jueves, 24 de septiembre de 2015

Afectaciones en el transporte público cubano por la visita del Papa Francisco

Omnibus P11 (Vedado-Alamar).

Por Angel Silva/ HABALMEOS PRESS.
LA HABANA.- La empresa de Ómnibus Metropolitanos, rectora del transporte público en la capital cubana, dejó sin opciones a un gran número de personas, poniendo a disposición de la visita del Papa Francisco la mayoría de su parque.
Se trataba de personas que proseguían con sus quehaceres cotidianos, cuyas labores no deben ser interrumpidas por su importancia social, o simplemente ateos en cuyos planes no figuraba la presencia del Sumo Pontífice.
La afectación se hizo notar desde poco antes de las siete de la mañana del 19 de septiembre, aunque con el pasar de las horas se fue tornando más evidente.
Los primeros viajeros perjudicados fueron los de las rutas P-12 y P-16, ya que estas cubren recorridos entre las zonas centrales de la ciudad y el municipio Santiago de las Vegas; justo el trayecto que abordaría el Papa una vez que arribara al Aeropuerto Internacional José Martí.
Aunque la interrupción estaba prevista para la una de la tarde, ya desde media mañana, los ómnibus de transportación masiva pasaban sin prestar servicio. Sin otro aliviadero a las paradas, el pueblo quedó a expensas de la transportación particular, cuyos precios se conoce que exceden sus bolsillos.
Una ruta tan distante de lo que acontecía, como la del P11 (Vedado-Alamar), disminuyó tanto su frecuencia que causó una reacción violenta en las personas, propiciando abordajes y aglomeraciones que impedían, de esta manera, que sus puertas cerraran correctamente.
La situación de contingencia provocó que los choferes violaran algunas paradas, imponiendo a algunos usuarios apearse lejos de su destino, mientras otros tenían que correr para abordar a tiempo el ómnibus. Estas circunstancias desembocaron en comentarios mordaces que afectaron la imagen del gobierno, además de la del Sumo Pontífice.
Muchos de los ciudadanos se dirigían a sus centros de trabajo, donde serían trasladados al recibimiento del Papa, en esos mismos ómnibus cuya ausencia provocaba tal tensión. Los dirigentes del Partido y el Sindicato de sus centros laborales los habían convocado.

El escaso trasporte público que quedaba a disposición de la población, fue interrumpido después de las nueve de la noche y no volvió a rehabilitarse hasta horas de la mañana del siguiente día, cuando concluyó la Misa del Papa en la Plaza de la Revolución José Martí. 

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