viernes, 21 de agosto de 2015

Ventiladores reciclados, modus operandi en Cuba

Un vendedor de ventiladores reciclados pregona en una calle de La Habana. Foto/ Elio Delgado.

Por Yixander Doimeadios/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Las altas temperaturas de nuestra Isla hacen del ventilador un artículo imprescindible. Sobre todo en las casas del cubano de a pie, porque el aire acondicionado está una capa social más arriba.

Desde hace algunos años, grupos de 3 y 4 personas vienen desde provincias aledañas a la capital a realizar la compra y venta de estos equipos. Los pregones son: “se compran ventiladores rotos”, o “vendo ventiladores”.

He observado su modus operandi y descubrí que se dividen en dos mini grupos, delante van los que compran, y unos 100 metros detrás pregonan los que venden el ventilador ya reparado con piezas que le quitaron a otro, o sea, algo así como un Frankenstein criollo.

Ahora recuerdo y no sé por qué, cuando comenzaba a materializarse una de tantas ideas propias o expropiadas del ex comandante, la famosa “revolución energética”, y tanto él como los súbditos que le acompañaban, aparecieron en la televisión con bombos y platillos, anunciando lo importante que iba a ser esa revolución, y lo que iba a ahorrar el país en electricidad.

La idea consistía en unos nuevos electrodomésticos made in China, refrigeradores Haier, aires acondicionados, etc., que venían a sustituir a los de la era soviética. Pero lo más sobresaliente fue como presentaron, entre risas y abucheos delante de las cámaras de televisión, el famoso engendro de ventilador hecho con un motor de lavadora, aquella era la joya de la corona de la inventiva del cubano.

Nunca se me olvidan las carcajadas y risas complacientes de los acompañantes de turno, que una y otra vez mostraban a las cámaras aquel monstruo que echaba aire.

Claro está, nadie osó poner fin a aquel circo, ninguno replicó que si los cubanos en pleno siglo XXI tenían esos prehistóricos electrodomésticos no era porque quisieran, sino por la incompetencia de esos mismos que reían a mandíbula batiente mientras el pueblo tenía que inventar con lo que tuviera a mano, fuera un motor de lavadora con aspas de hojalata, o confeccionar un bistec con frazada de piso.

Nos habrán quitado mucho en estos años, pero nunca podrán quitarnos nuestros sueños de libertad, nuestra buena cara ante el mal tiempo, ni nuestras ganas de salir adelante con o sin comandantes. Inclusive riéndonos de nuestros propios problemas.


Esa es la esencia del cubano, luchador hasta el final, si no llegamos nos pasamos, pero siempre inventamos una forma, aunque sea reciclando ventiladores. 

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