miércoles, 9 de septiembre de 2015

Especies exóticas: más problemas que soluciones

Las Clarias amenazan potencialmente a 242 especies de la fauna en la Isla, de las cuales 75 son endémicas, 29 raras, y 25 introducidas.

Por Weiner Alexander Martínez Estepe/ HABLEMOS PRESS. 

LA HABANA.- La necesidad de introducir especies exóticas en un medio natural conlleva una gran responsabilidad en materia científica y medioambiental.

Pero desde hace más de 40 años en Cuba se ponen en práctica festinadas incorporaciones en la fauna autóctona de la isla. Aunque las instituciones implicadas aseguran que se cumplen con todos los procedimientos de seguridad, es difícil evitar que una especie importada con el fin de desarrollar la rama acuícola no logre  predominar en el medio natural de nuestros ríos o costas.

El Centro Nacional de Seguridad Biológica fue el organismo que en 1999 expidió la autorización al Ministerio de la Industria Pesquera para introducir la clárias en nuestro ecosistema. El acuerdo se tomó sobre la base de traer 14 millones de alevines que debían ser híbridos, o sea incapaces de reproducirse. Así, en los años 1999 y 2000 se  trajeron dos especies conocidas con el nombre científico de Clarias-gariepinus y Clarias batrachus, endémicas en África y Asia.

El mal manejo en el traslado y depósito de los alevines en los embalses, donde se llevaría a cabos su posterior cría y engorde para la industria alimenticia, provocó que este voraz animal escapara al medio natural. Sus especímenes no tardaron en colonizar y predominar de un extremo a otro en la isla, allí donde  el medio se lo permitiera.

Ambos ejemplares están clasificados como depredadores muy adaptables y competitivos,  pudiendo incrementar su peso en unos diez gramos por día alimentándose de todo lo que esté al alcance de su voracidad, pues son omnívoros.

Las dos especies poseen una coloración gris oscura o negra en su parte superior que se degrada hasta blanco en la zona ventral, dándoles un camuflaje natural que les facilita ser un magnifico depredador en su medio. De pobre visibilidad, lo compensan con dos apéndices en forma de anténulas a ambos lados de la cabeza que les permite rastrear presas. Este robusto pez puede vivir tanto en agua dulce como salobre y es de hábitos diurnos y nocturnos.

Sólo en la parte sur del centro de Cuba, donde se vierte el agua de la presa Zaza, -el embalse más grande del país en el cual  se fomentara los cultivos de la clária- se logra la captura de un estimado anual de cerca de 700 toneladas.

Las empresas encargadas del estudio y monitoreo de los peces en nuestro país no emiten reportes de estudios actualizados sobre el impacto que provoca  la presencia de la clária en las lagunas y los ríos, ya que los ejemplares que conquistaron los humedales cubanos fueron capaces de reproducirse en masa descontrolada.

Con las muestras obtenidas en los residuos estomacales de  especímenes que sobrepasan los 15 kilos, demuestran que en efecto, la clária depreda a toda la fauna en los espejos de agua y su presencia pone en riesgo a las demás especies que comparten el habitat. Al enfrentar a pocos enemigos naturales y ser un pez con una impresionante adaptabilidad, su población se multiplica rápidamente.

Opiniones de especialistas en biología marina consideran que ahora no se trata de buscar a los culpables de su introducción, sino de salvar los ecosistemas amenazados. No descartan que existe la posibilidad en un futuro de que la clária colonice hasta las aguas de las costas cubanas.

Esta eventualidad pone en riesgo el futuro de muchas especies, esta vez marinas, que también pueden ser diezmadas con facilidad por la voracidad de este pez-, comentó el biólogo marino y doctor en ciencias biológicas Luís Sergio Álvarez, quien agregó:- La clária está entre los peces de mayor depredación en su medio. No se emite información al respecto, pero aunque en la actualidad de esta especie se pesca más de dos mil toneladas al año en Cuba, si calculamos la cantidad que hay en el medio natural, y a esto le sumamos el número de la biomasa  que necesita ingerir para alcanzar el peso comercial, es fácil resumir el tremendo impacto que está causando a las especies endémicas, ya que todo lo que incrementa en peso lo obtiene directamente del medio natural.

Teniendo en cuenta que los peces amenazados representan un daño para la economía del país, ya que su calidad es superior a la de la clária, el verse afectado este sensible eslabón traería como consecuencia una reacción en cadena de perjuicios irreparables en el entorno marino de nuestras costas.
 
Hasta el presente tampoco se emitió ningún estudio del impacto causado por la presencia  del depredador en las zonas marítimas. Los medios de difusión en la isla sólo hacen referencia a los logros alcanzados en cuanto a su captura y comercialización. Sin embargo, se sabe que algunas instituciones de medio ambiente reportan que el pez gato africano (Clarias gariepinus) en el medio natural amenaza potencialmente a 242 especies de la fauna en la isla, de las cuales 75 son endémicas, 29 raras, y 25 introducidas.

En el año 2000, un año después de implantada la nueva especie, la acuicultura cubana produjo apenas 28 toneladas de clária. En el año 2003 alcanzó las 438, y ya en el 2007 la producción rondaba las 3 889 toneladas. A finales del presente año se estima que las capturas sobrepasen las 6000 toneladas.

Estas elevadas tendencias de crecimiento poblacional de la especie  excluyen cualquier duda sobre su desarrollo y adaptabilidad en los humedales y presas de la nación. Aun si se obtuviera sólo la mitad de las capturas en los medios naturales,  quedaría de estudio pendiente a las empresas de protección ambiental sobre cuál será el destino de nuestra flora y fauna endémica.


Si las empresas de áreas protegidas y centros de investigaciones pesqueras no elaboran estudios para cuantificar los daños reales que causan las especies introducidas en Cuba, como ocurre en el caso de la clária, podría asegurarse que muchos de nuestros recursos marinos están condenados a la extinción.   

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