo revolucionario, las discusiones y dudas sobre el carácter político que adoptaría el país provocó deserciones, como la del carismático Comandante Huber Matos y muchos otros jóvenes que no aceptaban las ideas comunistas. Quedaba claro que esa no era la línea a seguir por los valientes hombres que habían luchado contra el régimen de Fulgencio Batista.


Para los jóvenes actuales queda pendiente el estudio y búsqueda histórica y testimonial que permanece oculta, a la espera de ávidos historiadores sin doctrinas radicales que permitan desenmascarar las falsedades contadas por una dictadura de más de 50 años, que ha manchado la verdadera Historia de Cuba.

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