martes, 23 de junio de 2015

Falta de ofertas y productos en localidades habaneras

Un ciudadano carga una lata de conservas sin etiquetas.

Por Osmel Almaguer/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- En el año 2014 y lo que va del 2015, el reparto Alamar, al este de la capital cubana, ha visto mermada la variedad de ofertas en casi todos los renglones; destacándose la escasez de alimentos, insumos y servicios complementarios.

Esta tendencia se ha ido acentuando conforme avanzan los meses, sin que se pronostique alguna mejoría, ni se anuncien medidas para contrarrestarla.

“Ayer salí en busca de huevos o algo de plato fuerte y viré para mi casa con las manos vacías”, dice José Antonio, jubilado de 78 años de edad que depende absolutamente de una pensión de 288 pesos nacionales (unos 12 dólares al cambio).

“Y así es todo —continúa—, si vas a comprar aceite, tampoco encuentras. Ni porque lo venden carísimo (2.45 cuc el litro). A veces, he tenido que ir hasta La Habana para conseguir estas cosas. No es justo”.

Pero la escasez de víveres no es el único tema que preocupa a los vecinos de esta comunidad (uno de las más grandes y pobladas del país), sino que el problema abarca a otros sectores como el transporte.

Siendo Alamar un barrio principalmente residencial, la mayoría de sus habitantes depende del transporte público para llegar a su trabajo, generalmente en otros municipios. 

 
Un hombre observa los pocos productos en la Tienda Santa Marta en Centro Habana. Foto/ HABLEMOS PRESS.
Día a día, decenas de miles de alamareños se valen de las rutas P-11, P-15 y P-3 para llegar a sus destinos. Sin embargo, la cantidad de ómnibus parece ser insuficiente. Los buses viajan atestados y las paradas permanecen de igual modo. 

Llegada la noche, cuando las grandes masas de jóvenes se disponen a pasar un rato de esparcimiento, el panorama es aún más desesperante, pues la localidad no solo carece de centros nocturnos que cumplan dicha función, sino que el mencionado transporte puede tardarse horas en aparecer.

Así, a la edad de José Antonio, se hace tan difícil la tarea de comprar los víveres en el centro de La Habana, como a sus nietos conseguir un rato de esparcimiento; sin contar los peligros por la violencia creciente en los ómnibus y centros nocturnos.

Alamar cuenta con tres Centros Comerciales, alrededor de los cuales se organiza el grueso de las actividades comerciales. Cada uno de estos, ubicado en uno de los tres Consejos Populares en los que está dividido políticamente el reparto.

Tiendas, barberías, restaurantes, pizzerías, talleres de reparaciones, mercados, agromercados, cervecerías, etc., se nucleaban en estas zonas en la década de los ochenta, cuando aún no había comenzado la debacle económica.

Ahora, los susodichos Centros son tristes inmuebles donde vendedores por cuenta propia venden artículos robados, adulterados, viejos o, en el mejor de los casos, confeccionados por ellos mismos.

Es en este clima de escasez donde los estafadores encuentran las mejores oportunidades, y donde la población trabajadora sucumbe y rumia cada día su derrota. 

La parte más conocida La Habana, esa zona que comprenden los municipios Centro Habana, La Habana Vieja, Playa y Plaza de la Revolución, tiene una oferta deficiente. Alamar, sin embargo, se encuentra unos cuantos escalones por debajo.

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