jueves, 4 de junio de 2015

Cuba: El tema de “la lucha”

Por Osmel Almaguer/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Dos adolescente, que no arribarían los 17 años, bajaban juntas de la mano por la Avenida 23, el tour que les hizo señas era de dos extranjeros no menores de 60. La prestancia con que las niñas pasaron de su diálogo rutinario a sus interlocutores, me hizo pensar que no podían ser menos que habilidosas en el tema de la prostitución o para decirlo en buen cubano: el tema de “la lucha”. Ambas, sin una conversación muy justificada arribaron con ellos a la ventura. 

Escenas como estas suceden a diario en la Avenida 23, fundamentalmente los fines de semana, donde una sorprendente masa de adolescentes y jóvenes, se concentra allí para matar el ocio, y en no pocos casos estar a la saga de un chance para raspar un menudito. Ello sin contar el grueso distinguido de proxenetas y prostitutas habituales que hacen coro alrededor de centros nocturnos de esta Avenida: Coctel Habana, Club 23, Tikoa, El Sofía, La Zorra y el Cuervo, La Gruta, el Bim Bom de 23 y Malecón. 

Dichos centros, añaden a la propuesta de diversión, un mercado importante para el sexo, donde extranjeros y cubanos con dinero, sin importar preferencia sexual, pueden asistir a ellos con la confianza de casi siempre, por no ser absoluto, de “llevarse un gato al agua”. Hablo en razón de un adolescente o un joven (sin marca de género), que estaría dispuesto a asumir hasta las últimas consecuencias, siempre y cuando le paguen.

Lo espeluznante del asunto es saber que en la masa incorpórea de jóvenes que se concentran al final de la Avenida 23, cualquiera de ellos es potencialmente para este tipo mercado. 

A pesar de que la situación en Cuba ha mejorado, en comparación con los años 90’, donde quizás este tipo de comportamiento tenía una causa más justificada (carencia absoluta o casi de alimentación y vestuario) los jóvenes de hoy tienen menos prejuicios en lo tocante al tema de la prostitución. Han incorporado, casi como un deber, el ejercicio de “la lucha”. Para ellos, como para sus padres no es de tener en cuenta si son de una casta adinerada o no: Un extranjero siempre será bien recibido y esto, según testimonios, en la mayoría de los casos es bien valorado por los padres.

El tema radica en la farándula creciente y contagiosa de los que obtienen dinero fácil y de la misma manera lo echan a moler en la gran maquinaria de consumo que es La Habana, en especial, de estos centros nocturnos que, en correspondencia con los ingresos de las familias cubanas, son los más caros del mundo.

Adineradas o no las familias siguen estando en una disyuntiva irreconciliable que no deja alternativas al relajamiento de la disciplina de sus hijos y el cuido de ciertos principios. La perspectiva es despiadada y radical. ¡Hay que buscar dinero!

El costo es ahora menos censurado por las nuevas generaciones que han incorporado el bisexualismo como un nuevo valor de la sociedad cubana. De la tolerancia impulsada por Mariela Castro y los medios de difusión masiva se ha evolucionado a una cultura bien acendrada en los jóvenes, y asimilada sorprendentemente por generaciones precedentes, donde la escasez de dinero ha desempeñado un papel no menos que importante.

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