miércoles, 19 de agosto de 2015

Impedimentos a la unificación monetaria en Cuba

Nuevos billetes de 200 y 500 pesos nacionales.

Por Armando Soler Hernández/ Colabora con HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Un oficialmente silenciado proceso de inflación  repta por los escabrosos caminos de las finanzas cubanas. La ascensión de los precios es continua, con un lento y aplastante peso en aumento sobre las economías familiares. Los salarios estatales, representando la mayoría del empleo en el país, no se modifican y aumentan proporcionalmente a este fenómeno. Es imposible considerar seriamente que la economía nacional funcione ignorando las tasas de variación  de precios mundiales en bienes y servicios. Sin embargo, detenidas en el tiempo (1), las autoridades estatales cubanas parecen desechar esas realidades económicas.

En un marco de semejante desajuste instituido, obviado como problema de urgente atención, ¿es posible alcanzar la imprescindible unificación monetaria, siquiera en un plazo medianamente cercano?

Lo ponen en gran duda algunos factores a la vista de todos, pero de los que tampoco se menciona oficialmente, ni siquiera en la prensa. Por ejemplo, existe un enorme y creciente sector económico ilegal, el mercado negro. Éste no sólo absorbe una buena cantidad de pesos corrientes, sino también la moneda convertible creada por las autoridades para sustituir las divisas extranjeras en su actividad comercial interna. Por sólo ese destino ilegal, millones en ambas denominaciones desaparecen mensualmente del circuito estatal de retorno, re-circulando en bienes y servicios dentro y fuera del mismo (2).  La ausencia de retorno al banco de todo el dinero emitido en salarios estatales dentro del mes de emisión provoca un gran trastorno. Le impone al Estado la constante impresión de nuevos billetes para cubrir el déficit en salarios del mes siguiente.

Pese a lo grave y complejo que resulta aumentar la masa monetaria en circulación, y por tanto incidir en elevar la inflación, esto sólo es la punta del iceberg. Mucha producción y servicios del área estatal son sustraídas por manos inescrupulosas en horas de supuesto trabajo para el Estado, ofertándolos a una mayor remuneración en el sector de la economía clandestina. La apremiante situación de llegar a fin de mes es el motor de arranque de muchos para emprender esa aventura. Sin embargo, los más capaces y audaces pronto pasan a mayores, y prácticamente sustraen todo el tiempo los recursos del empleo estatal para lograr beneficio personal en el mercado subterráneo.

Este nuevo segmento montaraz dentro de la economía nacional demuestra tener crecientes adeptos dentro del sector del más rancio burocratismo estatal. Tampoco quedan rezagados en este rumbo de corrupción individuos del aparataje militar que continúa expandiéndose por gerencias y ministerios. En los últimos años, aunque a menudo acallados los detalles, los affaires celebres por corrupción  de miembros  de las altas esferas parecen atraídos por un vórtice de enriquecimiento que constantemente continúa convocando adeptos.

En muchos de estos casos, la economía informal y la oficial se entremezclan y confunden de manera creativa y dinámica no prevista  ni autorizada. Sectores harto conocidos en estas prácticas a menudo se encuentran en las tiendas de ventas en divisas y en servicios como el transporte público,  panaderías, etc., por lo general todas  empresas con fachadas estatales.

Más lamentablemente, el tremedal económico descrito no constituye la única zona caótica  en el camino hacia la unificación monetaria prometida por las autoridades. Hay una capa  de la economía clandestina que resulta más singular aun por su capacidad de supervivencia durante decenios y, al parecer, impune accionar. Lo constituyen el juego ilegal y la venta de combustibles clandestina. Ambos temas conforman todo un universo de contradicciones y conjeturas especulativas que merecen trabajos de análisis aparte.

Con pleno dinamismo, un gran número de oscuros actores económicos se interconectan en estos círculos, moviendo gigantescas sumas de moneda circulante sin pagar impuestos, y por supuesto, sin ser declaradas como utilidades y aumentando el capital circulante en el mercado negro. Es impredecible la incidencia que tienen actividades como las descritas en la creatividad de nuevas fuentes ilegales para ampliar tal circuito de  ganancias personales. A menos que se aplique alguna medida arbitraria para equilibrar de golpe las finanzas del Estado. (3), los factores que las provocan parecen impenetrables a la acción de las autoridades para impedirlas o disminuirlas.

Notas:
1) Una muestra de ello es el CUC. Por más de veinte años se mantiene invariablemente con tasa de cambio de 25-24 pesos por 1.

2) Supuestamente sin ningún valor en el extranjero, pero en estos momentos vendiéndose de modo privado por avispados particulares de Miami a futuros viajeros de  próxima visita en Cuba. Como esas cantidades de cuc no están respaldadas con el cambio correspondiente que debieron tener por ingresos en divisas convertibles de reconocido valor internacional, también inciden en la inflación en  el área de la moneda convertible. 


3) Como podría ser un sorprendente cambio del circulante a una tasa de diez o veinte pesos por cada nuevo billete de 1.

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