martes, 1 de septiembre de 2015

Carta a Papa Francisco por problemas Iglesia-Cuba y su visita a la Isla

Su Santidad, papa Francisco:

Apelo a Su Santidad por faltas de sacerdotes, como robo, descontrol, descuido de deberes pastorales, cobro de sacramentos, una violación del secreto de confesión e inconsecuencias que pudieron solucionar en horas los obispos de Cuba a quienes acudí, pero que no lo enmiendan.

Adjunto las cartas -entregadas en el Arzobispado de La Habana y publicadas en la página “Hablemos Press”- “El párroco robó imágenes y el Arzobispo Jaime Ortega es responsable” y “Segunda carta a obispos  cubanos sobre robó párroco y descontrol económico”.

Cuestiones morales simples, delitos según el derecho canónico, correspondientes a la jurisdicción del Arzobispo de La Habana y uno a la Orden Paúl, son insolubles porque los pastores prefieren su política de silencio e impunidad.

Y así crean necesidad de demandar justicia con publicidad y apelar a Su Santidad; o callar y dejar triunfar al mal ¨desde arriba¨, ¨por no ser nadie¨ el laico -enajenación del laico en su  Iglesia que explica el teólogo Gumersindo Salas.

Si mi testimonio no fuera veraz como lo es- ello sólo daría mayor motivo para responderme y aun enjuiciarme, y si la crítica veraz ofende, no fui crítico sino suplicante en mis primeros mensajes (1998-99) tan incontestados como la carta reciente de una anciana nada disidente.

El pueblo debe esperar de sus servidores sacerdotales oído, respuesta y soluciones, no incomunicación. “Es sobremanera incivil el dejar de contestar oportunamente una carta” (Manual de Urbanidad de Carreño, Cap. Correspondencia epistolar, art.XIV).

Entonces acudo  ante Su Santidad con estas miserias - punta del iceberg de un ambiente nacional viciado por medio siglo de totalitarismo que corrompe tanto a la sociedad como a su Iglesia, la cual en lugar de influir a la sociedad resulta influida.

Y, temeroso de que la manipulación propagandística gubernamental de la visita papal redunde en perjuicio para la Iglesia – como ya ocurrió con eventos anteriores - me atrevo a suplicarle lo que tal vez no le aconsejen quienes deberían.

Puesto que “quien es fiel en lo mucho es fiel en lo poco” y quienes le explican Cuba a Su Santidad son faltos en lo poco esencial de responder quejas y no cobrar como mercancía las misas, mal sería confiar de su fidelidad en asuntos políticos peligrosos.

Declaran incluso  tergiversaciones pro dictadura y pro intereses extranjeros anticubanos, particularmente el cardenal Jaime Ortega, quien – una entre muchas - declaró que ya no existen en Cuba presos políticos, cuando sobrepasan los 50 y uno de conciencia.

Quien dude esto, lea los mensajes eclesiásticos y declaraciones: Cada párrafo es un esfuerzo por  ocultar el pensamiento o darle doble interpretación – contrario al mandato de Cristo de “sea el sí, sí y el no, no que lo que de esto pasa del mal (o del Maligno) procede”.

Nuestros pastores también lo silencian a Su Santidad; una encuesta arrojaría ignorancia sobre sus reformas y que quienes las conocen se enteraron por la T.V. extranjera y no por su Iglesia.

Le ruego lea las cartas que distintos opositores enviaron a S. S. Benedicto XVI -quien no las atendió- y estudie sus fallas en Cuba, fallas en que se cuidó mucho no incurrir el Santo Papa Juan Pablo II, quien negoció firmemente con el Estado las condiciones de su visita.

Papa o cantante famoso, todo evento es usado por el Estado para un mensaje propagandístico doble -para el público extranjero y para el cubano- de apoyo a la Dictadura por parte del visitante y de fingimiento de libertades.

Deseable su visita pastoral a este pueblo paralizado de miedo y apatía, con generalización de la conducta asocial, de catolicismo superficial que emerge de la persecución por permisos del perseguidor que espía y coacciona a la Iglesia, cuyos fieles carecen de capacidad económica para sostener el culto.

Factores que anulan la separación Iglesia-Estado. Por no hablar de la normal infiltración de agentes policiales en puestos de dirección o presión por el Estado a quienes dirigen asociaciones, para convertirlos en instrumentos.

Sin juicio temerario, fundados en “por sus obras los conoceréis”, es razonable lamentar que pastores que en la persecución se honraron como mártires, ahora, en la bonanza, apostatan en nombre del Evangelio como sirvientes de la camarilla totalitaria y de sus aliados extranjeros.

El patriota y beato cubano presbítero Félix Varela escribió:”El altar no debe servir de apoyo al trono, porque el trono se derrumba y emporca el altar” (Cartas a Elpidio).

No es deseable otra vez el costo de las pasadas procesiones del jubileo y anterior visita papal: Redadas de miles de indigentes que hacinaron en los ya sobre poblados Hospital Psiquiátrico de La Habana y prisiones - para que no afearan los actos - y opositores amenazados.

Ni las fotos en “poses de políticos”, que exhibirían al Papa amigable con los fusiladores culpables de la ruina nacional, que desde 1959 secuestran la soberanía para “salvar la Patria”, promotores de un abortismo malthusianista (cifra oficial y atrasada: Más de 4 millones).

Y promotores de la homosexualidad, mediante programas televisivos y programas escolares, del “matrimonio” homosexual y del mutilador “cambio de sexo”, de lo cual no dicen nada nuestros obispos, quienes tampoco oran por el fin de las epidemias que el Estado niega.

Tras las pasadas procesiones y  bendiciones no validadas por Dios arreciaron epidemias, sequia, parricidios, como un castigo bíblico tras un jubileo sin instar al pueblo a pedir perdón. Ya escuché a hombres sencillos opinar: “El Gobierno usa a los curas y los curas se prestan”.
Mediar con la camarilla de poder, es de agradecer, pero las palabras “diálogo”, “soberanía”, “dejar que los cubanos se arreglen entre ellos” (como si ya todo el mundo no hubiera puesto su mano en el Cristo cubano) pierden sentido.

Porque todo político que desea negocios con la dictadura usa esos discursos como taparrabos de su inconsecuencia moral. En Cuba no hay reforma, sino cosmética, pero en la campaña de los medios Mons. Ortega -la Iglesia- garantiza esa reforma desde antes del 2007.

Que es imposible lo prueban tantos años sin enunciar ni proyecto, ni metas, ni plazos de la supuesta reforma; Cuba necesita revolución y no la harán nuestros secuestradores, quienes además de ser la causa del problema declaran que nunca habrá cambio.

Y si fuera posible, no podrían cambiar por falta de voluntad, ancianidad, miedo, conveniencia y porque no saben hacer otra cosa que las rutinas  que les trazó  Fidel Castro. Los totalitarios no negocian, únicamente dialogan aplastados, con Berlín, Hiroshima y Nagasaki arrasadas.

Siempre fingieron el diálogo y prometieron cambios para ganar tiempo, con el infantilismo de la mente antisocial que jamás acepta culpa personal ni cumple palabra y con el pueblo de rehén.

Dialogar presupone que  les importe el bienestar de la sociedad, si así fuera no habrían conservado el poder al costo social con que lo han hecho; no son políticos a quienes por ganar votos les conviene ceder y negociar sino que sobreviven al día en diplomacia de perretas.

La psicología criminalística ya estudió esa mentalidad que imposibilita la rehabilitación de tantos delincuentes. En Cuba fracasa siempre la “Política de apaciguamiento”.

Y menos prudente parece hoy mimar a los tiranos de Cuba para que mejoren “por las buenas, con respeto” cuando en el Mundo y América asciende una ola de comunismo y fascismo con otros nombres, grupos extremistas y dictaduras constitucionales que predican justicia y nacionalismo.

Pida  Su Santidad al Estado que cese  sus “Brigadas de Respuesta Rápida”, imitación de las Secciones de Asalto nazis, y la orden vigente de redada masiva de opositores, “desafectos” y clérigos, en caso de guerra, motines o muerte de Fidel Castro.

Orden que incluye exterminarnos si se vieran en peligro de perder el poder, y a la cual aludió Raúl Castro en un discurso en la Asamblea Nacional del Poder Popular cuando declaró: “No habrá ningún cambio y si lo hubiera “ellos” no lo verán”.

 Ningún político ni autoridad religiosa menciona esa orden. Cuando ocurra dirán diplomáticamente:” Lamentamos…”, “observamos con preocupación la marcha de los acontecimientos…”.

No caiga en la trampa de que el General le regale “una ley especial que norme las relaciones entre el Estado y las iglesias” como proponen pastores no católicos hechuras de la policía política, y alguna vez Mons. Jaime Ortega.

Desde que cesó el poder de España en Cuba no hubo concordato alguno ¡ni hizo falta! pues las leyes bastaron para preservar los intereses de la Iglesia hasta que este gobierno la persiguió. En Cuba las leyes no obligan al Estado a nada con nadie y éste las interpreta como juez y parte.

Sin derecho para todos los cubanos es ilusorio que un grupo crea que podría privilegiarse con leyes especiales, no funciona así; sirva la Iglesia con procurar derechos para todos, y los obtendrá como todos, sin torpe concordato con nuestro Mussolini.
Venga, Papa Francisco, sí, pero sin redadas masivas, sin que el Estado amenace a los empleados  para que asistan a la misa en la Plaza y a los opositores para que no asistan, sin que consejeros mendaces lo hagan eco del fraude histórico de “la Virgen Mambisa”.

O de la campaña mediática que alaba cambios discutibles para retardar más el cambio verdadero. Sin que dictadura anticristiana y buitres extranjeros  e instrumentos de la policía política usen al Papa para hacerse buena propaganda.

Venga, sin que lo manchen con contradicciones con la Misericordia. Bendíganos a los opositores, que a los que somos católicos nos marginan y aun acosan en nuestra propia Iglesia. Oro a diario porque Dios lo bendiga y exalte a la Iglesia elevándola del descrédito.

Jaime Leygonier Fernández. Feligrés de El Buen Pastor de Jesús del Monte.


Vecino de Zapotes 113, Stos. Suarez, La Habana, Z. P. 5, C. P. 10 500, Cuba. 

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