viernes, 29 de mayo de 2015

El parque Víctor Hugo en la ciudad “Maravilla”

Parque Víctor Hugo, ubicado en las calles 21, 19 y H de La Habana.

Por Osmel Almaguer/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- La escena que presenciamos mi novia y yo al intentar bordear el oscuro Parque Víctor Hugo, en la noche del domingo, Día de las Madres, pudo haber acabado con la velada de ese día. Varios jóvenes desde un banco esperaban su turno o simplemente disfrutaban, en vivo, de cómo otro hombre recibía, en posición musulmana, ofrendas de varón. La escena, a la verdad, amañada por la noche no descubría los rostros, pero sí claramente las siluetas que se exponían a la orgía.

Y es que pasado unas tres horas después de las seis de la tarde todo el glamour del parque Víctor Hugo, H y 21, Vedado, se disipa con la falta de iluminado y se convierte en una especie de terreno para traficantes y maniáticos. Todavía alguna pareja, amparada en la ingenuidad pudiera hacer estancia para romancear, no sin llevarse, en pocos minutos la sensación de ser observados, comprometidamente desde los arbustos; pues en la noche, los habituales del parque también se dedican, entre otras cosas, a fisgonear. 

Este lugar no solo es escenario para el mercado sexual, sino también para otras actividades delictivas como el consumo de drogas. Si bien es cierto que la patrulla de la policía es persistente en esta zona, tampoco puede dejar de advertirse que estás prácticas nocturnas no cesan, antes, van en crescendo. Cualquier transeúnte que pasa por la cuadra de 21 o 19 (los límites del parque) está expuesto a presenciar un suceso desagradable, de los que amparados en la noche se creen invisibles y pierden toda la vergüenza. 

Esta situación de incomodidad, de provoca el Parque Víctor Hugo pudiera disiparse con la simple acción de proveerle un alumbrado efectivo y seguro. Se le ahorrarían muchas molestias al servicio de la vigilancia de la PNR (Policía Nacional Revolucionaria) y pudieran extenderse los beneficios de dicho Parque presta hasta por la noche, sin el terror que esta provoca cuando se aprovecha del parque.

Pero no parece ser el tema del alumbrado una prioridad, los antiguos postes se yerguen en todo el terreno sin el pretendido farol, ni el cableado para los mismos. Da la impresión que se descubren las ruinas de una civilización olvidada o que la resignación al estado de caos se ha adueñado de aquel lugar. 

Testimonios de vecinos alegan que, ciertamente, una y otra vez habían puesto luces en aquel lugar; pero que el intento por restablecer nuevamente el servicio de luz ha cedido concluyentemente frente a la indisciplina social de los maleantes que le sacan provecho a las tinieblas.
      
El parque de H y 21 es sin duda uno de los más interesantes de La Habana. Todavía, antes de que la noche lo alcance puede verse uno que otro joven trotando en derredor para normar su peso o un grupo de ancianos de la tercera edad que ensayan su Tai Chi mientras los niños corren. 

El confort que le brindan la vegetación y los múltiples bancos se ve liderado por una obra arquitectónica que a especie de atrio se eleva a más o menos un metro del suelo y facilita su abordaje por a través de unas escaleras en derredor. 

Pero si las autoridades encargadas no ponen asunto al deterioro progresivo de los espacios públicos, poco a poco nos iremos sumiendo en una ciudad cada vez más tenebrosa y hostil propicia para infundir el desaliento y propagar la delincuencia. 

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