miércoles, 19 de agosto de 2015

Atrapados pero con salida

Un anciano vendedor de periódicos lee el Juventud Rebelde. Foto/ Elio Delgado.

Por Oscar Sánchez Madan/ HABLEMOS PRESS.

MATANZAS.- Las cubanas y cubanos están atrapados por la telaraña de un sistema totalitario que avanza hacia un capitalismo de estado salvaje.

Los hilos que desde el poder absoluto le impiden labrar un próspero futuro se fortalecen, a medida que el mundo democrático negocia con el dictador Raúl Castro a cambio de nada. No obstante, existe una salida para la población, la de la resistencia.
 
El hecho de que el régimen comunista se maquille para no cambiar todo lo que debe ser cambiado en la Isla, y que Estados Unidos y la Unión Europea coqueteen con él, constituye un gran reto para los demócratas de la oposición, quienes logran movilizar a amplios sectores populares con el fin de establecer la democracia en el país.

En la actualidad, se abren muchas puertas para los castristas, quienes tras expulsar compañías económicas extranjeras en los años 60 del pasado siglo y enemistarse con el mundo libre, gobernaron con mano de acero a un pueblo al que privaron de sus derechos.

No han mejorado las vidas de los cubanos con las trasformaciones cosméticas emprendidas por Castro segundo, desde que se convirtió en el nuevo amo del país hace algo más de 7 años.

La aprobación de la anticubana Ley para la Inversión Extranjera, los altos impuestos, los elevados precios de los productos y el apretón  renovado a las opiniones libres, han condenado más al ostracismo a un pueblo que anhela la libertad.

Es imprescindible que los disidentes se fundan con ese amplio sector poblacional que los admira y respeta. Urge que se les muestre la única salida que existe para lograr la plena independencia ciudadana,  la de la resistencia. Solo así revelarán su poder y serán respetados dentro y fuera de la Isla.

La ciudadanía, en especial los jóvenes, está cansada de los abusos y la incompetencia de un régimen anti popular, no cree ya en gobernantes que viven como millonarios, mientras las viviendas se derrumban.

Solo la disidencia puede presentarle al país un futuro próspero y sostenible que se alcanzaría si se derogaran las prohibiciones que obstaculizan el abastecimiento de la propiedad privada y la concentración de la riqueza por los particulares.

El nacimiento y consolidación de una clase media generaría nuevos empleos y contribuiría a mejorar las condiciones de vida de los cubanos.

Así mismo, el pueblo saldrá del abismo en que se encuentra cuando obligue a los oligarcas del régimen al ratificar, implementar y respetar los pactos internacionales de Derechos Humanos.

Pero antes, la oposición debe hacerle saber a la población que dichos tratados existen y que han sido aprobados por la Organización de Naciones Unidas. Muchas personas en Cuba lo ignoran.

Para sumar al pueblo a la indispensable batalla por el cambio, se necesita que la disidencia incluya entre sus exigencias al régimen los anhelos de la ciudadanía. 
       

Debe convertirse en su auténtico portavoz. Ese el  único camino para sacar al país del atolladero, donde lo ha colocado el régimen comunista. 

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