lunes, 28 de septiembre de 2015

Calles cubanas en mal estado

Nadie sabe por cuánto tiempo más estará aquí la banderita roja.

Por Angel Silva/ HABALMEOS PRESS.

LA HABANA.- En el habanero municipio de Habana del Este, justo en el paseo de la Villa Panamericana y calle 31 (una de las vías más concurridas de Cojímar) se adentra en el asfalto una profundidad de, al menos, metro y medio. El hoyo, es uno más de tantos de los que abundan en las calles de La Habana, aunque sus más de siete años, según los vecinos del lugar, le han dotado ya de cierta personalidad.

En el medio mismo de la calle y cercano a una de las oficinas comerciales de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) y a pocas cuadras del antiguo Centro de Convenciones y Servicios Académicos (actual facultad de español para estudiantes africanos), el orificio ostenta, en un pedazo de rama improvisada, una banderita roja atada con alambres, que es casi un trapo descolorido por el tiempo que lleva en su función de señalización ante el peligro.

La iniciativa de la banderita, que recuerda a las que se colocan en la arena de las playas cuando está prohibido bañarse, partió de los vecinos una vez que agotaron los recursos para que las instituciones implicadas les cerraran el hueco.

Ya nadie recuerda si era responsabilidad de la Empresa Eléctrica o de Aguas de La Habana, la cuestión es que el tiempo pasó y aquello continúo allí. Si bien en sus inicios fue motivo de algún que otro percance ya olvidado, las personas que concurren en el paseo están ya habituadas a él.

Tal vez los más afectados sean las decenas de estudiantes del Continente Africano que, cada curso escolar, llenan las calles de la Villa para iniciar su vida en Cuba con vistas a estudiar la carrera de medicina. Ellos sí lo consideran un peligro potencial pues, dicen, no están acostumbrados a este tipo de circunstancias en las ciudades de su país.

Estos muchachos se reúnen en los alrededores del agujero para conectarse con Wifi y hablar con sus familias al igual que muchos habitantes de Cojímar, compradores y vendedores de establecimientos cercanos (particulares o no). También en el mismo entorno radican una farmacia, el correo de la Villa y una Secundaria Básica.

El transeúnte curioso que se asoma puede descubrir, en medio de la oscuridad interior, toda suerte de basuras, de ahí que sea imposible determinar si en el fondo hay tuberías o cables o, simplemente piedras.

Una adolescente, cuyo camino a la escuela coincide con la calle 31 asegura que, desde que tiene memoria la rotura está ahí y, con un gran sarcasmo, sugiere que es mejor ni cerrarla pues ya forma parte de la decoración del lugar.

No obstante, todos los vecinos reconocen que el peligro crece durante las noches, sobre todo aquellas en que falta el fluido eléctrico y no se puede distinguir la bandera roja.


Más allá de las opiniones de los vecinos, el delegado de la circunscripción (autoridad popular) había planteado la situación muchas veces, pero hasta el momento no hubo obtenido respuesta, nadie sabe por cuánto tiempo más estará aquí la banderita roja que, aún con su escaza y sucia tela, parece ser la única que opera en contra de los malos augurios de ese hueco.

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