lunes, 10 de agosto de 2015

Embarazoso acceso a consultas en Hospital de Matanzas

El Hospital provincial fue reparado recientemente debido a las contantes denuncias. Fotografía tomada por el autor en el mes de Julio 2015.

Por Oscar Sánchez Madan/ HABLEMOS PRESS.

MATANZAS.- Quienes acudieron al Hospital provincial de Matanzas, el pasado 20 de julio, enfrentaron una odisea que nunca olvidarán. Yo, fui testigo de ella.

Eran las diez de la mañana y el pasillo ubicado frente a la consulta de ortopedia estaba atestado de pacientes. A todos los unía la desesperación por la demora pero los distinguía la diversidad de edades, sexo y origen social. Había hombres y mujeres de avanzada edad y jóvenes de ambos sexos.

La higiene del hospital, parcialmente reparado, era notoria; pero casi todos los sitios de consulta abarrotados de enfermos, molestos debido a la prolongada espera.

“Estoy aquí desde las siete de la mañana. Muchos de los que han entrado a ver a los ortopédicos no han hecho la cola. Parece que son amigos de los médicos o que les han hecho regalos para que los atiendan rápido”, escuché decir a una señora cuyo rostro ardía por la ira.

El joven Manuel García comentó que sería preferible pagar la atención médica para ver si así se respeta el orden de llegada de las personas y los galenos dejan de priorizar a sus amistades y a los ciudadanos de mejores posibilidades económicas.

Los galenos, al establecer prioridades inadecuadas, desorganizaban la cola y, por consiguiente, irritaban a los pacientes disciplinados.

Una hora después, un señor, de unos 45 años de edad y con cara de pocos amigos, entró a la consulta e inició una discusión con uno de los especialistas: “Está bueno ya de descaro. ¿Hasta cuándo van a faltarnos el respeto?”, gritó. El médico le respondió algo que no pude escuchar porque en ese momento alguien cerró la puerta. 

Poco más de dos minutos duró el altercado. Durante ese tiempo, las dos decenas de enfermos que esperaban fuera respaldaron al denunciante: “Es verdad, esto es un descaro, los mismos médicos desorganizan la cola”, “tendremos que irnos para Venezuela para que nos atiendan mejor”. 

Ante esta situación, avancé hacia uno de los galenos, el cual ya había consultado a cinco pacientes ajenos a la cola. Al hacerlo, pensaba que debía publicarse lo sucedido allí, con el fin de que las autoridades restablecieran el orden.

“¡Buen día!”, le dije al especialista. Éste no respondió a mi saludo, por lo que me identifiqué como comunicador independiente y le pregunté su nombre. “Alberto Bravo”, me dijo. Al expresarle la inconformidad de los pacientes, manifestó que las personas que entraban sin seguir el orden establecido eran casos de urgencia.

Pero eso no era del todo cierto, algunos de los casos que él había atendido no clasificaban como urgentes.

Sin embargo, yo había sido testigo de que una señora que tenía una mano inflamada debido a una probable fractura tuvo que esperar su turno, agobiada por un intenso dolor. El doctor Bravo no la priorizó. Ni él, ni ningún empleado del hospital se preocuparon por los dolientes que esperaban, de pie, en el pasillo.

Todo esto ocurrió pocos días después de que Alfredo González, viceministro de Salud Pública, manifestara en el Parlamento que el gobierno “ha trabajado en el mejoramiento de las consultas” hospitalarias. 

Acontecimientos como el referido son frecuentes en los centros de salud, así lo corroboraron familiares de varios pacientes.

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