lunes, 28 de septiembre de 2015

Gobierno cubano teme a las comunicaciones

Jóvenes se pasan información de un teléfono a otro el Parque Fe del Valle en Centro Habana.

HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- La televisora estatal venezolana Telesur, trasmitió en Cuba un largo material fílmico en idioma Inglés, el pasado 7 de septiembre en horas de la tarde. El trabajo incursionaba en entrevistas a diversas personalidades mundiales y comentarios alternados de adversas opiniones sobre los “peligros” de sumergirse en Internet, las redes sociales, la correspondencia electrónica y el largo etcétera de servicios de la creciente conectividad mundial.

Saltémonos lo paradójico que resulta recibir este tipo de alarma en un país en medio de Occidente con una de las más bajas conectividades del mundo moderno. Este tipo de materiales del sobresalto resulta un fenómeno cíclico en la historia de la Humanidad. Desde que se inició la civilización, y sobre todo desde que se creó la escritura en Babilonia, es imposible comunicarse sin revelar alguna información, porque de eso precisamente se trata cuando las personas se comunican. 

Mucho más tarde, a partir de la Revolución Industrial, nunca faltaron alarmados con los nuevos aportes que trajera la tecnología, sobre todo en el confort o bienestar personal. Y uno de los peligros más señalados como atentatorios para la privacidad lo constituyó cualquier método moderno que aumentara la comunicación personal.

Así, en su momento, fueron demonizados el teléfono, la grabadora, el correo y todos los múltiples medios del indetenible progreso que aumentan la conectividad humana. Para esos alarmistas, los avances tecnológicos de las comunicaciones siempre suponen el fin de la privacidad y los secretos más personales. A sus ojos, representan la futura hegemonía de algunos pocos poderosos sobre el resto de la especie humana.

Todo eso resulta una paranoia de conspiración, o peor, un planteamiento mal intencionado. La creciente conectividad moderna implica un voluntario mayor volumen y detalle de la información personal y la vigencia y accesibilidad permanente y universal a esa información. Esa tendencia es inevitablemente creciente e imparable. Las redes sociales, con detalles particulares de los sumados a ella, son un claro ejemplo. Por tanto, conectarse representa un paso donde no sólo cambia la economía y el consumo personales, sino que transforman patrones morales caducos y la responsabilidad personal. La verdad y transparencia informativa van teniendo un efecto cada vez mayor en la responsabilidad, tanto en los hombres como en las instituciones. Ejemplos bien recientes como la impugnación por corrupto del presidente guatemalteco, son una prueba de ello.

El mundo progresa con estas nuevas herramientas, por lo que resulta  peculiar recibir alarmadísimas advertencias respecto a sus peligros para la privacidad, en un país donde el escrutinio del Estado con sus súbditos (y nada, ni siquiera parecido, a la inversa), es tan absoluto que la privacidad no existe hace más de medio siglo. Así que más bien se puede pensar que la alarma es para intentar disuadir a las personas para que no se quiten ese monopolio de la tutela.

Según datos recientes del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), la mitad de la población de Iberoamérica sigue sin acceso  alguno a Internet, el 10% lo tiene a banda ancha y el 20% se conecta con el móvil. Son cifras patrocinadas por CAF, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Asociación Iberoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones (AHCIET) y la Fundación Telefónica.

A pesar del aún insatisfactorio desenvolvimiento continental de estos dinámicos instrumentos de desarrollo general, el progreso hasta ahora alcanzado aportó un 4, 9% al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) regional, así como a la creación de más de 900 000 nuevos empleos.

Claro, estas cifras ni siquiera suman a ellas las paupérrimas de Cuba, que incluso son inferiores en categorías a los de la misma Haití, el país que muchos anuncian como modelo de nación fallida en el continente, como los de teléfonos celulares y acceso a Internet per cápita.

Y esto si constituye una verdadera alarma, de la que Telesur debería preocuparse en difundir. En el mundo del presente y del que se vislumbra cada vez más como futuro, la mayor conectividad posible de los ciudadanos significa no sólo relacionarse cada vez  más con el resto del mundo. También es vital para el progreso. No se concibe un  crecimiento económico sustentable sin esa premisa.

La normalización de las relaciones diplomáticas de Cuba con Estados Unidos de América brinda una directa y enorme oportunidad de conectividad acelerada y acceso a herramientas de la Internet desde la meca de las comunicaciones.

Pero la decisión de que esto prospere está en manos de las autoridades cubanas. Sería un enorme error que se insistiera en temores, sospechas y desconfianza retroalimentadas, percibiendo esa mayor conectividad como una astuta maniobra conspirativa.


Intentar demorar esta oportunidad para la mayoría de la población y mantenerla sólo dirigida al monopolio estatal y filtrado por éste, tal como ha sido siempre con lo que nos llega del mundo bajo este sistema monopartidista y militarizado, sería un error fatal. Las ambiciones o estrecha visión de la realidad reinantes nos afectaría desventajosamente para un futuro, cuando ya serían parte del polvo que corre por los camposantos. 

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