martes, 25 de agosto de 2015

Pueblo de Cuba: prisionero de la historia

Bandera cubana frente a la Embajada de Estados Unidos en Cuba.

Por Oscar Sánchez Madan/ HABLEMOS PRESS.

MATANZAS.- La reapertura de la embajada de los Estados Unidos de América en La Habana, hecho ocurrido durante la mañana del pasado 14 de agosto, no cambiará la lamentable situación en que vive el pueblo cubano, al que han venido convirtiendo, de hace más de 56 años, en un prisionero de la historia.

A pesar de la promesa sobre los supuestos beneficios para ambas naciones, realizada en la ceremonia de apertura oficial por el Secretario de Estado Norteamericano John Kerry, las cubanas y los cubanos no dejarán de sentir el peso de la miseria material y espiritual y la represión gubernamental.

Fue a partir de 1959, fecha en que el ex dictador Fidel Castro asumió el poder, cuando se inició una controversia entre ambos gobiernos, que llegó a tener matices armados. Esto ocasionó la pérdida de muchas vidas cubanas, el hambre y la ausencia de libertades para millones de personas en la Isla.

Muy poco va a cambiar en Cuba mientras la oligarquía gobernante no ratifique, implemente y cumpla los tratados internacionales de Derechos Humanos.

Si el régimen militar no permite que los nacionales ejerzan las facultades concedidas por Dios a todos los seres humanos, estos seguirán condenados a vivir en el campamento en que los hermanos Castro han convertido la ínsula.

Ha sido confirmado el pueblo cubano como prisionero de la historia ahora que los gobiernos de los citados países han contraído matrimonio, en ceremonias nupciales a las que invitaron a un selecto grupo de disidentes.

A la emergente sociedad civil, la auténtica portavoz de los desposeídos, la han mantenido al margen de negociaciones marcadas por el secretismoentre poderosos.

Tienen razón los que afirman que la nueva postura de la Casa Blanca   solo beneficiará a las compañías económicas estadounidenses, a Raúl Castro, a sus corruptos edecanes y a los gamberros que bajo la tutela de la policía política apalean en las calles de La Habana y de otras regiones de la Isla a los promotores de la democracia.

En relación con el pueblo de Cuba, los Estados Unidos y el mundo democrático deben pasar de las reiteradas promesas al respaldo concreto. Resultaría ilógico pensar que la población cubana va a aceptar eternamente compromisos de solidaridad que no rebasan los límites de las bellas palabras.

Para nadie es un secreto que el verdadero protagonista del cambio de la mayor de las Antillas es el pueblo, pero este necesita el apoyo de los demócratas del planeta, porque los regímenes totalitarios colaboran entre sí para mantener a sus poblaciones bajo sus botas.

Ninguna nación ha alcanzado libertad sin recibir el respaldo internacional. Es inmoral abandonar a las cubanas y los cubanos a su suerte, a cambio de obtener jugosos beneficios económicos y financieros.


Por tanto se impone que Estados Unidos, la Unión Europea y el resto de las naciones libres recuerden los principios sobre los que eligieron el sistema democrático y contribuyan a que el pueblo de Cuba obtenga su libertad.

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